"Los políticos de ahora están más inmunizados ante titulares negativos"

INOCENCIO ARIAS LLAMAS. Diplomático y escritor.

Por BEGOÑA VILAPLANA

La extensa carrera diplomática de Inocencio “Chencho” Arias Llamas  le ha llevado a ser testigo de excepción de numerosas cumbres internacionales, así como conocer en profundidad el complicado entramado de alianzas e intereses que tejen el panorama actual de las relaciones internacionales. Audaz, irónico y con un sentido del humor único, en su retiro actual continúa su intensa actividad con su participación en tertulias radiofónicas y la publicación de libros. El último de ellos, “Yo creía que los diplomáticos eran unos mamones”, planteado en pretérito, da pistas de su contenido con su particular estilo plagado de anécdotas que expuso durante su presentación en Casa Mediterráneo.

Inocencio Arias con uno de sus libros. Foto: SONIA MARCO—El título de su libro de memorias “Yo creía que los diplomáticos eran unos mamones”, llama poderosamente la atención. ¿Por qué esa apreciación de su profesión?

—Sin faltar a la verdad, yo creía, en el pretérito imperfecto, que los diplomáticos eran unos mamones y por eso nunca se me ocurrió hacer esta carrera, hasta que tuve una cierta edad en la que me di cuenta de que no era así. El título obedece a que es una realidad, no he mentido, y ya de paso es una llamada de atención para el consumidor; poner “Memorias” era mucho más pedante y menos llamativo - risas.

—A lo largo de su extensa carrera, en los años 80 estuvo al frente de la Oficina de Información Diplomática en los distintos gobiernos de la democracia: en la UCD de Suárez, el PSOE de Felipe González, y el PP de Aznar. ¿Cómo eran las relaciones con la prensa en las distintas administraciones?

—En la primera época de la transición, con Suárez y después con Calvo Sotelo, los políticos estaban más amedrentados ante la prensa que ahora. Un titular o artículo de opinión de El País o ABC era muy temido por los políticos; los ministros temblaban. Ahora ya están más inmunizados por la aparición de internet y la prensa digital, que ha provocado que los medios escritos pierdan importancia -es muy inferior la influencia de ABC, La Vanguardia o El País de hoy respecto a hace 25 años-. Ahora un editorial negativo de El País cualquier político lo puede resistir, en aquella época los cimientos se resquebrajaban de cualquier grupo.

—En 2003 cuestionó públicamente las razones de origen expuestas por Reino Unido, EEUU y España para iniciar la Guerra de Irak, esto es, la existencia del arsenal de armas de destrucción masiva del régimen de Sadam Hussein. El tiempo le dio la razón, pues nunca se encontraron.

—Uno puede estar en acuerdo o desacuerdo en que España participara políticamente -lo remarca- en la guerra de Irak, y a lo mejor lleva razón, pero en torno a este conflicto se han tejido una serie de mentiras, algunas hilvanadas por la izquierda y otras zurcidas por cualquier enemigo de Aznar. Se las puedo decir a vuela pluma: la primera, que España participó en la guerra de Irak; lo hizo, pero políticamente, nunca envió tropas. En aquellas fechas, con la opinión pública indignada, parecía que España estaba enviando 40.000 jóvenes españoles a luchar contra los esbirros de Sadam Hussein. Mentira.
La segunda es que España participó en un conflicto que estaba prohibido o condenado por Naciones Unidas. Otra mentira. Naciones Unidas no se pronunció sobre el conflicto porque si lo hubiera hecho favorablemente, Francia hubiese vetado y no habría habido resolución; por el contrario, si lo hubiera condenado, EEUU sería quien lo hubiera vetado. Por tanto, al final no hubo resolución, porque el británico, el americano y yo nos dimos cuenta de que no teníamos los votos necesarios.
La tercera mentira es que la ONU estaba dividida. Aunque había más países en contra, había un número considerable a favor, pero como estaba el veto no cabía discusión.
La cuarta mentira es que Aznar se unió a Bush y a Blair, dividiendo Europa. Si uno cuenta los veintitantos países de la UE, la mitad estaban a favor y la otra mitad en contra.

Inocencio Arias durante un momento de la entrevista. Foto: SONIA MARCO—¿Y respecto al arsenal de armas de destrucción masiva?

Esa es la quinta mentira, que el conflicto se basó en la existencia de las armas de destrucción masiva cuando, dice la leyenda actual, todo el mundo sabía que no existían. No es así. Todo el mundo creía que sí existían, lo que en la ONU no se aprobaba es que, aún existiendo, se hiciera una guerra. La ONU no quería saber nada del tema y no se aprobó ni se condenó.
Lo que sucedía es que Sadam Hussein las había destruido y no lo probaba con claridad. Pero la gente creía que existían. Yo estaba en la ONU entonces y no recuerdo de 183 embajadores que había en ese momento, de ninguno, que me dijera: “Inocencio, os vais a meter en un lío porque no existen”. Sí recuerdo a muchos que me dijeron: “No tenemos la certeza de que existen, pero existen, y os vais a meter en un lío del que os vais a arrepentir, porque la intervención va a desestabilizar la región”. Y llevaban razón, fue un avispero, y EEUU llevó fatal la posguerra. En general, fue una chapuza.  

