''Moriré de emociones''

TOMÁS ALCOVERRO, corresponsal de La Vanguardia en Oriente Medio. 

Por ALMUDENA AGULLÓ

Tomás Alcoverro (Barcelona, 1940), corresponsal del diario “La Vanguardia” en Oriente Medio, es un enamorado de Beirut (Líbano), ciudad en la que reside desde hace 50 años. Ha vivido guerras, invasiones, golpes de estado… y es el corresponsal más veterano de esta conflictiva zona. Como testigo y cronista de excepción de esta región de Levante, Alcoverro ha visitado Alicante para participar en el debate sobre Oriente Medio organizado por Casa Mediterráneo como parte del ciclo de conferencias “El Mediterráneo Hoy”.

Tomás Alcoverro en Casa Mediterráneo. Foto: HdL

—De Licenciado en Derecho a corresponsal de guerra… ¿ha ejercido alguna vez como abogado?

No, nunca, aunque sí he sido profesor ayudante de Derecho Internacional Público en la Universitat de Barcelona durante seis años. En mi época, la carrera de Derecho era una carrera muy clásica, de la que se decía que tenía muchas salidas, pero nunca pensé en dedicarme al Derecho. Yo lo que quería era escribir y había empezado ya de joven. He trabajado como corresponsal desde hace 50 años, prácticamente todos en Oriente Medio y ahora soy columnista, envío un artículo semanal a “La Vanguardia” y sigo viviendo en Beirut. También he sido corresponsal del mismo diario en París y Atenas pero eso para mí es anecdótico.

 

—Es decir, que llega al periodismo por su afición a la escritura...

Sí, francamente hablando, a mí más que informar, me gusta escribir.

 

—Y… ¿cuál es la delgada línea roja que separa al escritor del informador?

Digamos que la diferencia sería tener vocación de estilo o no tenerla, y aquí podríamos hablar horas y horas; no es frecuente ni habitual que un periodista tenga esa cualidad. Un periodista tiene una concepción de la información que no es exactamente la que yo tengo. Yo creo en la palabra, creo en la expresión, en que hay que hacerla lo más acertada, no diré perfecta, y correcta posible.

 

—Lógicamente se refiera a la prensa escrita...

Sí, sí… estoy hablando de lo que conozco que son los periódicos, no de la radio y la televisión. Sigo creyendo que si hoy en día la gente se gasta 1 o 1,5 euros en un periódico es para que le cuenten otras cosas diferentes a las que están al alcance de su mano sin hacer ningún gasto ni ningún esfuerzo. De hecho, la famosa crisis de la prensa escrita tiene que ver con que si tú únicamente lees en un periódico lo que has oído por la radio o visto en Internet, es decir, que el periódico no te enriquece, no creo que tenga ningún sentido comprarlo, así de claro.

 

—¿Se siente corresponsal o corresponsal de guerra? Aquí también hay matices...

No soy corresponsal de guerra en el sentido más estereotipado del tema. La imagen del corresponsal de guerra que va con chaleco antibalas y casco, y que se arrastra por debajo de los tanques es una imagen pero yo no diría que sea la única. En este sentido, yo no puedo presumir de no ser corresponsal de guerra… cuando por ejemplo he vivido de Beirut sin salir de la ciudad durante los 15 años que duró la guerra civil de 1975 al 1990. Pero es muy distinto que como periodista te pidan una crónica para la televisión, que tienes que estar en la brega y, por tanto, tienes que ser corresponsal de guerra en el sentido más clásico de la palabra que lo que yo pueda decir en mis crónicas… no es únicamente explicar las emociones o los peligros que pueda tener por estar delante de un tanque.

 

—Guerra de Beirut, 1975 a 1990 y usted estaba allí… ¿cómo se vive una guerra? ¿Cómo se convive con ella? ¿Y cómo se narra?

Lo primero que quiero decir es que se describen mal las guerras; la guerra no quiere decir que todo esté en guerra. Por ejemplo, yo estuve en Alepo (Siria) en diciembre pasado y no me canso de explicar que toda la ciudad está en pie, perfectamente en pie, hay semáforos, hay... de todo; es únicamente una parte de la ciudad la que está destruida. La guerra no significa que todo el tiempo sea guerra.

