El misterio del AVE Alicante-Valencia

ÁNGEL BARTOLOMÉ

Mientras avanzan los trayectos del AVE hacia Galicia, Burgos, Asturias (incluso con los escandalosos sobrecostes de los túneles de Pajares), la conexión de Alicante con Valencia llegará como muy pronto a finales de 2020, siete años después de las previsiones iniciales anunciadas por los entonces optimistas gobiernos de Zapatero.

Estación y vías de La Encina. Lo que siempre ha parecido a priori lo más fácil de la gigantesca obra de conectar mediante el AVE Madrid, Alicante y Valencia se ha complicado tanto desde el principio que al final será la última obra que se acometa de la línea alta velocidad Madrid-Alicante-Valencia-Elche-Murcia. Menos mal que la provincia cuenta como aliado con Federico Félix, un empresario valenciano con pocas letras pero mucho sentido común, cuya fortuna se basa en el noble oficio de la venta de pollos, dicho sin ironía alguna.

El empresario Federico Félix.Supo en su día, hace ahora 23 años sentar en una mesa a Zaplana y González Lizondo para que el primero presidiera el primer gobierno de la Generalitat de centro-derecha y es ahora la mosca cojonera que no para de advertir a todos y cada uno de los responsables del Ministerio de Fomento que el Corredor Mediterráneo ferroviario es fundamental para el desarrollo socioeconómico de la Comunitat Valenciana de los próximos 75-100 años.

Parece que busco en las formas, pero su biografía ha demostrado que no sólo se hace entender sino que provoca que muchas personas se pongan de acuerdo. Presidió la Fundación Pro-AVE, que ahora ha cedido a Vicente Boluda, otro empresario bruto pero eficaz, y desde hace unos años promueven concentraciones de empresarios y encuentros entre ellos y responsables del Gobierno para unas veces presionar, otras negociar y la mayoría de las veces, las dos cosas, con el objetivo de acelerar la construcción del Corredor Ferroviario que enlace el Estrecho de Gibraltar con el Mar del Norte, el Báltico, el Mar Negro y más allá de las estepas rusas, a través de Francia, el Benelux, la Cuenca del Rühr y el Este de Europa.

Pero algo tan evidente y que suena la mar de bien tropieza con la gente de los números del Gobierno central, el problema catalán y el siempre complicado regateo y escaqueo entre las distintas administraciones internacionales, nacionales, autonómicas y locales para ver cómo se reparte la inversión y quién y cómo se pone la pasta, la guita.

Hay dos cuestiones, dos escollos difíciles de entender y de las que nadie quiere asumir responsabilidades: la conexión Castellón-Tarragona, un auténtico embudo, y el tramo La Encina-Xàtiva. Del primero se ha escrito mucho en el último año y medio y se avanza como se puede; sin embargo, para los menos de 40 kilómetros que separan La Encina, el histórico cruce de raíles entre las rutas a Madrid, Valencia, Murcia y Alicante, se retrasa su finalización presupuesto tras presupuesto.

Ni siquiera en los tiempos de Pepiño Blanco, el primer doberman parlamentario de Rodríguez Zapatero quien con gran habilidad supo reconvertirse en un buen ministro de Fomento (se entiende buen ministro aquel que no sólo promete muchas inversiones, sino que incluso las inicia), ni siquiera entonces se dio un estirón a esta inversión.

De hecho, en tiempos de su antecesora, la sevillana Magdalena Álvarez, se contemplaba la conexión Alicante-Valencia por tren no con alta velocidad (más de 250 km/hora) sino con velocidad alta, que nunca supera este límite. Incluso se construyó una vía con ancho ibérico que no permite la velocidad, con lo que el Gobierno se ahorraba un dinero y de paso se menospreciaba el enlace Alicante-Valencia. No es lo mismo tardar los actuales 95 minutos que los anunciados 55, de puerta a puerta, desde la avenida de Salamanca alicantina hasta la terminal del AVE valenciana, junto a la plaza de toros y en el meollo del famoso Parque Central.

Hay que volver a preguntar por qué tanto retraso para un tramo de treinta y pico kilómetrosFue el conseller García Antón el que dio la voz de alarma aprovechando una visita de Álvarez a la provincia para presumir de aeropuerto de El Altet, que entonces estaba en plenas obras, cuando el sanvicentino alertó de que las máquinas Alstom que el Gobierno iba a comprar eran para ancho ibérico, por lo que el eje Alicante-Valencia del Corredor Mediterráneo no sería de AVE. Esto provocó el retraso del nudo de La Encina, cuyas obras de infraestructura se retrasaron. Aun así están acabadas desde enero de 2013 y se está a la espera de que se pongan los raíles del desvío provisional para en la ruta actual quitar los ibéricos y poner el estándar europeo para los AVE. Luego el desvío se utilizará para los trenes de mercancías.

Explicado todo esto, hay que volver a preguntar, por qué tanto retraso para un tramo de treinta y pico kilómetros. Como fechas más optimistas se barajan finales del año 2020, nada menos que siete años de retraso con lo que los equipos de Álvarez y Blanco anunciaron hace casi una década. Es verdad que las rutas de alta velocidad gallega y castellano-vasca se llevan mucho dinero de los presupuestos, pero en este retraso han estado implicados tanto los responsables de los gobiernos de Zapatero como los de Rajoy. Por tanto, los dos son culpables. ¿Hay algo que esconder? ¿Qué no se puede enseñar? ¿O es sólo incompetencia, que sería lo más fácil de entender? He ahí el misterio. Cuando el ministro Íñigo de la Serna venga con Rajoy o sin él a inaugurar el AVE a Elche y Murcia habrá que recordarle con duras palabras que ya basta de hacer el ridículo con un aeropuerto que no tiene ni tren de cercanías, ni tranvía ni AVE, habrá que insistirle en que el tramo La Encina-Xàtiva también es Corredor Mediterráneo y quien quiere puede.

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