Tiempos de posverdad

 

por DEMETRIO MALLEBRERA

El pasado 23 de enero se produjo el cierre de la edición de Alicante, Elche y Vega Baja del periódico LA VERDAD, que cumplía sus labores informativas desde que se instaló en Alicante en 1953. Los que hemos colaborado, en mucho o en poco, no podemos quedarnos indiferentes. Lo que hasta ayer fue una presión para que lo que hiciéramos no estuviera fuera de la actualidad, o no trasluciera la impronta de dejar en la mente del lector la necesidad de pensar sobre lo que exponíamos, lo que nos pasa ahora es que nos embarga una nostalgia de elefante que a ver quién es capaz de quitarnosla de encima.

 

En este caso en particular, han sido 23 años con artículo semanal –los sábados-, sin salirnos de los imperativos de la información y del comentario del modo más objetivo y racional posible. Pero, sabiendo cómo se las están gastando los tiempos que vivimos y la crueldad de la propia historia que nos envuelve, esto ya ha pasado, y el que se recrea mucho en sus recuerdos frenará sus ímpetus naturales de seguir hacia delante.

 

La defunción de este nuestro entrañable periódico coincide con la ruinosa muerte de algo tan encumbrado y sagrado como la misma verdad (en su nombre y en su significado), puesto que es palabra que ahora se adorna para marear, imponiendo en el lenguaje político (también el coloquial, pero de momento no el culto) una palabra de moda, “posverdad”. La Real Academia no la ha definido todavía, se ha limitado a aconsejar que no se utilice el “post” en beneficio del pos, como ya hemos escrito y viene de las ya conocidas recomendaciones de no usar dos consonantes juntas y evitar guiones dentro de una misma palabra. Puede traer confusión la traducción directa de la palabra en inglés “post-truth”, neologismo que viene a querer decir “lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Como se ve, nada que se parezca a “detrás de la verdad” o a “después”, que ha llegado el momento en que el lenguaje político posmoderno es harina de otro costal o de otro mundo y que, como se ve, ya no vale una traducción directa; es un habla para no entenderse.

 

Esas explicaciones nos llegan por la existencia de una saludable competición culta que se manifiesta en la elección de la palabra del año y los nuevos términos en uso. Con motivo de la designación de este término como palabra del año por el diccionario Oxford, nos hemos encontrado perlas tan curiosas como la que dice: «Oxford destaca que la palabra “post-verdad” pasó de ocupar un lugar periférico en el uso cotidiano a ser eje de los comentarios políticos», o esta otra: «La sustancia fundamental de la ‘Post-Verdad’, corrompida y corruptora, es justamente que la verdad ya no importa» o «La comunicación ha entrado en una era que los expertos definen como la de la ‘post verdad política’». Lo malo de esta nueva palabra es que van a ser los periodistas los que tengan que manejarla por el uso y abuso que van a darle los políticos. Algunos colegas nos han dicho que quieren jubilarse, que esto ya no es lo que era ni se le parece.

 

Si en lengua inglesa está el diccionario Oxford también en España tenemos el FUNDÉU, Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA, que este año ha elegido la palabra POPULISMO como la que en 2016 ha suscitado interés lingüístico por su origen, su uso, y por haber tenido un papel protagonista durante el año. Las que se han quedado sin más premio que ser finalistas, han sido “sorpaso”, “abstenciocracia” y, por supuesto, “posverdad”. Recordemos que la palabra de 2015 fue “refugiado”, la de 2014, “selfi”, y la de 2013, “escrache”. Los académicos hispanos también redefinen posverdad diciendo que “aporta la idea de que lo que queda atrás está, de algún modo, superado o deja de ser lo relevante”. No es una palabra vieja con añadidos por delante o por detrás sino que tenemos que asumirla como palabra y significados nuevos.

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