AL PASO / El truco infame de los soberanistas

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

No tienen los independentistas ningún argumento para defender la república catalana y por eso se han inventado un cúmulo de mentiras que no pueden convertir en verdades por más que las repitan millones de veces. Se las dan de demócratas a la vez que se ciscan en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Ponen flores a Rafael Casanova como si fuera independentista cuando fue catalán españolista y existen testimonios escritos de 1714que lo acreditan. Homenajean a Companys, al que el Gobierno de la Segunda República encarceló por proclamar la República Catalana en 1934.

Se ciscan en la historia y se inventan cuentos de nunca acabar sobre discriminación autonómica. Desde Felipe V hasta Felipe VI (de 1714 a 2017) ha sido precisamente la región a la que los sucesivos Gobiernos del Estado más han favorecido para su destacado desarrollo económico y social. Los catalanes han sido envidiables y justamente envidiados por todo lo que han conseguido en tres siglos transcurridos desde el final de la Guerra de Sucesión, la de 1705 a 1714, que una vez más hay que recordar como Guerra de Sucesión y jamás como Guerra de Secesión. Eso lo saben (o lo sabíamos) los estudiantes de Bachillerato. Casanova, aragoneses y valencianos (la Corona de Aragón a la que pertenecían Cataluña y Valencia, que no fueron nunca una nación) querían un sucesor Habsburgo para Carlos II, en lugar de un Borbón, un sucesor para toda España y no sólo para Cataluña. Españolidad era lo que defendía el conseller en cap Rafael Casanova.

El truco infame de los soberanistas catalanes es el cacareado ‘derecho a decidir’, que la ONU defiende para territorios colonizados y de ninguna manera para regiones de una nación con un régimen democrático, con una Constitución que refrendó casi el 90% de los españoles con los catalanes a la cabeza, los catalanes de a pie, la inmensa mayoría, no los Pujol y Mas del 3% o los Puigdemont, Junqueras y compañeros manipuladores de la historia y del presente. Están echando un pulso al Estado y seguirán hasta el final porque saben lo que les espera tras el fracaso de la independencia: ser juzgados y condenados como traidores, como sediciosos miserables, sembradores de odio no sólo hacia el resto de España sino hacia los catalanes no independentistas que, por cierto, son mayoría.

Se han vuelto locos (como tiburones) oliendo la sangre de una España desgarrada por ellos y que los partidos constitucionalistas tienen la sagrada misión de restañar cuanto antes para evitar la gangrena.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn