''Las mujeres son el elemento de cambio más poderoso de Oriente Medio''

ÁNGELES ESPINOSA, corresponsal de “El País” en Oriente Medio.  

Por SONIA MARCO

La periodista Ángeles Espinosa lleva más de tres décadas cubriendo la actualidad de Oriente Medio como corresponsal del diario “El País”. Desde su primer conflicto, la guerra civil libanesa de los 80, sus crónicas han retratado hechos históricos y ha acercado la realidad social de estos países, en muchas ocasiones con la mujer como protagonista. Espinosa compartió su visión y experiencias en Casa Mediterráneo dentro del ciclo “Periodistas y el Mediterráneo” que organiza la institución diplomática con la colaboración de la Asociación de la Prensa de Alicante.

—Desde Oriente Medio, esa parte del mundo siempre convulsa y, a fin de cuentas, desconocida aún para gran parte de la sociedad occidental, nos has informado de hechos históricos. ¿Qué se siente en esos momentos?

—Cuando estás viviendo esos sucesos no tienes consciencia de que se trata de un hecho histórico. Estás tan embebido en el trabajo que no tienes esa percepción; eso se produce después, cuando ves el eco y la repercusión en el tiempo. Hay acontecimientos como la guerra de Afganistán o de Irak en los que vas viendo como se produce una progresiva preparación, y ya llegas con esas expectativas, pero en el resto no tanto.   

—De todos ello, ¿cuál es el que más te ha impactado?

—Es difícil porque han sido muchos, pero quizás la que más me afectó fue la guerra civil libanesa al ser mi primer destino como corresponsal y además había puesto mucho interés en estudiar esa guerra como trabajo de fin de carrera. Pero como hecho más trascendente del que he informado y que cambió los equilibrios de fuerzas en la zona, sin duda fue la guerra de Afganistán.

—Cuatro décadas dan para reflexionar sobre cómo han ido evolucionando las condiciones y las formas a la hora de ejercer la profesión como corresponsal. La irrupción de Internet marcaría un antes y un después, así como ahora las redes sociales, los smartphones…¿Qué opinas?

Sin duda ha cambiado mucho, por la presión de inmediatez que tenemos ahora y también por los medios materiales. Al principio de ejercer la profesión recuerdo ir cargada con un maletín lleno de apuntes y biografías de los líderes del país donde iba a trabajar, ahora todo eso lo tienes a un click en google, o lo guardas en la nube. También los primeros portátiles con los que viajé, los famosos Tandy, y cómo cuando llegaba a un hotel lo primero que hacía era desmontar los teléfonos para transmitir a través de los cables. Ahora ya con el wifi lo tenemos solucionado enseguida.

¿Cómo están los países de Oriente Medio en el aspecto tecnológico?

Algunos países se han incorporado tarde a lnternet, pero no por carecer de medios, sino por el intento de control de los gobiernos. Pero fue una situación inicial, hoy en día no hay ningún país que no esté enganchado, incluso Afganistán, donde en la época de los talibanes no existían las comunicaciones y llegué a utilizar teléfono por satélite. Tras el cambio de régimen se han incorporado de una forma increíble, con gran entusiasmo de la población.

¿Cómo has conjugado el hecho de ser mujer con el ejercicio de la profesión periodística en países donde no se reconocen los mismos derechos a las mujeres que a los hombres?

Como periodista extranjera de alguna forma te conviertes en una especie de tercer sexo, de “hombre honorario”. Los problemas graves de falta de derechos de la mujer en esa parte del mundo se centran sobre todo en el derecho de familia, donde las mujeres tienen muchos problemas en obtener el divorcio, conseguir la custodia de los hijos, o la misma herencia que sus hermanos varones…Esas cosas no nos afectan como extranjeras periodistas, y en el trato es bastante deferente y cortés, no he encontrado dificultades insuperables en ese hecho.

—A lo largo de tu carrera, has entrevistado a los principales líderes mundiales de países donde los derechos a las mujeres están restringidos. ¿Cómo responden ante las preguntas de una mujer?

