''Yugoslavia es la Atlántida del siglo XX''

JUAN FERNÁNDEZ ELORRIAGA, periodista. Corresponsal agencia EFE en Belgrado.

por SONIA MARCO

Las diversas guerras que asolaron la península de los Balcanes en la década de los 90 supusieron el paso más traumático hacia un nuevo régimen democrático tras la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría. La antigua Yugoslavia se desmembró en nuevos estados que pedían su independencia y cuyo precio se saldó con una guerra. Corresponsal en Belgrado desde los años 60, Juan Fernández Elorriaga ha sido testigo de excepción de todo lo acontecido desde la época de Tito, como las fricciones tras su muerte, las guerras que asolaron la península Balcánica y el nuevo rumbo de las nuevas naciones. Su experiencia fue compartida en el ciclo “Periodistas y el Mediterráneo”, organizado por Casa Mediterráneo en colaboración con la Asociación de la Prensa de Alicante.

De izquerda a derecha, los periodistas Rafa Torres, Juan Fernández Elorriaga y Sonia Marco durante la conferencia. Foto: MARÍA GILABERTJuan Fernández Elorriaga cubrió en centenares de crónicas acontecimientos como la caída de Ceacescu en Rumanía, la guerra de Bosnia, el tortuoso camino de Croacia hacia su independencia, con guerra incluida; el conflicto de Kosovo y la revuelta de Albania. Afincado en la zona desde principios de los años 80, pocos periodistas conocían como él los orígenes y razones del último conflicto bélico en suelo europeo, el odio étnico que se desató tras la muerte de Tito y la desintegración de su efímera Yugoslavia. Le preguntamos sobre su vasta experiencia como periodista, sus vivencias y visión de la zona.


—En primer lugar, nos gustaría que nos contaras desde tu experiencia como periodista cómo ejerciste la profesión en las diferentes guerras que asolaron la península de los Balcanes en los años 90. Llevabas ejerciendo de corresponsal en la zona unos cuantos años, eras ya un veterano, y cuando estalla el conflicto te quedas para cubrir la guerra. ¿Cómo viviste ese proceso de desmembración de la antigua Yugoslavia, tras la muerte de Tito, y el resurgir de los nacionalismos que desembocaron en la guerra?

—Yo siempre comparo la situación que se produjo con el cuento de Blancanieves y los siete enanitos. Yugoslavia eran siete repúblicas, se murió Tito y las seis que quedaron, al margen de Serbia, manifestaron su intención de irse, una posibilidad que ya contemplaba la constitución yugoslava. En cierto modo, era previsible lo que ocurrió. Yugoslavia es la Atlántida del siglo XX.


—En la guerra de los Balcanes sucede un hecho que la diferencia del resto: el periodista se convierte en objetivo de los francotiradores. Hasta entonces, el reportero cubría las guerras acompañando a los ejércitos en sus desplazamientos, pero en esta en concreto los compañeros que cubristeis la contienda fuisteis más allá en la búsqueda de información. ¿Cómo llevasteis a cabo vuestro trabajo?

—Yo estaba en Belgrado, dirigiendo la delegación de la agencia EFE y contaba con una red de colaboradores en los distintos puntos donde se desarrollaban los conflictos, por lo que estaba relativamente seguro excepto al final de la guerra cuando la OTAN bombardeó la capital serbia. Fue una guerra de morteros, difícil de controlar su devenir. De vez en cuando viajaba a Sarajevo y entonces tenía que ponerme el chaleco antibalas y llevar las medidas de precaución pertinentes, aunque era mejor ir sin identificarte como prensa pues te convertías en un blanco fácil.

—El trabajar en situaciones límite como es cubrir una guerra crea un vínculo especial entre los corresponsales allí desplazados. ¿Cómo fue el ambiente de trabajo entre los periodistas que os encontrabais allí?

—Hubo bastante solidaridad entre los compañeros, en general no se regateaba con la información, éramos muy conscientes de la situación límite en la que vivíamos.

—La guerra de los Balcanes tuvo un antes y un después con la intervención de la ONU primero y después de la OTAN. ¿Qué diferencias encontraste a la hora de ofrecer y dar tus crónicas una vez entraron en escena las fuerzas internacionales?

—La verdad es que los militares allí desplazados fueron muy profesionales con nosotros, nos ayudaron a trabajar con más seguridad, pero no soltaban prenda, no eran una fuente informativa muy productiva.

—De todos los hechos que cubriste e informaste, y fueron muchos, ¿cuál fue el más duro, aquel que te impactó más?

—No puedo destacar ningún hecho en concreto, hubo muchos. Fue una guerra muy dura desde el punto de vista humanitario pues se empleó una nueva forma de crear problemas al enemigo a través de los desplazados, con situaciones humanas muy dramáticas.

Momento del encuentro con Juan Fernández Elorriaga celebrado en Casa Mediterráneo. Foto: MARÍA GILABERT—De tu experiencia en Belgrado, cuando las fuerzas de la OTAN comenzaron a bombardear la ciudad, ¿qué recuerdo o sensaciones guardas?

—Sientes una humillación muy fuerte porque te sientes como una hormiga con los aviones encima tuya rompiendo la barrera del sonido. Pero después de tres o cinco días de bombardeos les pierdes respeto, casi te llegas a acostumbrar.

—La guerra de los Balcanes supuso casi tu retirada de las trincheras informativas, pues en 2004 asumes el reto de dirigir el Instituto Cervantes en Belgrado. Desde la institución, eres testigo de la época de la esperanza, la reconstrucción de la zona tras el horror de la guerra. ¿Cómo fue este proceso?

—Las heridas se han ido cerrando relativamente y es cierto que mientras los ingleses y franceses tardaron más de 20 años en hablarse tras la II Guerra Mundial, en la antigua Yugoslavia las relaciones se están normalizando más rápidamente entre serbios y croatas. Los primeros viajan de turismo a las costas adriáticas y ya no hay tantos ataques a sus coches, por ejemplo.

Desde el punto de vista económico, Serbia añoran la estabilidad de la época de Tito. Nunca conocieron el bienestar de la Europa Occidental, pero vivían con sus necesidades cubiertas en un clima de buena convivencia. Ahora, sin embargo, tienen un PIB por debajo del que tenían en 1990, pues los bloqueos de la guerra mermaron mucho su capacidad económica e industrial, y Merkel les ha dicho que hasta 2025 no entrarán en la Unión Europea.

—En la actualidad, el periodismo se ejerce de una forma muy distinta en los lugares de conflicto. Con las nuevas tecnologías y la crisis, las corresponsalías se han reducido drásticamente, limitándose casi a las agencias, y han proliferado los free lance, que marchan a las guerras por su cuenta y riesgo, sin ese respaldo empresarial detrás. ¿Cómo percibes esta situación actual?

—Soy pesimista, es una tendencia que irá a más y no creo que haya una evolución más positiva en las condiciones de trabajo de los nuevos corresponsales. La información nos llegará a través de estas antenas establecidas en los sitios de conflicto.


 


                      

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