“El cambio climático en la Antártida afecta a las poblaciones de especies de pingüinos”

JOSABEL BELLIURE, doctora en biología. Profesora de ecología en la Universidad Alcalá de Henares.

Por SONIA MARCO

Recién llegada de Argentina de un congreso y con algo de jet lag, Josabel Belliure nos recibe en su soleada casa de Alicante para hablarnos de su trabajo centrado en el estudio de dos grupos de animales atípicos y bastantes equidistantes entre sí: lagartijas mediterráneas y pingüinos antárticos. En ambos casos, la finalidad de sus investigaciones confluye en un mismo ámbito de estudio: la capacidad de adaptación a sus entornos naturales y ante los cambios sufridos en sus ecosistemas, más rápidos de lo normal por el efecto del hombre. El miércoles 23 estará en Casa Mediterráneo presentando sus conclusiones.

Josabel Belliure en su estudio de Alicante. Foto: S. MARCODesde hace 25 años, Josabel Belliure participa en el estudio del comportamiento de los pingüinos barbijos que llegan a la isla Decepción, volcánica en su totalidad, frente a las costas de la península Antártica. Cada día recorre a pie durante dos horas la distancia que le separa desde la base científica española “Gabriel de Castilla” hasta las colonias, con el objetivo de estudiar sus estrategias reproductivas y de búsqueda de alimento, de cuyos cambios de comportamiento extrae conclusiones que indican si son debidos al cambio climático experimentado en el área.

Josabel Belliure en la isla Decepción con polluelos de pingüino. Foto: J. BELLIURE—Hace poco más de un mes que volviste de la XXXI Campaña Antártica Española, llevada a cabo durante el verano del polo sur, con única presencia humana de tus compañeros junto a otra misión de colegas argentinos. Un terreno inóspito que cada año eligen miles de pingüinos para reproducirse y que ayuda a entender qué está pasando en nuestro entorno. ¿Cómo definirías tu profesión?

—Me gusta considerarme como una detective ecológica, pues busco evidencias de las adaptaciones de los seres vivos para su reproducción y supervivencia. Lo que busco son rasgos adaptativos que les resultan beneficiosos para sobrevivir y reproducirse, las dos funciones básicas de los individuos de cualquier especie en el naturaleza.

Josabel Belliure en su estudio de Alicante. Foto: S. MARCO—¿Cuáles son tus líneas de investigación?
—La líneas de investigación que llevo a cabo se centran en la ecología evolutiva y del comportamiento, especialmente con los pingüinos antárticos y de las lagartijas mediterráneas. Por una parte, estudio los cambios que los pingüinos experimentan por el cambio climático, y por otro investigo aspectos del comportamiento de los reptiles, como la termorregulación en lagartijas mediterráneas de la Comunidad Valenciana, Madrid, y Túnez, así como el efecto de los incendios sobre las poblaciones de lagartijas en áreas propensas al fuego.

—¿En qué consiste tu trabajo con los pingüinos?
—En la Antártida llevamos 20 años realizando estudios en el pingüino barbijo con la finalidad de estudiar sus estrategias reproductivas en esos ambientes tan fríos. La mayoría de las veces nos hemos centrado en estudiar su reproducción, esto es, su vida una vez pisan tierra firme y dejan el mar, pues como aves marinas que son, sólo pisan tierra firme dos veces al año: para reproducirse  y para mudar la pluma. Hemos estudiado cómo se distribuyen en colonias y para ello hemos trabajado con una de 20.000 parejas de pingüinos.

—Se dice que el pingüino es una especie muy fiel.
—Sí, es una especie en la que se ha estudiado la monogamia con el marcaje de parejas, donde se ha comprobado que se mantienen. Pero es verdad que luego las técnicas que han permitido realizar pruebas de paternidad han comprobado que hay promiscuidad por ambas partes. Por ello, hay monogamia social pero practican poligamia sexual, si bien es cierto que entre los pingüinos hay menos promiscuidad que en otras especies. Las parejas se mantiene, lo que es muy interesante y tiene su sentido, ya que buscar pareja cada año tiene un coste energético muy grande. La ecología es economía y todo funciona bajo la ecuación de buscar más beneficios con el menor coste. Todo aquello que resulta excesivamente costoso no se realiza.

—¿Cómo llevas a cabo tu investigación, qué es lo que más te interesa de su comportamiento?

—Nuestros estudios se basan en observar los aspectos que pueden ser cruciales para llevar con éxito la reproducción. En el caso de los pingüinos, por ejemplo, los nidos, su ubicación y tamaño parecen ser importantes. Aunque se trata de una colonia grande, se distribuyen en sub colonias que vendrían a ser como comunidades de vecinos, cuyos nidos quedan en posiciones centrales o periféricas, lo que condiciona el éxito de la reproducción, más afianzada en las centrales. También comprobamos  que los individuos de las posiciones centrales son mucho más competitivos…Nos interesa este tipo de información.