—El nivel de control no depende tanto de los líderes en particular como de su gabinete. Cuando entrevisté a Mubarak por primera vez, de su lista de preguntas, el ministro de información me tachó tres o cuatro, de las que algunas era importante, y una vez finalizando la entrevista, Mubarak me dijo: “¿Y no me va a preguntar usted sobre…?”, y le dije “Sí, claro, pero su ministro de Información me lo ha denegado…”. Y fue muy interesante porque habíamos acabado la media hora convenida y la entrevista se alargó como 45 minutos más. Cuando salí, la persona que estaba esperando era Mohamed el-Baradei, quien en los días siguientes lo nombrarían Director General de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, y con el que hablaría más tarde sobre la política nuclear de Irán. Fue todo muy curioso. Luego te llevas sorpresas, como con el líder iraní Ahmadineyad, que no me pidió las preguntas de antemano.

—Precisamente Irán, de donde te expulsan en julio de 2011 tras tu entrevista al hijo del ayatolá disidente Ali Montazeri y tu cobertura al caso Ashtianí. ¿Te esperabas esta respuesta?

Cuando trabajas en países donde no hay libertad de expresión sabes que hay límites y cuando los has rozado o traspasado una y otra vez, en algún momento puede haber este tipo de respuesta. Lo que sí me sorprendió es que sucediera seis meses después de los hechos. El caso Ashtianí, una señora condenada a lapidación, era un tema extremadamente delicado y sensible para el régimen iraní, y sé que había molestado la cobertura que le había dado. El momento de la detención fue una sorpresa,  pues ocurrió en la puerta de la casa del hijo del ayatolá Ali Montazeri, que estaba vigilada, y la expulsión ocurrió en dos fases, donde se demuestra la astucia de los servicio secretos iraníes.  Una vez detenidos, nos retiraron las tarjetas de prensa, y gracias a las gestiones de mi periódico y la embajada de España, en unas horas estábamos en libertad. No fue nada traumático. Marché de vacaciones y al volver me encontré con que mi pasaporte estaba cancelado, mi permiso de residencia, etc. Se armó un gran revuelo y he de reconocer el apoyo de las asociaciones de la prensa en España, que se movilizaron y me apoyaron. Hubo una llamada, lo supe después, del entonces Ministro de Exteriores Moratinos a su homólogo iraní,  y entonces los iraníes intentaron acallar el revuelo y me dieron un visado por seis meses de prueba, para ver si me "portaba bien". Entonces estallaron las revueltas de la primavera árabe y escribí muy poco de Irán en esos meses, con lo cual no podían decir que había sido problemática, pero cuando fui a renovar mi visado no me lo concedieron. Me dieron tres días para irme.

Momento de la conferencia de Ángeles Espinosa. Foto: MARIA GILABERT.Parece que últimamente hay atisbos, pequeños indicios de que las cosas parecen estar cambiando a favor de las mujeres en Oriente Medio. ¿Cuánto hay de realidad en ello?

En occidente se tiene la percepción errónea de que las mujeres de Oriente Medio son seres pasivos, y que los derechos que no tienen les llegarán hasta que no hagamos una protesta. Es errónea, porque hoy día las mujeres son el elemento de cambio más poderoso que hay en esta región, ya que son las que tienen más que ganar. En todos los países, más o menos patriarcales, siempre ha habido movimientos de mujeres, incluso en el Afganistán de los talibanes donde mantuvieron redes de asistencia sanitaria y de educación debajo de un burka, con gravísimo peligro para sus vidas.

¿Cómo viven esas mujeres que se criaron con total libertad y fueron obligadas después a llevar el hiyab? ¿Qué opinan y sientes sus hijas y nietas cuando ven esas fotografías, las de los años 60 y 70, de una sociedad tan diferente?

