Posverdad, el neologismo que esconde la mentira

MARIA ROSA MIRASIERRA

Ya queda menos para que la palabra de moda “posverdad” entre como neologismo en la RAE. Diciembre de este año es el mes elegido por los académicos de la Lengua para acuñarla, aunque ya la registraron en 2003.Para el  director de esa institución, Darío Villanueva,  "las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público".

Las redes sociales y su incompresible credibilidad por parte de la opinión pública han hecho posible que esta palabra, que antes podría definirse como rumor, bulo o patraña, se asiente en el lenguaje coloquial y demos por hecho que todo lo que ocurre y se publica, sin contrastar, se tome por verdad.Recientemente el colectivo de técnicos de la comunicación institucional universitaria, denominado AUGAC, se ha reunido en un congreso en la Universidad de León para abordar este tema. “La comunicación en la época de la posverdad. ¿Manipulación, falta de credibilidad, o normalización de la mentira”?.

Las instituciones y las personas están sometidas a este maquiavélico proceso en que una  imagen o una reputación se va al traste cuando algún individuo propala cualquier bulosin la menor base de investigación y comprobación de las fuentes. Se hace cierto el dicho: "Difama que algo queda". Los comunicadores universitarios sufren cada día al ver en las redes informaciones que atañen a sus campus, o a sus investigadores, rumores  difundidos por un alumno enfadado o un profesor en contra del sistema. No hay más que publicar un twit o colgar una foto eninstagram para que los “likes” abunden y sean imparables. Esta posverdad es dificilísima de combatir. 

Las “fake news” que tanto mal están haciendo son fruto de la rapidez en que hoy en día se mueve la información, utilizando las redes sociales. La verdad se relega a un segundo plano ante la inmediatez sin contrastar, intoxicando. Cada vez se hacen más necesarios los periodistas rigurosos, aquellos que indagan, hablan con diversas fuentes, no se dejan engañar ni engañan. No siguen la consigna de algún que otro medio on line: “Primero cuenta algo, rápido, y luego lo completas”. Estos días estamos asistiendo a noticias falsas basadas en los incendios forestales, nos llegan a través del Whatsapp sin cesar. La de la  perra que portaba a su cría calcinada y resultaba ser un perro trasladando un conejo muerto. Pero todo nos lo creemos. El lector cada vez es más vago y se deja convencer ante la profusión de informaciones sin ninguna base.

La posverdad y Trump

El concepto creció en popularidad a partir de la elección del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump y de la campaña por el Brexit. Su origen, sin embargo, es de principios de la década de 1990.

En inglés, el término "post-truth" se empleó por primera vez en 1992 y lo  hizo el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, en un artículo  publicado en la revista The Nation.  Tesich decía: "Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en donde reina la posverdad". Tesich reflexionaba en ese texto sobre el escándalo Iran y la guerra del Golfo Pérsico. Y usó "posverdad" de la misma manera en que se usa hoy.

También hay evidencia de que "post-truth" se utilizó antes de 1992 en el mundo anglosajón, pero con otro significado. Por ejemplo, para indicar el tiempo que sigue al momento en que alguien se entera de una verdad.

 En 2016 fue la palabra del año

Otro hito en el uso del término posverdad ocurrió en 2004, cuando fue editado el libro Post-Truth, de Ralph Keyes, quien popularizó un término que hacía referencia a un contenido similar a "post-truth": "truthiness", definido como "la cualidad de ser percibido como verdadero, sin ser necesariamente verdadero".

Desde principios del 2000, el uso del término creció significativamente. Y en 2016 el prestigioso diccionario inglés de Oxford lo distinguió con el título honorífico de "Palabra del Año".

El que esta palabra tenga tanto eco no significa que  vivamos en un mundo en donde la verdad desapareció, sino que se informa sin basarse en la realidad de los hechos, buscando la objetividad, sólo interesa la emoción que suscitan.

"Todo el fenómeno de la posverdad es: 'Mi opinión vale más que los hechos'. Es sobre cómo me siento respecto de algo. Es terriblemente narcisista. Y ha sido empoderado por el hecho de que todos pueden publicar su opinión en redes sociales", dijo a la BBC el filósofo británico A.C. Grayling.

"Todo lo que necesitas ahora es un iPhone. Y si no estás de acuerdo conmigo, me atacas a mí, no a mis ideas", agregó.

Para Grayling, el mundo de la posverdad afecta negativamente la "conversación pública" y la democracia. "Es una cultura en donde unos pocos reclamos en Twitter tienen el mismo peso que una biblioteca llena de investigaciones. Todo es relativo. Se inventan historias todo el tiempo", dijo.

Puigdemont durante un mensaje institucional. Foto: wikimediaEntre Trump y la independencia catalana

El término fue ampliamente utilizado por parte de la prensa para describir la campaña presidencial de Donald Trump en Estados Unidos. La "política de la posverdad", en este sentido, hace referencia a un discurso político que apela más a la emoción que a los datos. Y que descree de los argumentos basados en datos, ofreciendo como respuesta "datos alternativos". Esto se ha hecho evidente en los inconexos y engañosos discursos de los políticos independentistas catalanes. Sus seguidores no han puesto en tela de juicio cuantas propuestas descabelladas han hecho. Que la emoción no irrumpa sobre la realidad.

Los principales diarios de Estados Unidos, como el New York Times, el Washington Post y el LA Times calificaron a Trump como un político de la posverdad y dedicaron gran parte de su cobertura a contradecir y verificar discursos de Trump. El enfrentamiento entre el actual mandatario de EE.UU. y lo que él llama "prensa liberal" continúa hoy. Hace unas semanas, Trump llegó a publicar en su cuenta oficial de Twitter un video en donde él golpea a una persona que representa a la cadena CNN uno de los medios que más ataca. Para el sociólogo Félix Ortega, la manipulación de la información hace que el público no pueda conocer qué es verdad y qué falsedad. Esto se debería a la transformación de la comunicación política en propaganda, la pérdida de principios éticos por el periodismo actual y su sometimiento a intereses totalmente particulares así como la puesta en escena de los políticos hacia el espectáculo, la manipulación y la fragmentación de la ciudadanía.​

Los periodistas poco podemos hacer en unas redacciones diezmadas, sin redactores jefes equidistantes y profesionales, empujados por las prisas en una carrera imparable de twits, rumores, manipulación de imágenes y la repetición de la mentira.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn