El TRUMPantojo americano

BENJAMÍN LLORENS

Cuando 2016 echó a andar, la pelea por las nominaciones demócrata y republicana a la Casa Blanca estaba en todo lo suyo. Dos candidatos atípicos, por muy distintas razones, habían irrumpido en la arena política camino de Washington. En las filas demócratas Bernie Sanders, atípico por ser considerado "un peligroso socialista" situado en el ala izquierda del partido del presidente Obama. Era todo un síntoma de descontento entre los votantes demócratas verle disputar la nominación a la ex-primera dama y anterior Secretaria de Estado Hillary Clinton. Se preveía un paseo para ella.

 

Donald Trump en montaje de arte pop. Foto: PIXABAYPero no, no era así. Sanders, un veterano de las protestas contra la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, le pisaba los talones. La maquinaria de la candidata y del propio partido del asno empujaron para que acabara fraguando la nominación de Hillary frente a Bernie. El paseo de Clinton se acabó convirtiendo en una carrera de fondo en la que, eso sí, llegó a la meta en cabeza.

 

En el partido republicano del elefante, muchos nombres para disputar su nominación, algunos de apellido con tradición como Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes. Muchos pretendientes, pero uno sobre todos ellos acaparaba titulares, pues había entrado como un elefante en una cacharrería. Un multimillonario de indescriptible tupé, a base de exabruptos y descalificaciones demagógicas, descabalgaba a sus oponentes e, incluso, se enfrentaba a los notables del partido. Se presentaba como "savia nueva" en la política. Donald John Trump era conocido por ser multimillonario, extravagante y estrella de la tele, pero no era un político al uso. Descendiente de alemanes, su apellido original Trumpf significa "triunfo" y si el partido republicano le dejó llegar hasta ahí fue porque veían en él las mayores probabilidades de ocupar el despacho oval.

 

A mitad de año las nominaciones estaban decididas. La muy competente, preparada y experimentada Hillary Clinton, ex inquilina de la Casa Blanca (también en eso tenía experiencia) y heredera de la administración Obama, frente al patán y fanfarrón Donald J. Trump. Las encuestas y los medios de comunicación no dejaban lugar a dudas, ganaría Clinton por una buena diferencia. El caso es que tanto Estados Unidos como el resto del mundo estaban viendo un trampantojo, según el diccionario "ilusión, trampa con que se engaña la vista haciendo ver lo que no es". Como cuando en una pared vemos una puerta o ventana que parecen serlo pero resultan ser una pintura, un trampantojo. Pues esa ilusión hizo que muchos columnistas y analistas se dieran de bruces con la pared. El trampantojo se acabó convirtiendo en un "TRUMPantojo". Los medios de comunicación, sobretodo, y las redes sociales fueron parte activa de esa ficción que daba como ganadora de calle a la candidata demócrata.

 

Primer discurso de Trump tras su triunfo electoral rodeado de su familia.

Donald Trump, el candidato chirriante, ponía los pelos de punta en gran parte de los USA y en la vieja Europa. Mientras los medios cantaban más alabanzas para Hillary, Donald seguía a lo suyo. Con una técnica de comunicación aprendida durante 14 temporadas en la tele, al frente del reality “El Aprendiz”, donde juzgaba con severidad y acritud a jóvenes aspirantes a empresarios, el magnate se hizo popular y aprendió que cuanto más agresivo y crudo resultaba más audiencia lograba, más atención generaba. Para los editorialistas no había más candidata que Hillary pero, paradójicamente, en esos medios los titulares informativos se los llevaba Trump, día sí y día también. Le estaban haciendo la campaña gratis, perdidos en el TRUMPantojo de Donald, con su discurso proteccionista de las "esencias" americanas, xenófobo, machista y fanfarrón, trufado de palabrería gruesa y ataques personales. Todo ello, como luego se ha visto, muy del gusto del personal que, finalmente, es quién elige. Para bien y para mal.

 

En las redes sociales, sin filtros que sirvan para contrastar la veracidad de las informaciones, se propagaron en la campaña multitud de inexactitudes, medias verdades o absolutas falsedades. Todo se daba por bueno. Cualquiera con acceso y capacidad para juntar cuatro letras podría creerse un redactor-jefe. Peligroso ahora y en el futuro, en un país donde el 44 % de los adultos se informa a través de facebook.

 

Las empresas de estadística electoral, otra de las patas de este TRUMPantojo,  volvieron a errar. Tras el sonoro fracaso en el Brexit o el referéndum colombiano, la terminaron pifiando también en las elecciones norteamericanas. Tendrán que hacérselo mirar si no acabaremos creyendo cualquier cosa antes que una encuesta electoral.

 

Hillary Clinton comparece tras los resultados electorales. Foto: OLIVIER DOULIERY / EFE

El fracaso de la era Obama

Desde la Casa Blanca el "pato cojo" (así denominan al presidente que termina mandato sin posibilidad de reelección) Barack Obama veía como a lo largo de sus dos mandatos el apoyo a su causa menguaba en amplios sectores sociales, desencantados y sin percibir soluciones claras a una crisis económica que para ellos parecía no tener fin. La percepción era la de los políticos de toda la vida, del establishment, en su poltrona cobrando sueldazos y ofreciendo poco más que buenas palabras mientras la crisis se cebaba en el ciudadano medio. Daba igual que fueran demócratas o republicanos, Donald les atizaba a todos. Un artista de la comunicación agresiva y efectiva el ya nuevo presidente.

 

La percepción poco exitosa de la administración Obama, ese desencanto ciudadano y la propia incapacidad de la candidata para sumar indecisos (por ejemplo, hispanos instalados en USA, con la nacionalidad adquirida y, por tanto, con poder de voto), junto a las dotes comunicadoras de Trump y su capacidad para generar espectáculo, acabaron con la muy preparada Hillary llegando desfondada a la meta y, esta vez, en segundo lugar.

 

En su TRUMPantojo, el candidato republicano había dibujado una América arrodillada, perdido su fulgor imperial, en caída libre, repleta de grietas que había que cerrar. Y para eso estaba él. Trump se convertía en el hechicero de la tribu, oficiando vía satélite. Él diagnostica el mal y la curación.

 

Economía recesiva, inmigración e inseguridad son síntomas de esa diagnosis. El cierre de fábricas para irse a producir más barato a otros países con el consiguiente aumento del paro y merma de poder adquisitivo están en la raíz de la postración económica yanqui, según Trump, a pesar de que la economía norteamericana estaba creciendo a buen ritmo y recuperaba empleo significativamente. La avalancha de inmigrantes latinos, sobretodo mexicanos, lastraba aún más el empleo para los norteamericanos "de toda la vida", los que tienen la nacionalidad, sean de donde sean. La inseguridad ciudadana que generaban las actuaciones terroristas (islamistas) por todo el mundo occidental (Nueva York, Boston, Madrid, Londres, París), pone en el punto de mira derechos y libertades que podrían sacrificarse ("temporalmente", claro) en aras de la seguridad. Ingredientes para un cóctel bien agitado por el candidato y ya telepresidente.

 

Impacto internacional

El discurso nacionalista y proteccionista de Trump iba levantando ampollas entre sus aliados tradicionales. En Europa se ha hablado incluso de periodo de autarquía con Trump. Pero ¿cómo el país que ha inventado y lidera la globalización va a abjurar de ella? Eso no se lo cree ni el propio Trump. Cuando afirma que liquidará el TPP (tratado de libre comercio Asia-Pacífico) no está diciendo que liquidará el comercio con esos países sino que negociará acuerdos bilaterales, ya que en el uno contra uno Estados Unidos será más fuerte y obtendrá mejores condiciones para sus productos. Eso no es aislamiento, ni él como empresario se lo podría creer ni los republicanos, adalides del libre comercio, se lo iban a permitir. Eso sí, por si las moscas, el presidente de China Xi Jinping ha prometido a los países de la zona reducir el proteccionismo chino, abrirse más. ¡Quién lo iba a decir cuando cuarenta años atrás otro republicano, Richard Nixon, se convirtió en el primer presidente norteamericano en visitar el país de Mao y la revolución cultural! Ante todo pragmatismo, apertura de mercados y comercio.

 

¿Conoceremos la internacional populista?Para la inmigración ilegal, nada más ser elegido presidente recetó la expulsión de 3 millones de ilegales, sacados de entre los que han tenido condenas o antecedentes penales. Nada nuevo, durante el mandato de Obama con ese sistema se ha devuelto a sus países de origen a dos millones y medio de ilegales. Sigue el TRUMPantojo. Y, ¿qué decir de la inseguridad ciudadana, fomentada en la fobia antimusulmana por temor del terrorismo? En un país donde cada día mueren 92 personas por armas de fuego, donde es más fácil comprar una pistola que tener sanidad pública y universal, donde las leyes que regulan el consumo de alcohol son mucho más restrictivas que las reguladoras del "consumo" de armas. Confiemos en que la Constitución americana velará por la democracia, resortes tiene para ello. Pero el caso es que, de momento, en la poderosa cabecera del imperio de occidente ha ganado la presidencia un tipo con un discurso muy parecido al de Marine Le Pen en Francia o Nick Farage en Reino Unido. Un discurso de ultraderecha.

 

Hemos conocido la internacional socialista, la comunista, incluso la democristiana o la liberal…¿conoceremos la internacional populista? El efecto dominó (como ya apuntábamos en julio 2016 en Hoja del Lunes.com) puede hacer triunfar en Europa candidatos similares, todos de extrema derecha, y tambalearse a la Unión Europea tal y como la conocemos ahora. Una crisis económica de nunca acabar, con periodos de recesión o bajo crecimiento, con los correspondientes aumentos del paro y la desigualdad, aderezados con una buena dosis de inseguridad personal, conforman el estanque donde pescan los populismos, en su camino hacia una involución global. Las recetas europeas deberían pasar por impulsar la inversión y el crecimiento económico, reducir el paro e implementar políticas sociales que limiten la desigualdad. Claro que sus efectos no serían inmediatos. Antes de ver los posibles frutos habrá elecciones en Alemania y Francia. En ambos países la ultraderecha está en auge.

 

Con un ojo miraremos a Europa, pero con el otro no perderemos de vista al "amigo americano", por si acaso. Por si el nuevo presidente nos da un sobresalto y él y sus posibles secuaces (Erdogan, Putin, Le Pen, Farage) de la, de momento, ficticia internacional populista, nos acaban preguntando directamente qué preferimos: democracia o bienestar… ¡el colmo del TRUMPantojo!

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