AL PASO / Descomposición generalizada

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Lo que poco cuesta en poco se aprecia. Se estima más aquello que conseguimos con esfuerzo, aunque llevamos bastantes años en que se no se aprecia la tenacidad para lograr, por ejemplo, altas metas profesionales. Las cosas se han torcido desde que somos pequeños. La escuela ya no es lo que era en otros tiempos lejanos, acaso porque han cambiado los profesores (que ya no son educadores, sino enseñantes) y acaso, también  porque los chicos de hoy y sus padres ya no son como éramos durante mi infancia, sumamente respetuosos con los docentes. Algo tendrá que ver, asimismo, que las políticas educativas cada vez están siendo más de partidos políticos que de Estado para colmo de desgracias.

Recreación de un aula con figuras de Playmobil. Y es que hasta de la legislación educativa se hace bandera electoralista para captación de votos. Les importa poco que los alumnos pasen de un curso a otro bien preparados. Manga ancha. Que pasen aunque sea con todas las asignaturas suspendidas (es una hipérbole) no vaya a ser que los padres vayan al colegio y abofeteen a los profesores que suspendieron a sus chicos y los ‘traumatizaron’ haciéndoles creer que son unos zoquetes. Padres que agreden de palabra y, a veces, físicamente a los docentes de los más variados sindicatos.

Cada vez hay más partidos y más sindicatos para la defensa de intereses particulares y también, pero menos, de los generales. Abundan las oenegés, las asociaciones, las plataformas, los agrupaciones, los colectivos, los grupos de presión, las sectas y los blogs y mil formas más de relacionarse en las redes sociales y comprometerse con multitud de gente que no siempre se une o se comunica para promocionar valores precisamente.
Existe la sensación de que mayoritariamente se utilizan los diversos medios de comunicación y relación social para hacer el mal, para dar rienda suelta a los peores instintos, a lo que de animalesco hay en la naturaleza humana, mientras se atacan con denuedo los valores espirituales que con frecuencia coinciden con los valores religiosos más elevados. La descristianización de Occidente (un asunto del que ya me ocupé en  un artículo anterior) es un hecho que tiene consecuencias de dimensiones estratosféricas.

El Cristianismo no ha fracasado, como diría Gandhi. Han fracasado, con frecuencia, los líderes religiosos de las distintas confesiones cristianas, responsables de numerosas felonías a lo largo de la historia, entre las que sobresale, en los últimos tiempos, el asunto de los abusos sexuales. Es otro de los signos de descomposición social. Más no debemos confundir los fracasos personales con los principios y valores universales, lo mismo en materia religiosa que en la organización del Estado. Nunca hay que confundir las instituciones con los dirigentes y otros servidores de las mismas. Por mucha corrupción que haya (y denunciemos) hay que mantener firmemente viva la defensa de los valores en un gran proyecto de vida en común.

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