'España está en el Top10 mundial de publicaciones científicas, pero nos faltan manos'

FRANCISCO MOJICA, investigador microbiólogo de la UA

 

por SONIA MARCO / Fotos: JOAQUÍN P. REINA

Desde que la Academia Sueca nominara este año al microbiólogo ilicitano Francis Mojica a los premios Nobel en Medicina y Química, su rostro y nombre ha rescatado del olvido mediático la labor de nuestros investigadores, situada entre las diez primeras a nivel mundial en publicaciones. Su descubrimiento de las CRISPR, hace ya once años de su publicación, ha dado el pistoletazo de salida en la investigación de la cura de enfermedades de origen genético o vírico, toda una revolución en la medicina clínica. 

 

Francis Mojica, en su despacho de la Universidad de Alicante. Foto: JOAQUÍN P. REINA

Desde su despacho de la Universidad de Alicante, situado en uno de los edificios más antiguos del campus, pequeño y coqueto de aspecto colonial, Francis Mójica, muy cercano y sincero, nos comenta sus sensaciones sobre los Nobel, el año frenético que ha llevado y pone el acento en la necesidad de la divulgación de la ciencia entre la población, muy receptiva desde su revuelo mediático. 

 

—Enhorabuena por las nominaciones a los premios Nobel, ¿cómo ha vivido este año de reconocimientos y premios? 

—En principio incluso uno se siente incómodo, sobre todo porque las nominaciones lo de los Nobel debe ser confidencial, pero se desataron rumores y se montó todo un circo mediático, justo antes de los fallos y eso lo llevan muy mal los de la Academia. Incluso ese día estaba en un plató de TVE, donde me invitaron para hablar de ciencia, aunque luego se centraron más en los Nobel, con conexiones en directo con Estocolmo, y me hicieron emocionarme. La verdad es que si lo hubiera vivido en casa, hubiera sido todo más tranquilo. 

 

Dada la repercusión, parece que la carrera no ha hecho más que empezar…

—Hay gente nominada 25 años o más, todo depende de que quien te nomine lo crea y durante mucho tiempo, es como una prueba de fe. Si se mantiene, se dan las circunstancias y no hay nadie que se lo merezca más, al final te lo dan a ti. 

 

-¿Se siente respaldado por la comunidad científica y las instituciones nacionales para lograrlo?

Sí, no se bien cómo funciona el tema, pero me da la impresión de que hay que moverse bastante, pero no públicamente, sino al margen de los medios de comunicación,  y sé que se está haciendo de forma discreta. Lo normal en estos casos. 

 

Francis Mojica muestra el mensaje que envió a la revista "Nature" anunciando su descubrimiento. Foto: JOAQUÍN P. REINA-Cuando descubrió la secuencia CRISPR en bacterias, hace ya 20 años, en las salinas de Santa Pola, ¿se imaginaba las aplicaciones que podría tener?

Voy a enseñarte algo…

 

Francis se levanta, va a su ordenador y nos enseña el correo electrónico que envió a la revista “Nature” en 2003 para dar a conocer su estudio, que finalmente se publicaría en 2005. En él podemos leer cómo Francis Mójica señalaba las posibilidades del desarrollo de su descubrimiento en el campo de la medicina, la industria alimentaria y la biotecnología. 

 

“Antes de descubrir las CRISPR, no se podía ni imaginar que las bacterias tuviesen un sistema inmunitario de este tipo, con programación resistente a determinados virus. Esto tiene una repercusión ecológica tremenda, y también en el campo de la biotecnología alimentaria, donde las bacterias se utilizan para la producción de alimentos fermentados. Ahora se pueden fabricar bacterias resistentes a los virus que se utilizan en estos campos”, nos explica

 

—Y a nivel clínico, ¿cómo se están aplicando sus descubrimientos?

—Cuando se descubrieron las CRIPRS, se dedujo que esa forma de destruir los virus de las bacterias se podría utilizar para modificar el material genético de las células. Se probó y se vio que funcionaba. Esto permite modificar la información genética de cualquier ser vivo y con ello, la prevención y cura de enfermedades causadas por genes defectuosos.  Pero más allá de enfermedades genéticas, se pueden prevenir y eliminar infecciones provocadas por virus, como el SIDA, la polio, la hepatits B, etc…y enfermedades infecciosas, como el caso del Zika y del dengue, donde se está investigando en el desarrollo de vacunas.  Estamos hablando de casi todo tipo de enfermedades, como las neurodegenerativas, y hasta la ceguera. 

 

Francis Mojica, en un momento de la entrevista. Foto: JOAQUÍN P. REINA—¿Y en el caso del cáncer, la verdadera epidemia de este siglo?

—Hay muchos tipos de cáncer distintos y en la mayoría no se sabe bien el origen. Los últimos avances están permitiendo reproducir cánceres de origen genético en animales para poder estudiarlos y tratarlos, que han resultado exitosas. En cuanto a terapia en humanos, lo primero que se está haciendo en China, en EEUU están en trámites, es retirar células del sistema inmune de un paciente con cáncer de pulmón y modificarlas con el sistema de las CRISPR para que sean capaces de destruir las células cancerígenas, y devolverlas al paciente. 

 

—Viendo estas increíbles aplicaciones, no es de extrañar la guerra de patentes desatada…

—Ahora mismo la patente está concedida a un grupo de investigación, pero está en litigio con otro, el de Emmanuelle y Jeniffer, y las farmacéuticas están como locas para empezar a desarrollar las aplicaciones terapéuticas, pero para ello necesitan la licencia. Sí, están en litigios.