 

—¿La imagen que nos llegan a través de los medios de comunicación es sesgada?

Bueno, las imágenes que te van a dar son las imágenes de zonas de conflicto pero, por ejemplo, el Líbano es un país pequeño y es una guerra muy difícil de describir. Por ejemplo, estando el país en guerra nosotros nos íbamos a la playa y al lado estaban tirando bombas… es muy difícil de imaginar y de contar. Pero la gente se acostumbra a vivir en situaciones difíciles, hace el amor, estafa, lo pasa bien, se va al cine… todo depende de donde te coja a guerra; estas guerras que ahora ocurren en el Levante -el Líbano, Siria, Palestina- son guerras de ciudades que se dividen en dos sectores y entonces lo vives de una manera u otra, dependiendo de si estás cerca o no de línea de combate.

 

—¿Cuál es el momento en que siente que Beirut es su casa? No digo su patria, digo su hogar…

Mira… para mí Beirut es como el anillo a mi dedo… me encontré a gusto desde el primer momento. Yo considero mi casa Oriente Medio, Beirut. Puedo ir a otras ciudades pero siempre regresaré y regreso a Beirut. Ni París ni Atenas. Beirut es la ciudad más fácil para los occidentales porque es una mezcla de culturas; no es Damasco, El Cairo, Marrakech… es una ciudad muy inexplicable. Es la capital de un país del mundo que tiene más periódicos diarios como 14 o 15; muy rara, muy especial, rompe esquemas. Hay un tipo de gente que nos hemos enganchado a Beirut.

 

—¿Por qué nos cuesta tanto comprender los conflictos de Oriente Medio?

Oriente Medio nos gusta y escandaliza al mismo tiempo; es muy, muy difícil comprenderlo incluso para los propios árabes. Mira… el que cree que conoce el problema de Oriente Medio es porque no se lo han explicado bien. Desde un punto de vista de los medios de comunicación, estamos tocando fondo y eso es frustrante… el tratamiento es como información-espectáculo, cuanto más carnaza, destrucción, muertos y sangre… mejor y ahí intento poner mi granito de arena porque cuento y explico cosas que no tienen nada que ver con eso; los míos son temas más difíciles de publicar pero intento contar que no todo es guerra.

 

—¿Por ejemplo?

Por ejemplo, en Beirut hay una marcha nocturna increíble, la gente no se lo puede ni imaginar, una vida artística muy rica y otras cosas buenísimas y esto no sale en los medios, porque siempre se tiene que estar hablando de lo mismo. Y contar lo mismo una y otra vez tampoco tiene ningún valor informativo porque ¿tú crees que una fotografía de Alepo de hoy te aporta algo diferente de otra de hace tres o cuatro años? En este sentido, creo que desgraciadamente los periodistas que trabajamos en Oriente Medio tenemos que ser sinceros con nosotros mismos y reconocer que estamos completamente frustrados. Porque lo que llega aquí es, resumiendo de manera gráfica, un titular tipo “Cuarenta muertos en Bagdad”.

 

—Una trayectoria profesional en Oriente Medio de 50 años y 9.000 crónicas… ¿un corresponsal nace o se hace?

Es un tema vocacional… es complicado. Es una elección de vida, y en mi caso yo me moriré de emociones, y ya que nos tenemos que morir...pues oye, no está mal morirse de emociones, mejor que de soledad o aburrimiento. Ahora prácticamente ya no hay corresponsales, la gente joven ya no lee periódicos, soy un periodista sui generis porque además de estar en acción, tengo esta voluntad de buscar estilo, soy libresco.

 

Portada del libro de Tomás Alcoverro, "¿Por qué Damasco?", editado por Dieresis.—Sí, de hecho, acaba de publicar “¿Por qué Damasco? Estampas de un mundo árabe que se desvanece” , una recopilación de sus crónicas más relevantes en Oriente Medio. Título poético y sugerente…

No es un libro de grandes batallas ni mucho menos ni tampoco de análisis, sino de retratos, de tratar de explicar la vida de la gente con personajes muy inusitados en el que reflejo la decadencia de las costumbres y la destrucción de un gran pueblo por el avance de los bárbaros, de los islámicos bárbaros. Y soy pesimista… lo peor está por llegar.

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