AL PASO / Golpistas, fascistas y pasotas

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Proclamar la república catalana, cargándose la Constitución y el propio Estatut de Cataluña es un golpe de Estado como la copa de un pino. Los que apoyaron a los golpistas son cómplices del golpìsmo. Pero no les gusta que los llamen golpistas, como hizo Albert Rivera en el Congreso recibiendo de Rufián (ERC) el calificativo de fascista, un Rufián que luego, ante la intervención de Borrell, le espetó al compañero de Pedro Sánchez que era el ministro más indigno de la historia de la democracia española, a lo que el ministro no le contestó que él si era el diputado más indigno y rufián de esa democracia que permite a los independentistas ocupar un escaño en el Parlamento de la España constitucional que intentan romper un día sí y otro también. Pero no se fue Rufián de rositas. Borrell le dijo que sólo era capaz de producir aserrín y excrementos.

Borrell observa a Rufián mientras sale del Congreso de los Diputados tras su expulsión. Foto: RTVELa presidenta, Ana Pastor, echó del Parlamento a Rufián dejando claro que ‘la casa de la palabra’ no puede utilizarse para insultar. Pero acaso sea discutible su punto de vista. Habría que examinar con tino si llamar golpìsta a un golpista es un insulto. Creo que no. Lo que habría que dilucidar es si Rufián es un golpista o no. Y si Rivera es un fascista o no. En este país (y en otros) se utilizan las palabras, por los políticos sobre todo, con un significado abierto a multitud de interpretaciones. Es como lo de la libertad de expresión, que sirve para insultar, para difamar, para amenazar, para mil barbaridades y se tolera por muchos jueces de forma escandalosa.

Ana Pastor dará por retiradas de las actas del Congreso las palabras ‘golpista’, de Rivera contra Rufián, y la de ‘fascista’, de Rufián a Rivera. Intolerable. Así se escribe la historia, quiero decir que se escribe mal. La presidenta mide por el mismo rasero una verdad, la del golpismo añorado de Rufián, con una mentira, la del fascismo de Rivera. No se puede equiparar a quienes insultan a España y la Constitución apoyando un golpe de Estado y a los cabecillas del golpe con quienes defienden la unidad nacional tildándolos de fascistas.

“¿Qousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?", dijo Borrell refiriéndose a las intervenciones de los diputados independentistas de ERC. La verdad es que ya está  bien de aguantar a los envalentonados separatistas catalanes. Pero alguien le ha recordado a Borrell que es ministro gracias a los votos de Rufián, Tardá y compañía. Los compañeros se los han buscado Sánchez y su equipo de negociadores pasotas con independentistas y comunistas. ¿Le servirá de algo esta penúltima lección a Sánchez para dar un giro a su política de alianzas, convocar elecciones y pactar con partidos constitucionalistas y no con traidores a España y a la inmensa mayoría de españoles?

Las palabras no se deben retirar. Las palabras deben permanecer y que cada palo aguante su vela. Las palabras son muy importantes aunque para la Justicia han de ser más importantes los hechos. No se castigarán lo mismo amenazas de muerte que el matar, claro.

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