Las preguntas que nos hacemos es quién consigue criar bien a sus pollos y por qué a través de un seguimiento del crecimiento de los pollos. Comparamos la variabilidad de las parejas y sus crías, y nuestra curiosidad es saber qué decisiones se toman o componentes genéticos influyen en la reproducción, como la posición del nido.

Este año la base del proyecto ha sido conocer dónde están yendo a buscar el alimento y qué gasto energético les supone, saber qué ocurre dentro del mar. Ello tiene mucho que ver con el cambio climático, que está afectando al número de poblaciones del barbijo desde que estamos yendo a la Antártida, y una causa es porque el krill, su alimento principal, está disminuyendo por culpa del aumento de la temperatura del agua del mar.

Colonia de pingüinos en la Antártida. Foto: J. BELLIURE—¿Cómo afecta esto a los pingüinos?

—En la zona donde estamos, en las islas del entorno de la península antártica, se ha detectado en los últimos 50 años un aumento de la temperatura del mar de dos grados centígrados y medio. Esta circunstancia ha provocado una disminución de la cantidad de krill, lo que a su vez repercute en un mayor gasto energético del pingüino a la hora de buscarlo como alimento, y ello afecta a su reproducción.

Se acepta que hay un efecto invernadero que está acelerando un cambio climático, puede que producido por causas naturales como en otras épocas, pero en este caso estamos notando una aceleración que está relacionada con la acción del hombre.


Del hielo al fuego

—La otra línea de investigación que llevas a cabo está relacionada con otra especie muy distinta: se trata de un reptil, una lagartija, en un hábitat diferente, el mediterráneo. ¿Cómo llevas a cabo estos estudios?

—El objetivo de nuestros estudios es conocer el efecto de los incendios y el fuego en las especies, pues éste puede tener efectos positivos. Tras un incendio, la diversidad aumenta y las condiciones físicas de los individuos puede mejorar, pues el fuego elimina parásitos y la zona queda más aséptica.
El panorama al inicio es desolador, pero tras un año ya tienes una capa de vegetación y fauna con mucha energía.

—Una cosa son los incendios naturales, pero los causados por el hombre no serán tan beneficiosos…

—Todas las especies mediterráneas han evolucionado bajo un régimen de incendios con unas frecuencias variables en cada sitio diferentes. Lo que está cambiando en los últimos años es el número de incendios, que está aumentado a causa de la presencia humana, bien accidentales o provocados. La alarma está en que aumenten, pero la presencia del fuego define al ecosistema: el fuego siempre ha estado en el Mediterráneo y tiene que estar para que se mantengan sus características. El fuego cero sería una estrategia equivocada, pero hay que evitar que el numero aumente, pues si se modifica su frecuencia natural, puede tener consecuencias negativas.

Mujeres y ciencia

—Llegaste a la Antártida hace 25 años, ¿cómo ha evolucionado la participación femenina en este tipo de misiones y en la ciencia en general a lo largo de estas dos últimas décadas?

—La primera vez que fuimos chicas a la base "Gabriel de Castilla" en la Antártida fue en el año 93 y desde entonces sí se ha notado un aumento en el número de mujeres que van. Las misiones de biología marina que se llevan a cabo a bordo de los barcos sí que han registrado más participación de mujeres que los proyectos que se llevan a cabo en las bases. Aún así, seguimos siendo una proporción baja, ya que este año de 35 hemos sido 5 mujeres, y  el año pasado de 40 éramos 7.
En general, en el área de la ecología de campo todavía es baja la proporción, aunque en los laboratorios hay más mujeres. Revisando las cifras, en mi departamento y otros similares las mujeres constituimos un tercio del total de investigadores.

Curiosamente, en la carrera de biología hay más estudiantes mujeres que hombres, y haciendo las tesis doctorales el número también es alto, casi más que hombres, pero después el ciclo cambia y no llegan a alcanzar posiciones de responsabilidad en la universidad o el CSIC.

—¿Cuáles pueden ser las causas?
—Puede influir el tema de la maternidad, y ahí es donde reivindicamos mayores facilidades a la hora de conciliar familia y carrera científica. Todavía falta camino que recorrer en este sentido. Por ejemplo, los baremos para valorar la producción científica de los investigadores todavía tiene una consideración muy escasa de las implicaciones de la madre en la crianza.

—¿Se produce esta situación en otros países?
—Creo que es parecida. Cuando coincidimos en los congresos con colegas y comentamos la conciliación entre carrera científica y la maternidad, tenemos las mismas quejas y experiencias.

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