AL PASO / Adenauer y el odio a Europa

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Recupero para ‘Hoja del Lunes’ algo que escribí hace algún tiempo.
“Lo que los hombres han unido pueden separarlo los hombres. Los humanos somos muy separatistas y separamos hasta lo que Dios ha unido, el matrimonio, que ya era ‘sagrado’ desde la más remota antigüedad, antes, mucho antes de que el Cristianismo lo elevara a categoría de sacramento. Frente a los que creemos que las uniones matrimoniales (como los contratos indefinidos) se están devaluando, en beneficio de los emparejamientos temporales (contratos basura), las nuevas tendencias están por la vaporosidad de todo lo humano y acaso de bastante de lo divino.

Konrad Adenauer, dirigente alemán.Lo triunfante es la frivolidad y no hemos aprendido nada del comunismo ruso ni del nazismo alemán, dos caras del totalitarismo de hace sólo un puñado de años, del que fueron víctimas millones de ciudadanos europeos, entre ellos Konrad Adenauer, un antecesor brillante de la señora Merkel, perseguido por Hitler, constructor de la nueva Alemania e impulsor de la Unión Europea. Un hombre excepcional, al que los germanos eligieron, en 2003, como “el alemán más grande de todos los tiempos”.
Vivió las dos grandes guerras mundiales que destrozaron Europa (nació en 1876 y murió en 1967) y consiguió no sólo levantar la nueva Alemania de sus escombros, sino liderar el movimiento paneuropeo que culminaría en la UE, el gran proyecto para una Europa en paz. Las ideas de Adenauer prendieron en De Gaulle y Churchill y se fueron consolidando con los sucesivos líderes fueran de derechas, de centro o de izquierdas.
Sólo grupos políticos marginales pusieron en entredicho la Unión Europea, si bien lo sucedido en el Reino Unido con el ‘brexit’ es un grano que se le puede infectar a la UE. El referéndum británico fue una frivolidad absurda del Gobierno de Cameron, que le afearon 150 científicos encabezados por el hace poco fallecido Stephen Hawking, firmantes de una carta en la que decían taxativamente que salir de la UE sería catastrófico para la ciencia, para la investigación y para el conjunto del progreso del país.
Y aquí, en España, aflora y parece que se consolida un partido de masas masificadas y amasadas para devenir en empanada mental antisistema, incapaz de ideas de fraternidad universal (las de Adenauer) y encastillado en el odio por más que sus líderes ensalcen el amor y se besen en la boca. Besos envenenados, cínicos, para una clientela que debería saber que a nivel europeo, como en el marco nacional, vale el principio de que la unión hace la fuerza”.

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