AL PASO / Sánchez y las tres ‘P’ de Azaña

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Reconozco desde ya mismo que Pedro Sánchez me cae profundamente mal por motivos que ahora expondré muy parcialmente porque desarrollarlos todos daría para escribir un libro con tantas páginas al menos como el que acaba de publicar él para cantarse alabanzas y poner por los suelos a gente como Felipe González, Alfonso Guerra y otros socialistas a los que no les llega ni a la suela de los zapatos. Este falconiano, soberbio, vanidoso y petulante presidente se ha montado un viaje a Francia, totalmente electoralista, como casi todos los que ha protagonizado desde que llegó a la Moncloa con el apoyo de los enemigos de la unidad de España: Podemos, independentistas catalanes y filoetarras vascos.


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la ofrenda floral ante la tumba del presidente de la II República Manuel Azaña. Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la BellacasaAzaña y sobre todo Machado se merecen, como otros exiliados tras la incivil guerra del 36 al 39, todo el reconocimiento del Gobierno de España, al margen del tardío y electoralista de Pedro Sánchez, a quien ignoro qué efecto le habrán producido las tres palabras (las tres ‘P’) grabadas en la lápida de la tumba de Azaña: “Paz, piedad y perdón”. Que no son un epitafio ideado por sus familiares resumiendo el pensamiento último de uno de los más cultos dirigentes republicanos, sino el meollo de uno de sus más famosos discursos pronunciado, desde el balcón del ayuntamiento de Barcelona, el 18 de julio de 1938, cuando ya la derrota de los republicanos parecía asumida por todo el mundo y cuando Azaña, como otros gobernantes, buscaban una mediación  internacional para acabar con la guerra pactando con Franco.


El presidente Sánchez, doctorado “sine laude” en alianzas vergonzosas, no sabe lo que significan las palabras “paz, piedad y perdón”. Y menos lo saben aún los cachorros violentos de sus aliados independentistas, los CDR de Torra que le abuchearon en suelo francés. Allí pronunció Sánchez palabras bonitas sobre España, palabras que no suele decir en nuestro país, palabras en contradicción  con su conducta de alianzas que habría que calificar como anticonstitucionales.


Azaña, que no era socialista, era un hombre de paz y se marchó a Francia dos meses antes de terminar la guerra. El Gobierno encabezado por el sí socialista Juan Negrín le pidió que volviera a España para seguir intentando la victoria republicana. Azaña presentó la dimisión. Dicen que el PSOE llegó a llamarle traidor, pero esa palabra, según  fuentes fidedignas, sólo fue pronunciada por Dolores Ibárruri, ‘La Pasionaria’. Es una dura palabra. No es de Negrín que siguió presidiendo el Gobierno de la República en el exilio y que está enterrado en el cementerio parisino del Père Lachaise. ¿Por qué no acudió allí Sánchez?


Lo de Machado es otra cosa, aunque Azaña, como Antonio Machado, estaba contra las dos Españas por las que tanto hacen para revivirlas Pedro Sánchez y su socio del alma Pablito Iglesias del que debe creer que es reencarnación de quien otrora fundara el PSOE, Pablo Iglesias.

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