Una salida al final del túnel

ÁNGEL BARTOLOMÉ

La reanudación de las obras para el paso del TRAM por el interior de la Serra Grosa para reducir los tiempos de viaje entre el casco urbano y las playas y ganar en frecuencias de paso, permite a Echávarri y Puig desatascar un proyecto paralizado hace cinco años por su principal azote en la oposición, Isabel Bonig, en sus tiempos de titular autonómica de Infraestructuras.

bras de reanudación del túnel de la Serra Grossa. Foto: GVA No hay mal que por bien no venga. Este dicho popular lo soltó el general Franco en diciembre de 1973 cuando el cadáver de su presidente del Gobierno Carrero Blanco estaba todavía caliente tras morir por el atentado de ETA en la calle de Claudio Coello. Aquellos que estaban alrededor del general no entendieron nunca aquellas palabras tan frías. Algo así debió pensar el presidente del Consell, Joaquín Puig, el último fin de semana cuando su partido estaba atascado en Alicante por la crisis de la Alcaldía, por el caso del fraccionamiento de las facturas, que ha dejado muy tocado al primer edil Gabriel Echávarri, que ya no cuenta con el apoyo del izquierdista ecologista Miguel Ángel Pavón.

Isabel Bonig y Alberto Fabra, último presidente popular de la Generalitat. Sus propios socios de gobierno y el PP, cuyos dirigentes se frotaban las manos, no paraban de atacar tanto a Echávarri como al propio Puig cuando alguien recordó una fórmula que podría eludir las críticas y dar un puñetazo en pleno hígado, esos que duelen, a la oposición y a su líder, Isabel Bonig: el inacabado túnel del TRAM en la Serra Grosa.

La crisis económica dejó en ridículo al PP en la capital de la provincia al principio de la segunda década del siglo XXI porque los recortes presupuestarios dejaron sin liquidez al Consell para acabar los planes de infraestructuras que a bombo y platillo había anunciado la titular de Infraestructuras, Isabel Bonig, hoy punta de lanza de la oposición popular en la Comunitat Valenciana al gobierno del Botánico. Uno era la conclusión de la Vía Parque y otro fue la paralización del túnel del TRAM en la Serra Grosa, que estaba previsto acabarlo en los primeros meses de 2012. Sin embargo, primero se paralizó y luego se tapió para evitar actos vandálicos.

El gran proyecto para el tranvía, excelente no sólo por enlazar el centro de la ciudad con las playas sino también la capital con Benidorm y Dénia, estaba cojo desde el primer día por una grave carencia: el suspenso en la frecuencia de paso de los convoyes. De la misma forma que en Madrid y Barcelona, una de las grandes ventajas del transporte público es el corto espacio de tiempo que hay desde la salida de un tren o autobús de una parada y la llegada del siguiente convoy o vehículo, en Alicante la espera es desesperante. Esa es la asignatura pendiente.

Una de las medidas para solucionar esta grave carencia es el túnel de la Serra Grosa. Porque no sólo retira la barrera de hierro junto a la costa y posibilita un paseo marítimo de primer orden en el Postiguet y la Albufereta, sino que posibilita reducir el tiempo entre convoy y convoy de los tranvías. Cuando ya se anunciaba que para los primeros meses de 2012 estaría acabado el túnel y habría más frecuencias de paso de los trenes al instalar la doble vía en todo el recorrido, la entonces consellera de Infraestructuras, Isabel Bonig, decidió paralizar las obras del túnel, para gran chasco de los dirigentes populares alicantinos.

Con el tiempo, la responsable de impedir la conclusión de una obra clave para la mejora del transporte público alicantino se convirtió en la punta de lanza del PP en la Comunitat y azote de los gobiernos de coalición del PSOE, Compromís y la antigua Esquerra Unida en Alicante y en la autonomía. Cinco años después, cuando Gabriel Echávarri y Ximo Puig más acorralados están por el caso de las facturas y la crisis interna del Ejecutivo local alicantino, aparecen el jefe del Consell con el alcalde de Alicante para asistir a la reanudación de las obras del túnel el martes 24 de octubre.

De este modo, dentro de un año más o menos, cuando estén instalados las vías y todos los sistemas de seguridad y la electrificación del túnel para que pueda funcionar el TRAM, el alcalde podrá decir al menos que la Generalitat y el Ayuntamiento han logrado salvar el obstáculo que no supo superar el PP y Bonig para que los tranvías de Alicante tuvieran la frecuencia necesaria para hacerlo competitivo con el coche particular. Bien mirado, es un duro golpe para la líder de la oposición. Todavía hay muchos populares, responsables provinciales en 2012 de la Conselleria de Infraestructuras, que no han perdonado a la actual líder del PP de la Comunitat el ridículo que se hizo con la paralización del túnel, por mucha crisis que hubiera.

Dentro de un año el alcalde podrá decir que salvaron el obstáculo que PP y Bonig no supieron

Así las cosas, tanto Echávarri como Puig tienen arsenal suficiente de aquí al final de la legislatura para atacar a Bonig, la consellera que paralizó el túnel de la Serra Grosa. Encima, la conclusión de las obras estará cerca de las elecciones municipales de 2019. Mucho mejor.

Como avanzó el martes Alicante Plaza, el túnel está prácticamente terminado desde la anterior etapa, del PP, cuando se gastaron 21,1 millones de los 29,9 totales presupuestados, y ahora queda pendiente el equipamiento (por 8,7 millones), principalmente la catenaria, electrificación, los sistemas de telecomunicaciones y la señalización.

La apertura del túnel, prevista entre octubre y noviembre de 2018, permitirá una variante ferroviaria de 1.500 metros de doble vía entre las estaciones de Sangueta e Isleta, que mejorará significativamente el servicio de las líneas 3 y 4, que conectan Alicante con El Campello.

Durante mucho tiempo, tanto los responsables municipales como los del Consell, han dudado entre acometer las obras para conectar el túnel del TRAM que acaba en la esquina de la avenida de la Estación y la de Salamanca con las vías del AVE, con el fin de que pueda haber una parada del TRAM y evitar así el penoso paseo de los viajeros que bajan del tren y deben recorrer 400 metros desde la terminal hasta la parada de Luceros con las consiguientes molestias, y la solución que ahora se ha adoptado. Por fin se ha decidido por ésta. En definitiva es doble. Permitirá una sustancial mejora de las frecuencias y Bonig queda en evidencia. Mejor imposible.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn