La economía alicantina necesita un cambio estructural

JAVIER PRATS

La botella puede verse medio llena o medio vacía pero la realidad es la que es: el pasado año hubo un descenso del desempleo en la provincia de Alicante pero insuficiente a todas luces, mostrando otra vez el problema estructural de la economía de la provincia sostenida por el devenir del sector turístico. Y es que la recuperación de la actividad productiva sigue sin traducirse en más empleo, y sobre todo, en trabajo de calidad, a pesar de que hayan pasado por El Altet más de doce millones de pasajeros. Las cotizaciones a la Seguridad Social se resienten, y de qué manera, y aunque Alicante debe cuidar el turismo, al igual que el país, necesita urgentemente cambiar su sistema productivo, introduciendo nuevas fórmulas que deben dirigirse casi en exclusiva al objetivo del pleno empleo. Parece una quimera en la provincia y en España, aunque los objetivos deben ser ambiciosos sin perder de vista la realidad por triste que esta sea.

 

Turistas en una playa alicantina. Foto: JOAQUÍN P. REINAOctubre y noviembre de 2016 volvieron a la senda del desempleo, a pesar de que el año pasado en noviembre se redujo el paro en 501 personas. El sector turístico dio un gran impulso a la contratación, pero una vez terminada la campaña de verano, que se ha extendido gracias al buen tiempo, Alicante volvió a la cruda realidad. La campaña de Navidad no es suficiente para salir de un paro nada coyuntural (alrededor del 20%). La estacionalidad de una actividad en donde parecen centralizarse todos los esfuerzos, produce incertidumbre y desasosiego para aquellos que vemos la botella medio vacía y queremos un cambio radical; sí al turismo, pero no basta con ser el geriátrico de media Europa.

 

Hay también buenas noticias, o ciertos brotes verdes, aunque sin duda insuficientes. Es verdad que la recuperación económica está siendo muy lenta y costosa tras una crisis que se ha llevado por delante a miles de empresas y trabajadores, pero habría que pedir más a los agentes involucrados para posibilitar la creación de riqueza, la creación de trabajos cuyas cotizaciones pueden asegurar las pensiones en un futuro. Ahora parece una quimera. 

 

La recuperación de la actividad productiva sigue sin traducirse en más empleo y de calidadEl turismo funcionó de forma estacional, como es habitual, y sigue siendo la niña bonita de nuestra economía, aunque posiblemente deberíamos ser capaces de buscar otros nichos de negocio. Otro dato curioso y a destacar es el sector industrial. En noviembre recuperó el empleo perdido tras la caída de agosto. Algunas empresas de la industria local siguen con la vieja costumbre de hace años de despedir a buena parte sus las plantillas durante el periodo estival para ahorrarse unas nóminas que al final tenemos que abonar todos los ciudadanos vía prestación por desempleo. Es una práctica extendida, conocida por la Administración y perseguible por la Inspección de Trabajo. Es fundamental acabar con estas prácticas y con la pobreza laboral;  debería ser una prioridad para el Gobierno central y para la Generalitat Valenciana (el Pacto del  Botànic se está perdiendo en aprobar leyes que no interesa a la mayoría de valencianos). Sí es verdad que la Comunidad Valenciana está discriminada en financiación e inversiones, pero a su vez el Gobierno de Ximo Puig discrimina a Alicante y no digamos ya a Elche, la tercera ciudad de la región.

 

Un hombre saca dinero de un cajero de Alicante. Foto: JOAQUÍN P. REINAY ante esta situación ¿Qué se puede hacer?

 

Sin querer entrar en un discurso puramente liberal, lo cierto es que en economía es muy difícil de acertar en todos los frentes, y que muchas veces cuando se actúa frente a una variable, se consigue el efecto contrario en otra, pero creo que mientras no se reduzca el enorme peso de nuestro sector público no veremos una clara reactivación económica, ya que el imprescindible crédito que debe llegar a nuestras empresas se desvía a sufragar una deuda pública que es ya del 100 % del PIB, ¡una barbaridad que nuestros nietos no terminaran de pagar!.

 

Eso se estudia en los primeros cursos de Económicas, cuando el sector público crece demasiado, y no lo podemos pagar, los países se endeudan, y la financiación bancaria recorre ese cómodo camino. Me explicaré. Cuando una empresa tiene un proyecto interesante, a veces con los recursos propios no llega, y debe recurrir a la financiación bancaria para comprar mercancías, pagar sueldos, alquileres,… vender,… y al final cobrar, y volver a poner en marcha un circuito que genere beneficios y pague unos razonables impuestos. Pero cuando llega al banco, este tiene que elegir entre asumir un riesgo y financiar ese proyecto empresarial, o bien invertir en deuda pública, que además no supone un aumento de riesgo en su balance. ¿Qué piensan ustedes que prefiere el banco?... Efectivamente prefiere comprar deuda antes que financiar aquel proyecto que generaba empleo y mantenía la rueda de la economía en marcha. Es lo que se conoce como efecto crowdingout, la financiación pública expulsa a la privada, y también a la inversión. Así nunca creceremos, y nos mantendremos de sectores tradicionales como el turismo, que también son modelos que hay que darles una vuelta importante.

 

Como decía, el efecto expulsión es un tema de primeros cursos, pero se ve que es una asignatura que la mayoría de nuestros políticos suspendieron. Prefieren seguir pagando con un dinero que no es suyo un monstruo que acabará devorándonos a todos. Hay que empezar a implantar sistemas de medición de la eficiencia en la gestión política cuanto antes, y votar por políticas que nos aseguren un crecimiento sostenible, sin deuda y que generen el empleo que todos deseamos. No sólo basta en aprobar leyes que sólo interesan a una parte, hay que ser el Gobierno de todos, y exigir de los agentes sociales una implicación responsable y no tan demagógica como estamos soportando.

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