Aire fresco

JOAN-VICENT HERNÀNDEZ

El cambio de signo del Ayuntamiento de Alicante ha dejado al descubierto una sorpresa en la línea de flotación del nuevo equipo de gestión política de los intereses de la ciudad de Alacant. Mari Carmen de España, joven concejala del Partido Popular, periodista de profesión y con siete años en el albero de la política local y provincial, se ha erigido por méritos propios, en la regidora con mayores competencias y responsabilidad del Ayuntamiento de una ciudad que durante tres años ha navegado a la deriva sin timonel ni carta de navegación.

Mari Carmen de España, concejala del ayuntamiento de Alicante por el PP. La descafeinada izquierda que ha gobernado los problemas y las soluciones de todos los habitantes de esta urbe mediterránea que no acaba de salir del caparazón del mirarse el ombligo, la comodidad y la sempiterna rentabilidad del sol y arena, se ha hundido en su propia trampa: el espejo que refleja lo guapos que somos, lo bien que lo hacemos y el aplauso sordo que sólo oímos en la ducha. Los partidos que han ocupado los despachos del poder consistorial han sido incapaces de movilizar a los alicantinos para convencerles de que la ciudad en la que viven puede ser mucho mejor de lo que están acostumbrados a sufrir. Se ha perdido una oportunidad histórica para transformar Alacant en una perla del Mediterráneo capaz de competir con la más pintada.


Y fuera del tablero,la hipotética izquierda y un grupo de concejales que viven de las rentas de Inés Arrimadas, sin llegarle a los talones, se hace con el poder en este Juego de Tronos, el Partido Popular, el que más votos cosechó en las últimas elecciones y que más ha machacado a la cabeza visible de un mando en decadencia. Y en todo este maremágnum de presión e información a los ciudadanos de la parálisis municipal destaca la otrora portavoz adjunta, Mari Carmen de España, una apuesta de futuro inmediato a la que hay que tener muy en cuenta en la gestión municipal de ahora mismo, con una proyección que sólo ella puede delimitar, y dudo que lo haga, conociendo su trayectoria, su formación y una intuición capaz de desarmar a propios y contrarios.


Mari Carmen de España es el ejemplo más paradigmático de una persona comprometida con sus ideales y el partido que ella considera que los representa. En su generación las ideologías no son vinculantes con un pasado que las interpreta como bandos. Todo suma en unos jóvenes representantes de la voluntad popular que defienden la calidad de vida de sus conciudadanos desde una óptica práctica, sin filtros ni rencores. Mari Carmen de España es cabeza de cartel de  madres que quieren un porvenir libre de contaminación para sus hijos. Estoy convencido de que su dedicación a la actividad municipal aportará aire fresco a algo tan sencillo como hacer felices a los que viven en esta ciudad. Ella sabe muy bien que no es tan complicado. Sólo hace falta poner en práctica la receta del compromiso, la generosidad y la resolución.


Los que no la conocen aún se irán dando cuenta de que es una mujer muy resolutiva. Los problemas no se le estancan. Defenderá lo que considera  justo y luchará con todas sus fuerzas para conseguir sus objetivos. He trabajado con ella y puedo asegurar que es capaz de darle la vuelta a un colchón deshilachado para que los nuevos inquilinos se sientan cómodos.


Mari Carmen de España es la voz del Ayuntamiento de Alicante en una legislatura a la que sólo le queda un año. Si la dejan actuar en todos los frentes que tiene comprometidos, estoy convencido de que conseguirá pequeños logros que reflejarán los medios de comunicación. Pero que en realidad serán grandes logros en el día a día de los ciudadanos, porque es una más de las almas que habitan en esta destartalada ciudad que nunca ha merecido el olvido ni el abandono a la que la han sometido nuestros asalariados políticos.


El Partido Popular sólo tiene un año para desmontar la insensatez de los anteriores gobernantes. No es únicamente una cuestión de ideologías. Se trata de algo tan serio como coger las riendas de esta ciudad y volver a ilusionar a sus habitantes en un proyecto de vida, en el que la felicidad sea la única arma a esgrimir.

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