¿Apostamos? La peligrosa adicción entre los jóvenes

INMACULADA GONZÁLEZ

Es una imagen cada vez más habitual. Jóvenes que apenas superan los 18 (y, en algunos casos, ni siquiera los alcanzan) absortos en sus teléfonos móviles. No importa que estén entre amigos, sentados en un banco, esperando a que llegue el TRAM...ellos continúan inmersos en eso que muchas personas consideran ya como "la nueva manera de comunicarse". Pero estamos ante algo mucho peor. Muchos de esos jóvenes no están donde pensamos, ni siquiera dedican ya tanto tiempo a las redes sociales. Ahora la nueva "moda", el nuevo peligro al que nos enfrentamos es el de las apuestas online. Un entretenimiento que desemboca en una adicción casi sin darnos cuenta y que puede pasar desapercibida hasta que no se haya convertido en un problema mucho más serio de lo que pensamos.

Joven consulta sus apuestas en su smartphone. Foto: PAF Games Sport Casino, para FlickrEl perfil del ludópata ha cambiado y el lugar donde acude, también. Ahora lo tiene más fácil que nunca, desde cualquier sitio, en cualquier momento y con total discreción. Prueba de ello, los datos que se desprenden del informe del primer trimestre de 2018 de la Dirección General de la Ordenación del Juego (DGOJ), donde el importe total dedicado a la participación en el juego en España asciende a 163,6 millones de euros. Una cifra que es un 28,85% mayor que en 2017 en el mismo período.


Pantallas de apuestas. Foto: PAF Games Sport Casino, para FlickrPero hay más. Los beneficios económicos también se dejan ver en aquellos medios de comunicación que  difunden el juego online y las casas de apuestas a través de la publicidad. Un peligroso mensaje dirigido a los jóvenes que personajes públicos y relevantes se han prestado a transmitir. Deportistas que han vendido su imagen para promocionar las casas de apuestas; presentadores que recuerdan lo fácil, divertido y accesible que es jugar online, artistas que nos muestran cómo ganan dinero fácil y rápido desde su teléfono móvil... Un mensaje que cala entre los jóvenes y que debería regularse como se reguló en su día la publicidad del tabaco o la del alcohol.


Pero este no es el único problema al que nos enfrentamos; las casas de apuestas también han crecido exponencialmente en los últimos años, concretamente desde 2012, después de que en el Congreso de los Diputados se impulsase una nueva ley de juego en España. Desde entonces los salones de juego han ido extendiéndose rápidamente por todo el país. En Alicante es rara la calle por la que se camine y en la que cerca no exista uno de estos locales. Además, como cualquier negocio, están colocados estratégicamente. En este caso, en lugares donde abundan los jóvenes como las zonas de ocio e incluso relativamente cerca de algunos centros de estudios. Otro frente abierto que debería cerrase mediante una modificación urbanística que prohíba la apertura de las casas de apuestas en las inmediaciones de colegios o institutos. También debería mirarse con lupa quién accede a estos locales ya que, a pesar de que el perfil de usuarios es el de varones de entre 18 y 24 años,  muchos menores de edad logran burlar los ínfimos controles de seguridad.


Pero, sin duda, lo que hace falta (y mucha) es una buena educación, concienciación y puesta en marcha de campañas de sensibilización. No sólo dirigidas a  los jóvenes sino también a los adultos. Internet es la nueva forma de comunicarnos pero también es la vía para acceder a ciertas páginas que son una auténtica bomba de relojería si no se hace un uso responsable de las mismas. Es entonces cuando hoy, en 2018, en un momento en el que internet forma parte de nuestras vidas nos remontamos a los orígenes y nos volvemos a hacer las mismas preguntas que entonces: ¿Estamos usando correctamente internet? ¿Dónde están los límites? ¿Tenemos el suficiente conocimiento como para generar una buena educación para un uso responsable? Quizás empezamos a construir la casa por el tejado y no colocamos unos cimientos suficientemente sólidos y ahí esté el problema. Conocimiento, educación, sensibilización y límites. Sobre todo límites porque siempre los ha habido aunque parezca que en el mundo virtual no existan.

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