AL PASO / Idiomas y derecho a decidir

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

La historia está llena de desastres nacionalistas (no sólo nazis).  Acaba de suicidarse ante el tribunal internacional que juzga crímenes de guerra en los países de la antigua Yugoslavia el ex comandante de tropas bosnio-croatas Slobodan Paljak, condenado a 20 años de cárcel. Ha preferido la muerte a la prisión. Tomó el veneno mortal no sin antes proclamar que no era un criminal de guerra. Otros dirigentes están pagando por sus delitos, algunos de ellos por genocidas.

Miembros del Consell de Mallorca y de municipios de la isla posan delante de la sede del Consell. Foto: Consell de Mallorca Los nac(z)ionalismos (todos deberían escribirse con ‘z’) son, por su propia definición, excluyentes, aunque a sus ideólogos (es mucho decir) se les llene la boca con la palabra democracia y, sobre todo, con su expresión favorita: “derecho a decidir”. El último ‘ideólogo’ es el presidente de Baleares, Miquel Ensenyat, que pertenece al partido MES y gobierna con el apoyo de PSOE y Podemos. Su discurso con motivo de la Díada mallorquina (que se celebra ahora el 31 de diciembre, se supone que para diferenciarse de la de Cataluña del 14 de septiembre) ha sido un cúmulo de contradicciones, pues junto a la proclamación del  idioma catalán como gran aportación a la historia de la humanidad (cosa razonable, por cierto) defiende un mallorquinismo ‘residencial’ que englobaría a todos los habitantes de las islas sea cual sea su origen y su lengua madre. Eso sí, para Ensenyat hay un principio esencial nacionalista, el ‘derecho a decidir’. Se supone que por razón del idioma y no por la pérdida de los fueros como consecuencia de la derrota en la Guerra de Sucesión en 1714, derrota por la que se homenajea a los defensores de Barcelona frente a las tropas de Felipe V, en especial al conseller en cap Rafael Casanova, que no fue independentista, como todo el mundo sabe menos Puigdemont, Junqueras y todos los que les siguen engañados pertinazmente por un adoctrinamiento miserable en las escuelas y en medios de comunicación sufragados con dinero público.

Es preciso terminar con la engañifa soberanista. Los independentistas catalanes y catalanistas, como los independentistas vascos o gallegos confunden el culo con las témporas y la gimnasia con la magnesia. Más de cinco siglos llevamos de nación española tras la unión de los renos de Castilla y Aragón (a cuya corona pertenecían el condado de Cataluña y el reino de Valencia) y más de dos mil años han pasado desde que los romanos latinizaron Hispania. Echan mano al ‘derecho a decidir’ unos insensatos oportunistas sabiendo perfectamente que eso, en el caso de España, es una mentira como un piano. La ONU sólo lo aplica a territorios colonizados. Mienten esos dirigentes como (lo que son) unos bellacos, sembradores de odio.

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