El efecto mariposa

ANTONIO BALIBREA

El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» (proverbio chino). La filosofía milenaria china definía así el “efecto mariposa”, pequeñas acciones que pueden crear grandes cambios. Dos mundos idénticos que se diferencien por algo tan simple como una mariposa aleteando acabarán siendo muy diferentes. Luego llegaron los científicos

con sus modelos matemáticos predictivos pero, según la teoría del caos, pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias.

Donald Trump y Barack Obama con sus esposas el día de la toma de posesión de Trump como presidente. Foto: WIKIMEDIA Ese es el drama del protagonista de la película del mismo título: por mucho que vuelva al pasado, no consigue un presente como el que busca de tantas como son las posibilidades que se abren con cada variación en el punto de partida. Ahora más que el aleteo de una mariposa, lo que se mueve son las alas de un pájaro de cuidado. Las ocurrentes actuaciones de Donald Trump en un mundo globalizado y sumamente interrelacionado pueden tener unos resultados absolutamente imprevisibles. La inseguridad que el presidente electo crea en cada declaración, la incertidumbre que acarrean sus propuestas, la variabilidad de sus posturas, lo arriesgado, incierto, de sus declaraciones, convierten sus futuras decisiones en la caja de Pandora.

 

El ejemplo más preocupante son sus reacciones sobre la intervención de Putin en la campaña electoral norteamericana. Primero desautoriza a sus agencias de información negando que los rusos hayan intervenido en la campaña electoral norteamericana; después lo califica de “caza de brujas” contra él; luego lo acepta pero niega que haya tenido incidencia; y hace unos meses animaba a su amigo Putin a robar correos electrónicos de su rival Hillary Clinton (El País 2 de agosto 2016), pero “lo decía de broma”. Ustedes se imaginan que si el ruso tuviera la más mínima prueba de que le ha animado o le ha pedido su intervenció, Trump, el ya presidente de EE.UU, estaría en sus manos. Eso sería el principio del Trumpgate con el agravante de colaboración con una potencia extranjera, y podría terminar en un “impeachment” presidencial. Está rodeado de asesores con intereses en Rusia- los secretarios de Estado y de Defensa- y él mismo promueve una gran inversión de un hotel en Moscú, incluso el suyo del Soho en Nueva York se ha hecho con capital ruso. Se muestra muy comprensivo con la ocupación rusa de Crimea. Aceptar ese acto de fuerza puede suponer encontrarse con lo mismo en otras repúblicas limítrofes, como las bálticas con población de origen ruso en algunas zonas y más después de anunciar la reducción de su presencia en la OTAN.

 

Presume de evitar que se hagan inversiones norteamericanas fuera de EE.UU., pero cuando lo ha conseguido ha sido “compensando” con fuertes subvenciones a las empresas. Las actuaciones de este tipo pueden desatar una guerra comercial, la consiguiente reducción del comercio mundial y la subsiguiente recesión. Hoy la gran mayoría de las manufacturas son transnacionales y se consumen en lugares distintos de donde se fabrican. La amenaza de gravar las importaciones con unos aranceles del 35% lo único que conseguirá es que europeos, japoneses y chinos graven con los correspondientes impuestos los productos norteamericanos. La revisión del tratado de libre comercio de América del Norte (NAFTA) que incluye a Canadá, EE.UU. y México, puede ser un desastre para los tres países.

 

El ex primer ministro británico David Cameron, en una rueda de prensa en la que pidió la permanencia en la UE. Foto: FACUNDO ARRIZABALAGA / EFEEl mito del hombre que ha triunfado y se ha hecho a sí mismo en el caso de Donald Trump es particularmente falso: es el heredero de un millonario que actúa como un hijo único mal criado y que se ha metido en varias demandas que sus abogados están tratando de pactar. La más conocida es una Universidad que montó sin tener los títulos reconocidos. Cada ocurrencia que suelta pone el bello de punta incluso a sus correligionarios del partido republicano. No tiene ni idea de política internacional. Es dudoso que sus asesores le frenen, lo emborracharán de incienso y le reirán las gracias. Sólo los congresistas y senadores de su propio partido pueden pararlo, especialmente estos últimos.

 

En la confusión de sus propuestas parece entreverse la añoranza de un mundo bipolar hegemonizado por EE.UU. y Rusia. En lo militar podría responder a la situación, con permiso de China, pero en lo económico y comercial es dudoso que puedan imponer sus criterios al resto del mundo. Las reuniones del G-8 o del G-20 eran un reconocimiento de un mundo multipolar. Y un foro en el que establecer líneas generales de actuación frente a la crisis.

 

El Brexit, acogido con júbilo por Trump, es un hándicap para la Unión Europea; pero por contra, la desaparición del freno británico brindará la oportunidad de avanzar hacia una mayor unidad militar, política, fiscal y presupuestaria de la UE. La salida de Gran Bretaña, que empezará a negociarse esta próxima primavera, tiene una directriz irrenunciable la libertad comercial o de inversión es inseparable de la libre circulación de los ciudadanos europeos. La crisis de la UE no vendrá por el Brexit si se mantiene el principio anterior; este año el peligro para la Unión son las elecciones en Francia y Alemania la victoria de las candidaturas antieuropeistas y xenófobas: el Frente Nacional de Le Pen en Francia, o Alternativa por Alemania (AfD) romperían el eje sobre el que se asienta Europa. Y los más de setenta años de paz.

 

Latinoamérica después de una década de crecimiento y reparto de la riqueza como no había vivido antes, ha experimentado un serio frenazo. La derecha gobierna en Argentina y Brasil y con las dificultades que atraviesa Venezuela ha dejado Mercosur en una situación de crisis y semi bloqueado. El mercado común latinoamericano, ahora paralizado, ha sido una herramienta fundamental en el desarrollo y la integración y colaboración entre países, unos como miembros de pleno derecho y otros asociados.

 

Un hombre lee un folleto que promueve el voto por el "no" en el plebiscito colombiano. Foto: C. ESCOBAR MORA / EFELa firma de los acuerdos de paz con la guerrilla colombiana (FARC) y la normalización de las relaciones con Cuba son dos hitos en Latinoamérica. El primero a pesar de la oposición de los expresidentes Uribe o Pastrana que apoyaron a los paramilitares. La normalización, relativa, de las relaciones con Cuba después de cincuenta años de bloqueo es un hito. El aleteo del pájaro se va dejar sentir en ambos temas. Y lo que me temo es el empleo del “gran garrote”, la fuerza, que ha sido la norma en Latinoamérica. La situación más delicada e inestable sigue siendo Oriente Medio. Siria, que lleva camino de convertirse en un Estado partido en cuatro: las zonas gubernamentales de El Asad, kurdos, rebeldes, el territorio ocupado por Turquía, y el que aún conserva el ISIS en retroceso y que ha perdido todo lo que ocupaba en Irak. A eso hay que unir la colonización que Netanyahu está haciendo de Cisjordania. Si Trump sigue con su proyecto de reconocer la capitalidad del Estado de Israel en Jerusalem, sería el detonante que le falta a la región.

 

Hace poco escribí que Trump es un ictus en la cabeza del mundo. Un infarto cerebral puede superarse; en algunos casos deja secuelas que van desde la pérdida de algunas facultades motoras, hasta la paraplejia. O la pérdida de facultades mentales en distinto grado hasta consecuencias irreparables. El efecto mariposa deja abiertas muchas e imprevisibles posibilidades. Ojalá me equivoque.

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