"La literatura es energía y los escritores su canal"

PAZ CASTELLÓ. Escritora. 

Por SONIA MARCO

A título de sentencia judicial, “Dieciocho meses y un día” es la última novela de Paz Castelló que nos muestra cómo de terribles pueden ser las secuelas de un asesinato de violencia machista en el entorno de la víctima. La autora alicantina nos muestra el difícil día a día del después y pone en jaque al lector con la eficacia del sistema judicial español como trasfondo. La novela viene avalada conel premio Letras del Mediterráneo 2018 que otorga la Diputación de Castellón y acaba de ser publicada en Argentina.

Paz Castelló con su último libro "Dieciocho meses y un día". Foto: Redacción HdLTras el éxito de su anterior novela “Mi nombre escrito en la puerta de un váter”, publicada hace un año, Paz vuelve a bucear en las entrañas del ser humano para ofrecernos de nuevo hasta qué límites correctamente sociales es capaz de respetar ante situaciones emocionalmente extremas.

—¿Por qué centras la trama en un caso de violencia machista?

—Por mi trabajo como periodista, he asistido a actos institucionales donde se han guardado minutos de silencio por víctimas de la violencia machista y siempre, al acabar ese momento, me he preguntado…¿Y ahora qué, qué pasa con sus familiares y amigos? El efecto metralla de esta barbarie es tremendo y decidí abordarlo en una novela donde pudiera volcar toda esa rabia y frustración que me producen estos hechos.

—El título de la novela evoca una sentencia, podemos imaginar que haces espoiler…

—En absoluto, en efecto, es una sentencia pero no judicial, sino emocional. Es el tiempo que la protagonista de la novela, Sabina, permanece encerrada en su casa con estrés postraumático por haber sido testigo de la muerte de su mejor amiga en manos de su ex pareja. Es el tiempo que lleva encerrada con miedo a salir a la calle esperando la sentencia del juicio que, por fin, llega.

—Una sentencia que se sabe en el primer capítulo y que no es precisamente justa. ¿Tan mal está nuestro sistema judicial?

—La novela ofrece la parte más instintiva y criminal del ser humano en contraposición con la racional, encarnada en el sistema judicial cuya eficacia, en efecto, critico en la novela. La resolución, basada en la falta de pruebas, es injusta y sólo la protagonista sabe la verdad, lo que alimenta su rabia y frustración.

—Y entonces decide tomar riendas en el asunto y vengarse…

—Hay que entenderla, pues lleva año y medio encerrada, sin poder salir de su casa, con estrés postraumático esperando que haya justicia para volver a retomar las riendas de su vida. Con la resolución judicial que deja en libertad al asesino de su amiga se siente desamparada y busca justicia de una forma menos ortodoxa. El sentimiento humano está a flor de piel, por encima de la razón.

“Dieciocho meses y un día” está ambientada en Peñíscola, en pleno Mediterráneo, un espacio abierto y luminoso, que contrasta con el encerramiento de la protagonista. ¿Cómo es de determinante en la novela?   

Conozco Peñíscola desde hace tiempo y me llamó mucho la atención su parte histórica, las calles empinadas y estrechas, y su aire bohemio. Decidí ambientar la novela en este enclave porque es el contrapunto al mar que tanto le gusta pintar a Sabina, la protagonista, y constituye una especie de útero donde se siente protegida y arropada. El hecho de que el asesinato se haya cometido en sus calles es para ella como una violación, y por eso desarrolla la agorafobia.

—El tiempo también es importante para la narración, ocurre en verano y todos sabemos lo sofocante que llega a ser en estas latitudes…

—Sí, centré la trama en verano porque el calor tiene un papel importante para acentuar la situación que vive Sabina. Los demás personajes pueden entrar y salir pero ella no, soporta el calor como puede encerrada en su casa. Busca venganza con esa dificultad añadida.

—Y ahí reside el misterio, ¿cómo lo consigue sin salir de su casa?

—Eso es lo que descubrirá el lector a lo largo de la novela...(risas).

—¿Cómo fue el proceso creativo de “Dieciocho meses y un día”?

—Bastante intenso. Cuando escribo me meto en la piel de los personajes y para describir el encerramiento de Sabina me dejé llevar por cómo se podía sentir en esa situación, descuidada, pasando calor, sin arreglar… Al acabar el libro sentí que tenía que quitarme la piel de Sabina, salir, arreglarme...Fue un alivio, la verdad.

Menos mal que no sería mucho tiempo…¿Cuánto tardaste en escribirla?

—Soy bastante metódica y siempre comienzo en septiembre, con el año escolar. Dedico una media de tres horas al día y avanzo unas tres páginas al día. En total vienen a ser unos siete meses.

 

Trayectoria firme

“Dieciocho meses y un día” es tu tercera novela publicada. Empezaste en 2013 con “La muerte del 7” y cuatro años después llegó “Mi nombre escrito en la puerta de un váter”, que nació como una llamada de atención a la industria editorial y su maquinaria de mercadotecnia, y tuvo un gran éxito. Ahora nos llega esta con premio bajo el brazo…parece que las cosas van bien.

La travesía en el desierto ha sido dura y durante este tiempo,  sobre todo en la época más cruenta de la crisis, muchas veces me pregunté si quería seguir o no, si tenía la suficiente confianza en mí misma para ello. En esos momentos,  el apoyo de mi familia que ha sido fundamental y también debo mucho a Internet, donde empecé con un blog literario y donde nunca he tenido una mala experiencia con los lectores, sino todo lo contrario.

En efecto, eres una escrito muy activa en las redes sociales.

—Sí, creo que es una excelente forma de llegar a los demás y estoy a punto de llegar a los 5.000 seguidores en Facebook, donde intento mantener contacto personal con los lectores. El trabajo de un escritor es muy solitario y se agradece el cariño que te muestran; desde que acabas una novela hasta que consigues publicarla pasa muy tiempo y este apoyo es fundamental.

—Tras el éxito de “Mi nombre escrito en la puerta de un váter”, ¿no sientes presión por ver cómo funcionará esta novela?

—En cierto modo sí, pero procuro que no me afecte. Para escribir hay que liberarse y dejarse llevar por el instinto, disfrutar describiendo lo que sientes y cómo lo trasmites. La literatura es energía y los escritores somos su canal, plasmamos sentimientos en papel.

El galardón de las Letras del Mediterráneo 2018 habrá ayudado a eliminar parte de esa incertidumbre…

—Recibir el premio ha sido como llegar a la meta tras una larga carrera y poder beber agua, pero sigo con los pies en la tierra. Esto es una carrera de fondo y hay que seguir adelante.

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