 

—Emmanuelle Champertier y Jeniffer Doudna, las dos investigadoras que desarrollaron en 2012 la técnica de modificación genética a partir de su descubrimiento, dando el pistoletazo de salida a las múltiples aplicaciones en humanos de su hallazgo… 

—En efecto, ellas identificaron los componentes inmunológicos necesarios para poder cortar un trozo de ADN en un sitio concreto, y así modificar genéticamente las células de una forma sencilla y precisa. Ya había herramientas de manipulación genética pero no funcionaban bien y eran muy costosas. Una vez comprobada su eficacia, se planteo la posibilidad de hacerlo en genomas de seres vivos y unos meses más tarde se demostró que funcionaba en células de ratones. 

 

La barrera de la ética en manipulación genética la tendremos que poner nosotros, los humanos—¿No le interesó ahondar en esta línea de investigación?

—No soy médico ni pienso trabajar en ello, a mí lo que me interesa es la biología. Mi interés era descubrir qué eran esas repeticiones que se daban en las bacterias y que, después de diez años, al final lo vi, un hecho tremendo para mí. Seguimos investigando en ello, descubrir cómo funciona al completo el sistema inmunológico de las bacterias, del que se sabe una parte, y cuando mucha más gente empieza a investigar en la misma línea, hay muchas posibilidades de que surjan cosas nuevas.  

 

—La manipulación genética desata polémicas dadas su múltiples aplicaciones. ¿Qué opina al respecto?

—En efecto, con esta técnica se puede manipular la información genética de cualquier ser vivo y la barrera de la ética la tendremos que poner nosotros, los humanos. Eso es extensivo a la ecología, y ya en EEUU se ha autorizado la comercialización y consumo de un alimento, un champiñón, modificado con esta técnica, al que consideran no transgénico.  

 

—¿Cómo es en la actualidad el nivel científico español? ¿La crisis le ha pasado factura, sigue la fuga de cerebros?

—El nivel es bastante bueno. En publicaciones, por lo menos en mi campo, estamos entre los diez primeros del mundo, pero la inversión en investigación ha bajado mucho con la crisis y eso se ha notado. Muchos grupos se quedan sin personal, ya que prefieren marcharse al extranjero para seguir su carrera. Nos faltan manos en el laboratorio, y en mi caso quedan tres personas, mientras que en otros países otros grupos de investigación cuentan con 20. 

 

—Y tras todos estos reconocimientos, ¿ha notado algún cambio por parte de las autoridades y le han ofrecido más apoyos?

—Siempre me dicen que pida lo que necesite, pero no tengo ni tiempo para elaborar los proyectos necesarios para ello. No tengo casi tiempo para investigar y para ello hay que estar al día, pues actualmente se está publicando una media de diez artículos diarios sobre las CRISPR. Leerlos todos es casi imposible para mí, pues además tengo que atender labores de docencia, tal como exige el actual sistema. 

 

Todo esto ha supuesto que se hable en la calle de algo más que de fútbol—Y, dada la repercusión, habría que plantearse más espacios de divulgación científica…

—Sí, la divulgación de todo esto entre la gente es increíble, voy por la calle y a veces me paran y me dan la enhorabuena, y que me pregunten qué es esto de las CRISPR, hasta el Rey, que en la entrega de premios del Jaime I me lo preguntó y le dije, “en cinco minutos te lo explico”. Todo esto está suponiendo que se hable en la calle de algo más que de fútbol, y que la gente empiece a interesarse por la ciencia. Pero la divulgación hay que hacerla bien, pues no hay nada peor que vaya alguien a una charla y no se entere de nada. Pero cuando lo consigues, es una satisfacción tremenda.

 

—El último informe Pisa señala que el nivel del estudiante español medio se ha estancado, no ha mejorado en los últimos 15 años.  Desde su práctica de docente, ¿cómo percibe estas conclusiones?

—Esto hace mucho tiempo que lo sabemos, los países asiáticos y nórdicos son los que sacan mayor puntuación en el tema educativo con un sistema que, simplemente, hay que copiarlo. 

Respecto a los estudiantes que llegan a la universidad, no veo que mejore mucho el nivel, sino todo lo contrario en algunos aspectos. El universitario español tiene carencias en las cuestiones más básicas, como el uso del lenguaje en la redacción y en la oratoria. Es fundamental hablar, comunicar, transmitir, y si se falla ahí, mal vamos. Sin embargo, en el extranjero, veo mayor sentido crítico. No sabe uno muy bien si es una cuestión de cultura y de responsabilidad, o de educación y civismo. 

 

El estudiante universitario debería valorar más la educación que se le da—¿Hay poca motivación entre el alumnado?

—Creo que el estudiante debería valorar la educación, la formación que le están dando en la Universidad,  porque a veces noto más apreciación cuando voy a charlas de divulgación, con personas que sacrifican su tiempo libre para ir a estos encuentros y ves que disfrutan la información que les das, que cuando doy clases a estudiantes, que están pagando una cantidad de dinero por ello, y no se dan cuenta de lo que cuesta aprender. 

 

—Dada la trascendencia de su investigación, durante estos años, ¿han llamado a su puerta otras instituciones científicas, no ha tenido la tentación de irse a otro país con más medios?

—(ríe..) Alguien, alguien sí me ha llamado…Pero aquí se está muy bien, la verdad, y tengo a mi familia. Además, llevo un año que no he tenido tiempo más que para atender al teléfono, a los medios, dar conferencias, viajar, no he podido estar tranquilo y pensar las cosas con detenimiento. Aprovecharé estas Navidades para hacerlo.

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