Natación solidaria alicantina en Japón

BEGOÑA VILAPLANA

El agua se ha convertido en su medio. Un problema de espalda lo llevó a nadar y desde entonces no ha parado. Las aguas abiertas son su objetivo. Jorge Crivillés, alicantino y nadador desafiante, va a afrontar, el próximo día 27, su cuarto reto anual en Japón, concretamente en el Canal de Tsugaru que separa las islas de Hokkaido y de Honsu . Se convertirá en el primer español que cruza este canal japonés, un reto de 30 kilómetros con agua a 16 grados y con fuertes corrientes, en el que Crivillés estima que necesitará entre 10 y 14 horas para cumplir su objetivo.

 

De izquierda a derecha: Jorge Crivillés, Paula Giménez y Begoña Barragán

Entrena cuatro horas diarias y nada 45 kilómetros semanales para preparar sus desafíos. En esta ocasión, está siendo preparado por el ilicitano José Luis Larrosa y además cuenta con el patrocinio de la Fundación Asisa. Lleva a cabo sus retos para visibilizar la labor que realizan determinadas asociaciones como la de los pacientes de cáncer de GEPA y sus travesías a nado en mar abierto son para ayudar en proyectos solidarios. «Los pacientes son la motivación que tengo cuando estoy horas y horas en el agua», señala el nadador alicantino.

 

 

Jorge Crivillés, ha obtenido la «triple corona», título que se concede a los nadadores de aguas abiertas que consiguen acabar la vuelta a Manhattan, el Canal de Santa Catalina y el Canal de la Mancha. Con 45 años, reconoce que está completamente «enganchado» a las aguas abiertas, a las que llama «aventuras» y está en pleno proceso de realizar los «siete océanos». Ahora su objetivo está en Japón. El día 27 se enfrentará con el equipo que siempre lo acompaña: su esposa, su entrenador, su hijo, su hermano y un amigo. Ellos serán su apoyo y los que se encarguen del avituallamiento en este nuevo y cuarto desafío. Un avituallamiento consistente en barritas energéticas, dátiles, plátanos y donuts, aunque en Japón no va a poder contar con este dulce, además de agua y bebidas isotónicas para mantenerse hidratado. «El que se tira al agua soy yo pero tengo un gran equipo detrás que hace posible todo», asegura el nadador alicantino.

 

 

Crivillés confía en superar el reto en Japón, aunque las bajas temperaturas del agua, las fuertes corrientes, los 30 kilómetros de distancia, los tiburones, medusas y serpientes marinas convierten esta travesía en una de las más complicadas que ha desempeñado. Está preparándose físicamente y mentalmente para superar con éxito el reto de cruzar a nado el Canal de Tsugaru; sin traje de neopreno y con el cuerpo calentadopor té hirviendo para combatir el frío. Hace ocho años, una lesión de espalda lo llevo a nadar para superar la dolencia. Posteriormente contactó con un grupo de nadadores y descubrió el mundo de la natación en aguas abiertas aunque todavía no se planteaba ninguna meta tan ambiciosa como las que realiza en estos momentos.

 

En 2010 crearon el club de natación RC7 aunando deporte y solidaridad, ya que desde el principio el propósito era colaborar con AEAL (Asociación Española de Enfermos de Leucemia, Mieloma y Linfoma) dando difusión y visibilidad a la labor que llevan a cabo a través de los retos y travesías. Todas las pruebas que realiza Jorge Crivillés son a favor de esta asociación. “Cuando me tiro al mar, la soledad es brutal. Llega el momento de bajón y mi mejor recurso para continuar hacia delante es pensar en los pacientes por los que nado” confiesa Crivillés.

Momento del último reto conseguido por Jorge Crivillés en aguas del Pacífico, en el estrecho de Moloko, el pasado año. Foto: Jorge Crivillés 

Durante la prueba estará acompañado por una embarcación de la Tsugaru Channel Asotiation, y por piragüas que le avituallarán durante el recorrido y velarán por su integridad. “Este año, la organización del reto, si me viese en alguna situación comprometida, me sacarán del agua” apunta el nadador recordando cuando el año pasado en  Hawuaii tuvo que nadar acompañado por tiburones No serán menos de diez horas las que Crivillés deberá estar luchando con un mar que acostumbra a estar fuertemente movido y unas corrientes que suman dificultad al reto.

 

Por otra parte, hay una novedad en esta prueba de Tsugaru. Se podrá seguir en directo en todas las redes sociales y la página web del nadador, gracias a un sistema de GPS. Sus seguidores, que son muchos, podrán ver en todo momento a Jorge Crivillés realizando su hazaña, además de interactuar con él.

 Jorge Crivillés señala la distancia de la prueba que va a efectuar en aguas niponas. Foto: redacción HdL

Veterano en mar abierto

Crivillés es veterano en estas travesías en aguas abiertas. Tras haber cruzado el Canal de la Mancha en 2012, el de Catalina en 2015 y el de Molokai, en el que nadó 53 kilómetros, en 2016. En 2010 cruzó el Estrecho de Gibraltar con traje de neopreno; ahora quiere repetir esta travesía a pelo, como las hace todas. Le queda cruzar el Canal de Norte entre Escocia e Irlanda; el Estrecho de Cook, en Nueva Zelanda y el Estrecho de Gibraltar sin traje de neopreno para completar el hito de los Siete Océanos, prueba equiparable a los ochomiles en alpinismo.

 

Este visitador médico de profesión se define como muy poco competitivo, le encanta nadar en solitario y la introspección que conlleva, exponiéndose a una situación límite. “Cuando estoy en el agua no quiero pensar en que me duele algo. No quiero caer en ese bucle. Prefiero visualizar mi llegada a la otra orilla. Hago eso, mientras nado visualizo mi llegada”, afirma Crivillés.

 

Su próxima prueba en Japón empezó a prepararla en noviembre pasado. Después de invertir casi 18 horas en Molokai, con olas de 3 y 4 metros, y donde se tuvo que parar durante una interminable media hora en el agua rodeado por cuatro tiburones -si se salía el intento quedaba anulado-, los 16 o 18 grados que espera encontrar en Tsugaru no le arredran. “Y pueden bajar a 13 en zonas próximas a la llegada, cuando llevas ya un desgaste importante, pero lo peor es que las corrientes son imprevisibles”, advierte Crivillés.  “Si todo fuera bien podría tardar entre 12 y 14 horas, empezando de madrugada”, calcula el nadador. “A pesar de las malas condiciones del agua yo me voy a tirar. He nadado en situaciones muy adversas. Si el capitán del barco de acompañamiento ve que la cosa se pone fea, él es el que manda y el que me sacará del agua”, apunta Crivillés.

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