AL PASO / Libertad y delito

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

Es absolutamente pueril, además de totalmente mentiroso e intelectualmente aberrante que se recurra a la libertad de expresión para justificar actuaciones delictivas. Lo hace el presidente del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, y se queda tan fresco y aún se permite criticar a los que huyen de su discurso satánico ante un colectivo plagado de abogados y juristas, gente que tiene la buena costumbre de valorar sus palabras a la hora de hablar de cuestiones relacionadas con la ley y con quienes se sitúan al margen de la misma.

Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña.Algo tan claro como que Puigdemont está en busca y captura no por hacer uso de la libertad de expresión, sino por haber delinquido cargándose la Constitución, no le entra en  la cabeza a Torrent y va y lo suelta ante las máximas autoridades judiciales de Cataluña y demás personalidades jurídicas presentes. Ni Puigdemont, ni Junqueras, ni los Jordis y demás ‘investigados’ por proclamar la república catalana y ciscarse en la ley de leyes del Estado español, andan huidos o están encarcelados por hablar libremente sino por actuar delictivamente. Son cosas absolutamente diferentes y evidentes que Roger Torrent y sus correligionarios no quieren (no es que no lo sepan, que lo saben, claro) aceptar.

He dicho ‘correligionarios’ intencionadamente, porque ellos han hecho del independentismo una secta religiosa y perniciosa, además de un monumento a la manipulación. Siguiendo con el símil religioso, a nadie se le escapará que para un cristiano practicante, como el propio Junqueras se proclama, existe el pecado o los pecados, que no todos son iguales, ya que distintos son los mandamientos y diferente la gravedad de su conculcación. No es lo mismo incumplir el no matarás, que el amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero en todos los pecados se produce un mal uso de la libertad. Si no fuéramos libres no habría pecado.

Si no hubiera libertad de expresión no habría un buen uso de la misma o un mal uso. La libertad de expresión permite utilizarla para el bien o para el pecado civil, que es el delito. Precisamente porque hay libertad se puede delinquir. Y el que delinque tiene que asumir que le vendrá encima el peso de la ley. El señor Torrent debería abrir su inteligencia y razonar ante la evidencia de lo que es libertad de expresión, como debería, con todos sus correligionarios y demás compañeros ‘inde’ admitir que su idolatrado Rafael Casanova no era antiespañol sino antiborbónico Y así lo proclamó en 1714. Lo dijo por escrito. Léanlo usted, Puigdemont, Junqueras y demás familia.

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