AL PASO / Los obispos catalanes se meten en camisa de once varas II

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Hablaba yo ayer (o anteayer, pues intercalé otro artículo sobre la libertad y el delito o el pecado) de los obispos catalanes tras su conferencia para analizar los últimos acontecimientos políticos en Cataluña, mejor dicho, sobre los penúltimos, pues los independentistas catalanes se han empeñado en intentar sorprendernos cada día con alguna imbecilidad más o menos previsible, pero siempre incidiendo en lo mismo, en mantener y no enmendar su anticonstitucionalismo, su absoluto desprecio a la  ley de leyes, sin que su postura merezca el más leve reproche de esos prelados catalanes que hacen caso omiso de lo que la Conferencia Episcopal Española (todos los obispos de España) ha dicho: “Hay que cumplir la legalidad…No se puede ir contra la Constitución”.

Acto de la bendición de las rosas en la Generalitat de Catalunya, abril de 2016. Foto: Generalitat de CatalunyaY luego, el diálogo que haga falta. Pero no para imponer el derecho a decidir; que ya dice la ONU que vale, pero sólo para pueblos colonizados, que no es el caso. ¿O acaso creen los prelados catalanes que están colonizados por el resto de la nación española? Lo más sensato que aprobaron los ilustrísimos y reverendísimos obispos fue esto: “que los parlamentarios elegidos el 21-D impulsen los mecanismos democráticos para la formación de un nuevo gobierno de la Generalitat que actúe con sentido de responsabilidad”. ¿Creen sus ilustrísimas que lo que están haciendo el presidente del Parlamento, Roger Torrent, y sus correligionarios independentistas, intentando imponer como presidentes (no uno, sino dos) a dos imputados judicialmente (uno encarcelado y otro fugado de la Justicia)  es un ejercicio de responsabilidad? No se atreven los obispos catalanes a defender claramente la postura del independentismo, pero sí defienden “la legitimidad moral de las diversas opciones sobre la estructura política de Cataluña que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y sean defendidas de forma pacífica y democrática”

En esa última consideración veo yo “la madre del cordero”, es decir el apoyo a la reivindicación independentista que no tiene nada absolutamente que ver con la dignidad de las personas y de los pueblos. ¿Es que no han sido dignos los catalanes y Cataluña desde 1714? Han  sido dignísimos y además mimados por los diferentes gobiernos del Estado español y, por supuesto tras la Constitución de 1978 que votaron el 92% de los no sólo dignos, sino privilegiados, ciudadanos catalanes.

Terminaban su fervorín político los obispos catalanes con un “no dejemos de orar al buen Dios por la paz y la justicia en Cataluña”. Ya que ellos no, yo también le pido al buen Dios por la paz y la justicia en el resto de España, esa paz y esa justicia que no quieren los independentistas. Creo que los obispos no pronunciaron (ni escribieron) una sola vez la palabra España, Triste espectáculo de quienes se meten en camisas de once varas (el reino de esta tierra) y olvidan el reino de los cielos.

(Posdata: ¿se sumarán los obispos a los ayunos en un convento de Capuchinos y en Monserrat para pedir la libertad de los encarcelados y los huidos de la Justicia por el ‘procés’ que no cesa?).

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