—En 1991 en Madrid se celebró la Cumbre de Oriente Medio, de la que usted fue testigo. Un encuentro que despertó muchas esperanzas y que 30 años después vemos que la zona sigue siendo un callejón sin salida.

—En unas ocasiones Israel es maximalista y no cede nada, y en otras los árabes han exigido demasiado. Actualmente, el conflicto está enquistado porque Israel no cede en permitir la creación de un estado palestino con el argumento de que hay grupos armados en los países vecinos, como Hezbolá, que quieren su destrucción, y no lo van a permitir. Por ello la responsabilidad principal de que no avance el tema de la creación de un estado palestino, en estos momentos del s. XXI, es de Israel.
Ahora bien, en un primer momento esa responsabilidad fue de los países árabes, cosa que nos olvidamos. Cuando la ONU falló por mayoría clara que se crease un estado de Israel y otro palestino, al día siguiente los judíos de la zona crearon el de Israel, y la respuesta de los árabes fue no crear el palestino, sino invadir Israel para que no existiera. Ahí, en la guerra de los Seis Días, la responsabilidad fue árabe.

—Sin irnos de la zona, ¿qué opina de la guerra de Siria, conflicto civil que ha adquirido tintes internacionales con la intervención de Rusia y EEUU para apoyar a los distintos bandos enfrentados?

—La ONU, con mucha frecuencia, es inoperante, y la guerra de Siria es un ejemplo de libro. Según las cifras que baraja Naciones Unidas, ha habido más de 400.000 muertos y más de cinco millones de desplazados, que es como si la población de toda la Comunidad Valenciana, más Murcia y la provincia de Albacete, se tuviera que ir a vivir a otro país y a otras ciudades metidos en chabolas. Hablamos de un drama humano de considerables proporciones. La ONU se ha estado ocupando de él durante cuatro o cinco años y no llega a una solución. ¿Por qué? Porque la ONU, es una monstruosidad jurídica al existir el veto. Hay cinco países que pueden paralizar y trabar, enervar la acción de la comunidad internacional porque a alguno de ellos no le interese una determinada acción. Rusia ha vetado 11 ó 12 resoluciones de la ONU sobre Siria. Esto demuestra que la ONU funciona muy bien en ciertas ocasiones y es una hecatombe en otras.

Inocencio Arias durante su intervención en Casa Mediterráneo. Foto: S. MARCO—En los últimos años estamos contemplando una vuelta a los nacionalismos con la aparición de líderes fuertes como Putin, Trump o Erdogan. En este contexto, y tras el Brexit, ¿cuál es el devenir de la UE?

—La veo mas agrietada y debilitada. No sólo por los nacionalismos, sino por la emigración, que ha dividido a la UE por completo, y otros temas en los que tenemos posturas divergentes, como el caso de Rusia con su actuación en Crimea, donde Putin ha alterando el mapa de Europa con una acción unilateral. Es una clara injerencia y Europa ha estado dividida: ¿cómo se actúa, se le enseña los dientes o no? ¿Se le aplican sanciones o no? Europa antes estaba dividida en ciertos temas como el medio oriente, pero en lo demás estaba unida, como en sus relaciones con EEUU.
Por otra parte, también está dividida en la forma en que debe verse la Europa del futuro: más cohesión o menos, más política monetaria única o menos…Aunque esto no signifique su desintegración, pues siempre ha tenido sobresaltos, ahora no está en sus momentos más boyantes. Tiene futuro, pero no es rosado.  

—Cambiando de tema, hablemos de otras de sus facetas como ex director deportivo del Real Madrid durante los años 93-95, ¿cómo ve la era Ronaldo y el star system que se ha generado en torno a este deporte en general?
—Ya en mi época el tema estaba totalmente desfasado, sobre todo desde el punto de vista crematístico. Ahora ya ha alcanzado ribetes de disparate absoluto, pues que se llegue a pagar por un jugador 200 millones de euros, o lo que ganan Messi o Ronaldo...Se les da una importancia que no tienen. Ahora bien, cobijarse en afirmar que esto es una locura sin decir que es un hecho real de increíbles consecuencias es ser ignorante y ciego. Los que no les gusta el fútbol dicen que es una locura, pero el fenómeno está ahí: es un disparate que traspasa fronteras sin distinción de clases social o sexo, un fenómeno sociológico incomprensible a primera vista pero que no se puede ignorar. La gente tiene que refugiarse en algo y el fútbol cumple esta función: ofrece una pasión, un sentido tribal de pertenencia, de espectáculo puro. Además, es un deporte muy fácil de practicar y de entender, lo que ha ocasionado que haya traspasado fronteras de esa forma. Su intensidad no va a bajar.

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