AL PASO / Perdonar a los que nos ofenden

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Si usted no se considera cristiano olvídese de seguir leyendo estas líneas que difícilmente podrían dejar indiferente a Oriol Junqueras, el más famoso de los independentistas sentados estos días en el banquillo del que se escaqueó Puigdemont con su fuga a Bruselas. Junqueras se proclama cristiano practicante. Mi artículo tiene, como fondo, el Padre Nuestro y más concretamente esa frase comprometida que dice: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Los acusados del juicio del 'procés', en la segunda sesión en el Tribunal. Foto: RTVE¿Debo perdonar a Junqueras? Creo que sí, pero más debería perdonar a Pedro Sánchez, porque casi me ha ofendido más que el líder de Ezquerra Republicana de Cataluña. Y es que una cosa es que unos españolitos que no quieren ser españoles se mofen de todos nosotros y otra que un españolito, como Sánchez, que defiende (o dice defender) la Constitución se pusiera  a negociar con Torra, de igual a igual, el futuro de Cataluña, como si el resto de regiones no tuvieran futuro que negociar. El pecado de Sánchez es también más grave que el de Torra, que se mantiene en sus trece, independentista y con entrada solemne en el monasterio de Monserrat, donde hay un abad y unos monjes que no tienen nada que perdonarle porque son de su misma cuerda y dicen que romper España, para que Cataluña sea una, grande y libre, no es pecado.

Un golpe de Estado como una casa no deja de ser pecado mortal aunque lo bendigan (de una forma que considero blasfema) unos supuestamente monjes que están apoyando el enfrentamiento y el odio de unos catalanes ‘inde’ contra otros catalanes que quieren vivir como lo hicieron sus antepasados durante más de quinientos años. Estos dirigentes independentistas no ignoran que, hace 40 años, los catalanes votaron masivamente (92%) la Constitución. Pero ahora se aprovechan del Estado de las Autonomías, para siendo representantes de ese Estado en Cataluña intentar romper la unidad de la nación española desde dentro del sistema. ¿Cómo se tolera por el Gobierno que su máximo representante en Cataluña presuma con su lazo amarillo de querer romper el Estado y se mofe de las instituciones apoyando a los golpistas incluso en la sala donde se les juzga por secesionismo, rebelión y malversación?

Tiene lugar preferente entre los asistentes al juicio porque es lo que corresponde a su ‘dignidad’ de presidente autonómico. Es ‘molt honorable’. Se proclama ‘ilegítimo’ porque el presidente ‘legítimo’, dice, es el fugado de la Justicia Puigdemont. Apoya a los terroristas urbanos anticívicos CDR y está orgulloso de que familiares suyos militen en los Comités de Defensa de la República. Y Sánchez, traga que traga sapos y culebras y pretende ser de nuevo presidente del Gobierno del reino de España.

Gente sensata del Partido Socialista se avergüenza de los pecados capitales de Pedro Sánchez, alias ‘el resistente’ según unos, y ‘el insensato’ según otros, pero siempre el que peca contra España y los españoles; el que ofende a España y a los españoles, pero no por ser de izquierdas (cada uno es del partido que le place, faltaría más) sino porque traiciona a la nación y a todos los que la habitan, menos algunos podemitas que juegan al falso y mentiroso ‘derecho a decidir’. Otra vez recuerdo lo que dijo Calvo Sotelo: “Prefiero una España roja que una España rota”. Calvo Sotelo, el asesinado vilmente por esbirros del Frente Popular de la Segunda República, tan vilmente como fuera fusilado García Lorca por esbirros del Frente Nacional.

Pecados contra la patria de todos, de izquierdas y de derechas. Yo los perdono a todos. A todos los que creo que me ofenden (y que ellos me perdonen) para poder seguir rezando el Padre Nuestro.

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