AL PASO / En contra o pasando de la religión

RAMÓN GÓMEZ CARRIÓN

 

A los 79 años y a punto de cumplir los 80, me siguen preocupando y ocupando las preguntas que los humanos se hicieron siempre sobre su origen y su destino, cuestiones que mucho tienen que ver con la religiosidad como demuestra el curso de la Historia. Reflexiono por escrito en esta ocasión motivado por una de las ceremonias católicas más tradicionales por estas fechas de mayo: las primeras comuniones. Una de mis nietas ha sido protagonista el pasado domingo, junto con otras cuatro compañeras de colegio y dos compañeros. Estos dos chicos habían sido bautizados dos semanas antes. 

 

Momento de la Comunión en la Eucaristía. Foto: PixabayLos datos sobre el comportamiento de los padres católicos españoles a la hora de implicarse en la formación religiosa de sus hijos son preocupantes. Casi la mitad de ellos prefieren que sus hijos no tengan religión como asignatura optativa con lo que se priva a esos chicos del conocimiento de una serie de principios que tienen que ver con lo que de trascendente hay en la vida del hombre como individuo y como miembro de una colectividad.

 

Primera Comunión de dos chicos de diez años que habían sido bautizados dos semanas antesNo toda la culpa del avance del laicismo y de la indiferencia creciente hacia el fenómeno religioso hay que atribuirla a agentes externos a la Iglesia. Han sido los gravísimos errores de la propia institución y los reiterados escándalos de sus dirigentes (sin necesidad de remontarnos a las sangrientas guerras de religión) los que han propiciado el alejamiento, unas veces con fobia y otras con indiferencia de amplios sectores de la sociedad. Si a ello se añade el pasotismo generalizado de la sociedad de consumo y el nulo interés por los valores inmateriales, nos encontramos en el punto donde estamos, una izquierda combatiendo contra la religión y una derecha acomplejada que pasa de la defensa de valores auténticos humanos porque coinciden con los que defiende el cristianismo.

 

Mucha gente cree que el futuro de Europa está en peligro por el brexit de Gran Bretaña o por si se producen otros debido a posibles triunfos de los populismos. El auténtico peligro está en la pérdida de los valores de Occidente, que tienen mucho que ver con los valores del cristianismo, que tienen mucho que ver con la libertad, la igualdad y la fraternidad, una fraternidad que no es compatible con la guillotina, con cortar cabezas. No es descabellado inculcar a los niños los valores humanos (y eternos) del cristianismo.

 

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