Barrer la casa

Toni Gil

por TONI GIL

La sabiduría popular tiene mucho que enseñarnos, aun en estos tiempos. El otro día fui testigo de un comentario entre dos señoras en una carnicería de Agost, mientras una de ellas se justificaba por estar comprando más viandas de las que, quizás, iba a necesitar:

-Cuanto tienes la casa barrida, nunca vienen las vecinas…

Y respondió su interlocutora:

-Y cuando no barres, vienen de visita…

 

La cosa es que eran festejos de Moros y Cristianos, y la primera se estaba aprovisionando por si venían familiares a la hora de comer o de cenar. “Si no vienen, me tocará congelar”, se justificaba.

 

En la ciudad de Alicante, los concejales de limpieza y turismo bien harían en acudir a las tiendas de pueblo y atender conversaciones de esta honda sapiencia, que podrían adaptar en una conversación de este cariz:

 

-Cuando tienes la ciudad limpia, no vienen los turistas…

 

-Y cuando no la tienes, les da por venir…

 

Claro, es que en Alicante, en menor o mayor medida, siempre hay turistas de visita. Y si bien ellos apreciarían una ciudad más aseada, no es menos cierto que los ciudadanos que los hemos elegido y que puntualmente pagamos nuestros impuestos también nos sentiríamos más satisfechos de que calles, jardines, parques y playas estuvieran “en estado de revista”, como solía decirse en lenguaje militar.

 

Cabe también prever –de ser solo medianamente espabilados-, como la señora de la carnicería, que en primero de julio vayan a venir muchos visitantes y tomar medidas excepcionales, más provisiones, en este caso de barrenderos, regadores, máquinas y escobas.

 

Seguro que los proveedores municipales del servicio de limpieza cuando han de recibir invitados en su casa toman las medidas oportunas en todos los sentidos. Pues eso, aquí, en la ciudad, a lo grande, que en esta materia nunca sobra, y no es necesario congelar. Y para eso cobran.

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