La comunicación de crisis y Cristina Cifuentes

MARÍA ROSA MIRASIERRAS

No me gustaría verme en la piel del director de comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. De todas las facetas del periodismo, la de comunicador institucional es una de las más complejas y arriesgadas de nuestra profesión. Estos días le ha tocado al responsable  de cuidar estratégicamente  la imagen y la reputación de una universidad, creada por un partido político, el Popular, en esa época en que cada comunidad autónoma quería levantar un campus a su medida siguiendo los patrones de la ideología imperante. Así nacieron muchas, entre otras la Carlos III de Madrid (PSOE)o la Miguel Hernández, en Elche.

   Cristina Cifuentes y el edificio del rectorado de la Universidad Rey Juan Carlos I. La Semana  Santa ha sido flagelante para nuestro compañero, que no habrá podido hacer la escapada de Pascua porque el rector, Javier Ramos, le habrá tenido a su vera para hacer de cortafuego entre los periodistas y su despacho rectoral.

Por mucho que el director de comunicación haya luchado a lo largo de los años para difundir noticias positivas emanadas de sus departamentos, noticias de gran interés social fruto de sesudas investigacionesy tesis doctorales. Años de estudio para transformar el mundo desde los laboratorios y las bibliotecas. Por mucho que haya intentado convencer a sus colegas del otro lado, es decir, de los medios, nunca jamás habrá logrado el interés que ha suscitado el Máster realizado, o no, porla presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.

Lo que en nuestra jerga denominamos situación de “horror-terror” al grito de “estamos en crisis” le ha estallado al coordinador de las relaciones con los medios, la web corporativa, la identidad visual y la marca, quizás el protocolo y también los relatos que conforman el discurso del rector. Pero en la Rey Juan Carlos no aparece el epígrafe “comunicación de crisis”, lo que significa que la alta autoridad y su equipo han pensado que en su campus jamás de los jamases se iba a producir una. Por tanto, no había necesidad de alarma o de crear un espacio destinado a afrontar estas bombas que suelen aparecer en domingo o festivos.

Si bien podríamos lamentar que por esta situación está pasando simultáneamente el Gabinete de Comunicación de Cristina Cifuentes, éste estará más bregado en las crisis y “zascas” que los medios generan en torno a la presidenta. Una de las políticas del PP más vapuleadas con el fin de derrocarla de su puesto, sea como sea.

Por eso me ciño a la institución académica, al alma marter del saber, donde se producen a diario los mismos patrones que en cualquier casa de vecino y en cualquier partido político; lo que ocurre es que no suelen trascender porque los medios no indagan. Intrigas varias entre académicos que aspiran a un puesto de relevancia en la universidad, a alcanzar el rectorado y sus dependencias.Por este motivo, su Gabinete de Comunicación no cuenta con área de crisis, porque allí ni existen ni se las espera.

Detrás de cada noticia que genera crisis siempre hay un interesado. En este caso, un medio como eldiario.es, proclive a desenmascarar al PP como sea, y seguramente algún funcionario de la casa dolido que se venga sacando papeles de los archivos. Si no hay difusión no hay crisis. Si Ignacio Escolar no lo hubiera publicado y todos los medios no se hubieran hecho eco, el problema se habría reducido a la nada. En este caso, la crisis ha empañado la reputación de la Universidad Rey Juan Carlos, de sus Másteres, de sus regidores y de sus funcionarios administrativos. Todos quedan en tela de juicio. De la imagen de Cristina Cifuentes qué decir, no ha sabido responder a tiempo ni con documentos contundentes, porque posiblemente no tenga nada que alegar. ¿Dónde está su trabajo de fin de máster (TFM), requisito indispensable para obtener el certificado? ¿Se lo estarán redactando, presumiblemente, unos “negros” dejándose las pestañas en el intento?

Cuando la noticia llegó a la oficina de Comunicación, no dio tiempo a descolgar los teléfonos. Ningún medio se quería quedar sin su trozo de pastel. Relamiéndose. El rector imagino que furibundo en el despacho, acompañado por sus más fieles servidores. Sin saber qué decir. ¿Tenían previsto un protocolo de crisis, cómo actuar en estos casos? Con seguridad que no, ya que en la Universidad no hay crisis. La negación es una de las fases de la psicología de las crisis.

Esta teoría, acuñada por la psicóloga Elizabeth Kübler Ross en 1969, tras estudiar cientos de casos deenfermos terminales determina que se dan cinco fases: la negación, el enfado, la negociación, el abatimiento y finalmente la aceptación. En estos momentos estarán en el enfado, pero si la  cúpula rectoral responde a lo que se espera de un académico, deben levantar alfombras en sus dependencias, explicar qué ha ocurrido y, si en verdad hubo un complot para otorgar un título académico a una autoridad, es decir, se produjo prevaricación, reconocerlo. En ese momento, nuestro colega del Gabinete de Comunicación redactará una noticia triste pero ética: "Nos hemos equivocado pero reiniciamos el tiempo de la veracidad".

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