El caso de Irán es interesante porque se ha confundido lo que ocurría con Teherán o las grandes ciudades con el resto del país. Las élites urbanas sí habían llegado a un nivel de modernidad donde eso empezaba a ser normal, pero en realidad no era la norma general. Cuando se produce la revolución del 79 y los islamistas ganan, la otra parte de la sociedad sube al poder, que es la que se quedó atrás en esa modernidad, compuesta por clases medias y bajas, y sobre todo del ámbito rural, mayoritario en el país. Hoy ha cambiado su fisonomía, el 65% de la población ya es urbana. Para las mujeres de esa generación sí fue duro acatar la imposición y cubrirse, pero las mujeres descendientes me dicen que el pañuelo es el menor de los problemas que tienen, lo que les preocupa es cambiar la ley. Y ellas han avanzado mucho en ello, lo último ha sido conseguir equiparar la indemnización de un accidente de coche entre hombres y mujeres.

—Nos llegan ecos de movimientos muy activos, precisamente de mujeres jóvenes de esa tercera generación nacidas ya en la Revolución, donde desafían las normas y lanzan al aire su hiyab blanco…

Esta generación nueva, muy interconectada con las redes, sí se plantea el hecho de la imposición del pañuelo, pero es un grupo muy pequeño aunque significativo, ya que su desafío puede implicar condenas de cárcel e incluso de 80 azotes por ley. Es importante señalar que hasta ahora estos movimientos están lanzados desde fuera de Irán por una activista defensora de los derechos de la mujer, exiliada tras las revueltas de 2009. Aunque este último movimiento sí ha sido originado por una mujer que a título individual decidió quitarse el pañuelo y sirvió de modelo a otras. El número no es muy elevado todavía pero es la punta del iceberg de un malestar de mujeres de nuevas generaciones que dicen “no me digan cómo tengo que vestirme”.

De las primaveras árabes, ¿qué quedó de ellas?

Creo que fuimos muy optimistas calificando de primaveras aquellas revueltas. Era iluso pensar que una pequeña revuelta popular podía acabar en cualquiera de estos países con estructuras autoritarias de décadas. Hubo fuerzas que tenían mucho miedo de que pudiera triunfar un modelo participativo democrático en un país árabe y apoyaron las contra revueltas. Los movimientos no obtuvieron un apoyo real de occidente, que jaleó y aplaudió las revueltas pero no las apoyaron desde un punto de vista real -otro asunto sería de qué forma podría haber apoyado o no, cuando a Occidente se le acusa constantemente de intervenir en la zona-.

El caso es que esa ansiada primavera parece haber acabado en un duro invierno, pues lo que ha dejado detrás son guerras muy profundas, de las que todavía no se ha terminado de pagar las consecuencias, con destrucción del tejido social y guerras internas. Las primaveras han sido un fracaso, pero lo que sí significaron es la pérdida del miedo de la sociedad a los regímenes autoritarios que parecían invencibles e intocables, y las autocracias que han sobrevivido, que son las monarquía árabes, han tenido que tomar nota y darse cuenta que tienen que escuchar a su población.

Respecto al liderazgo en la zona, se ha producido un relevo generacional de jóvenes líderes con otra visión, como el caso de Arabia Saudí.

—El nuevo heredero de Arabia Saudí, líder de la zona, parece que llega con nuevas ideas, pero cabe preguntarse hasta qué punto se las cree. Se ha encontrado con una población muy joven -dos tercios tienen menos de 30 años-, muy interconectada con el mundo a través de las redes sociales, y con una bajada del precio del petróleo. Ello no le permitirá mucho más mantener a la población contenta, con trabajo improductivo –el 60% trabaja para el gobierno-, atención sanitaria y sin impuestos, a cambio de no participar. Tendrá que hacer una reforma económica que implique el apoyo de la población, y entonces habrá que motivar a los jóvenes para que estudien profesiones técnicas, lo que pasa por permitir a las mujeres que puedan conducir para ir a estudiar. Parece que se avecinan nuevos tiempos, pero habrá que verlo.

Ángeles Espinosa acaba de publicar el libro "El tiempo de las mujeres. Crónicas asiáticas", por la editorial La línea del horizonte.

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