Alicante, el (des)concierto de los tres tenores

Si hay crónicas que se escriben antes de que ocurran, la del Tripartito de Alicante y sus tres tenores lleva camino de ser una de ellas. De quedarse en relato sin obra. Sin música. Sin nada. Sería esta la historia de un No Sucedido. Un paréntesis de vacío en medio de la nada y el lodazal. 

 

PEPE LÓPEZ

Pavón, Echávarri y Bellido en una dependencia del Ayuntamiento de Alicante. Foto: J. REINALa anécdota, triste y lamentable donde las haya, sucedió en Alicante. Se la oí relatar hace unos días en la Ser al profesor, periodista y crítico cultural Antonio Sempere: “El otro día en el Teatro Arniches, en la representación de la obra "Lucille Labelle" de la compañía Miseria y Hambre Producciones, de Cuenca, nos dimos cita ¡¡once!!! personas en la sala; y varios éramos críticos culturales”. 

 

En medio de noticias y hechos tan descorazonadores como este, la legislatura avanza en el Ayuntamiento de Alicante pesarosa, casi evanescente, como avanzan los fantasmas en noches invernales y neblinosas. Cansina, sí, y puede que también extrañamente expectante para algunos (¿cada vez menos?) en la esperanza de que lo bueno (el debate sobre el modelo de ciudad, el plan de urbanismo, la lucha decidida contra la pobreza, esas cosas…) estaría aún por llegar. Pero el tiempo pasa, implacable, y lo bueno por llegar no se avista. 

 

Sólo llega, eso sí, un murmullo sordo de la larga ristra de las una y mil rencillas entre los tres grupos que integran el pacto de gobierno municipal, el aburrido relato de un rosario de desencuentros de sus tres portavoces –Echávarri, Pavón y Bellido- que por no ser no es ya casi ni noticia. Llega también una cacofonía de desplantes que a fuerza de repetirse se han acabado por imponer como la única realidad y el único relato que hace preguntarse a muchos, también a los propios, ¿cuál será el próximo? El próximo desencuentro. La próxima salida de tono del alcalde. El siguiente desplante. La desautorización de unos hacia otros. 

 

Quizás el único aliado en esta mala sinfonía que malinterpretan a capella estos tres tenores es el des-concierto de dónde se viene, la profunda sima de corrupción y clientelismo de aquel tiempo y la no-ciudad dibujada que les precedió como única función. Una obra –recordémoslo siempre- con Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo como principales intérpretes –ellos sí- de un relato de horror y de miedo. Ahí no han llegado los nuevos, aunque a veces pareciera que empujados por un extraño maleficio se dirigen indefectiblemente a un alargamiento de la agonía de aquel tiempo tan convulso. 

 

Y es que a día de hoy, casi mediada la legislatura, se atisba en el ambiente a poco que azuces el oído entre el graderío de los afines, un olor a función fallida y a derrota anticipada. Como en la obra del Arniches, a patio de butacas vacío y sin alma. Sin dirección. Cuando no es Ikea el punto de fricción, es el tardeo el elemento en disputa; cuando no es el plan de urbanismo el que bifurca direcciones, es el extemporáneo cariño del actual alcalde a la excaldesa (“Sonia Castedo tiene todos mis respetos”, dijo Echávarri nada más conocerse el archivo de la causa penal del Plan Rabasa, pero no se conocen declaraciones suyas ahora que se ha abierto juicio oral por el Plan de Urbanismo); cuando no es el debate de los eternos, indecentes, infinitos, horarios comerciales, son los asesores con rango de directores generales con los que se pretende blindar el propio Echávarri; cuando no es el tortuoso camino del, por otro lado, necesario proyecto de retirar honores al franquismo y sus torturadores en el callejero de la ciudad, son las municipalizaciones de servicios públicos prometidas y nunca cumplidas; cuando no.... 

 

Tan es así que los periodistas que siguen a diario el devenir de la Casa casi no tienen que hurgar en las heridas, en las diferencias, para sacar sus titulares. Las desavenencias, los desencuentros, la frialdad en el trato, están ahí presentes como una película viscosa que lo impregna casi todo. Un día sí y otro también ahí está esa sensación de telaraña atrapalotodo que van componiendo las declaraciones de los tres tenores, a quienes un día sí y otro también pareciera que su principal trabajo y cometido no fuese otro que mirarse continuamente de reojo. 

 

Dice el alcalde que de seguir así las cosas lo más probable es que vuelva a gobernar el PP. Y lo dice él que, de todos, es el más responsable de lo que ocurre como primera autoridad ejerciente. Y se podría pensar que al decirlo así lo que revela es un deseo íntimo de que tal cosa ocurra. Pavón, por su parte, dice poco. No es lo suyo la palabra y el verbo. Sí la acción. Pero parece que ahí anda, como Penélope, enredado entre planes y des-planes urbanísticos que sólo conducen a un estado de abatimiento y melancolía ya casi natural en su área. Cada vez se hace más difícil vaticinar si lo que sustentan algunos de esos papeles que Pavón lleva de aquí para allá serán algún día piel de ciudad y realidad no virtual. 

 

Esto último, claro, no lo dice él. Lo dicen quienes trabajan cerca de él y ven, desesperanzados, que el tiempo pasa y pasa y que todo esfuerzo queda en la nada más absoluta. Y quizás, ya puestos y ante el peso de la realidad, habría que preguntarse si ése y no otro sería en el fondo el objetivo último de quienes, alcalde incluido, desde dentro torpedean el proyecto, de quienes hacen todo lo posible para que esto ocurra. No hacer nada para que quienes han disfrutado de pernada urbanística durante décadas puedan seguir disfrutándola sin impedimento legal ni cortapisa política alguna. 

 

¿Y Bellido?, el portavoz municipal y edil de Compromís, dirán algunos, ¿qué hace Belido? Bueno, Bellido bastante tiene con mantener encendido 24 horas al día el candil que ilumina la tortuosa senda por donde va la procesión de ánimas y sombras en las que se ha convertido el equipo de gobierno de Alicante. Bastante hace con iluminar el tortuoso trazado por el que andan los tres y su séquito y tratar de evitar que los socavones, que serían habituales en cualquier acción de gobierno, no empiecen a parecerse a simas, y las chinas y piedras, también normales en cualquier travesía, no sean ya, o acaben siendo, inmensas losas de granito que te aplastan. En eso, sobre todo, parece andar el hombre. En alumbrar. Y, parece, que con no mucho éxito.

 

Volviendo a lo del Arniches. Contó también Sempere en "Ser Alicante" que en la representación, que finalmente sí tuvo lugar pese al escaso auditorio, actores y compañía se sobrepusieron al desolador paisaje del patio de butacas, tiraron de profesionalidad “y con su buen trabajo, hasta nos llegaron a emocionar”. No está claro que en esta otra función, la que más importa, la que interpretan día sí y día también estos otros actores de verso libre y sin libreto en común –ya saben, los Bellido, Pavón y Echávarri- puedan llegar siquiera a emocionar. 

 

Quizás, solo quizás, no era, no es, esa su función principal. Quizás, pero sería exigible cuanto menos que, en postrero arranque de profesionalidad, emularan éstos lo ocurrido en el Arniches. Y que, al menos, terminaran aquello para lo que fueron contratados. Y –recordémoslo también en este tiempo de tanta desmemoria- figura en un libreto a modo de Pacto de Gobierno firmado allá por junio de 2015. 

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