Calma chicha y viceversa

PEDRO SORIANO

El año dieciséis comenzó mal en el seno del “tripartito ilicitano: la coalición hacía aguas por un solo flanco, el partido "Ilicitanos por Elche", con su líder Cristina Martínez a la cabeza. Esta concejala, creyendo que era imprescindible para la gobernabilidad del municipio “campaba por sus respetos” y sus diatribas a través de redes sociales, especialmente Facebook, que causaban un sinfín de quebraderos de cabeza al alcalde Carlos González, que dedicaba más tiempo en apagar los “fuegos” que le encendía la concejala que a la gobernanza de la ciudad.

 

El alcalde de Elche, Carlos González, en un pleno. Foto: MORELL / EFEHasta los últimos momentos de su pertenencia al gobierno municipal, la concejala se sintió inamovible y sólo cuando tuvo la certeza de que el alcalde iba a firmar su cese, a primeras horas de la mañana del día doce de febrero, convocó urgentemente una rueda de prensa para anunciar que se iban ella y el otro concejal de la formación, Fernando Durá.

 

El gobierno municipal quedaba en minoría con doce concejales de un total de veintisiete. No duró mucho esta cifra ya que, el día veintiséis de este mismo mes de febrero se sumaba al pacto Jesús Pareja, único representante de Partido de Elche, que es como se llama su formación y al que no fue muy difícil convencer para que se fuese a sumar al gobierno municipal. El dispuesto concejal se hizo cargo de las competencias de Deportes y Consumo y la paz volvió al seno del gobierno. 

 

Con los presupuestos del año aprobados, el alcalde González volvió a respirar pero con la conciencia segura de que sobre su cabeza pendía la pertinaz “espada de Damocles”, así que inició una aproximación al grupo que realmente le podía proporcionar la estabilidad en el consistorio: "Ciudadanos". Pero esa ha sido otra historia porque gobernar en un tripartito nadie dijo que fuese fácil y, además de la crisis con "Ilicitanos por Elche", ha habido otros escollos que se han superado, o están en ello, con el grupo de Compromís. La cabeza visible de este grupo, Mireia Mollà, tiene buena escuela, su padre le ha debido contar como en el año 95 EU pactó con el PSOE y Pascual Mollà junto a Diego Maciá evitaron un gobierno del PP que hubiese encabezado Manuel Serrano Richarte. 

 

Este trabajo de aproximación a Ciudadanos ha dado sus frutos.Pero ese entendimiento ha tenido dos escollos, el primero con el Mercado Municipal. Ambos partidos rechazaron el proyecto del anterior equipo de gobierno y prometieron parar el plan y acometer una reforma sin parking. La posibilidad de una fuerte indemnización para la empresa constructora si se cierra la obra ha hecho recapacitar a los socialistas. Ahora se ha llegado al acuerdo de realizar nuevas catas arqueológicas que determinen la viabilidad del aparcamiento subterráneo. El final de este capítulo no se ha cerrado y, como en todo, también en arqueología, puede haber tesis contrapuestas; el final del “culebrón” no está garantizado.

 

Otro punto polémico ha sido el hotel de Arenales del Sol. El alcalde afirma que los primeros que quisieron recuperar ese espacio para la playa fueron los socialistas, pero el Tribunal Supremo tumbó el expediente de demolición y autorizó a la empresa a llevar a cabo la rehabilitación. Cuando finalmente la empresa acometió el proyecto y todo hacía presagiar que la instalación hotelera se finalizaría, una denuncia de un funcionario municipal, a título particular, determinó que Costas volviese a paralizar las obras con el asombro de los vecinos y la estupefacción general.

 

Al parecer las obras se estaban extralimitando de lo que supuestamente se entiende como rehabilitación, las grandes lonas que tapaban todo el edificio daban que pensar a muchos ciudadanos sobre lo que realmente pasaba dentro. Ante el conflicto, la solución se ha dejado de nuevo en el Tribunal Supremo, al que se le pide una aclaración de sentencia y que explique qué, cómo y dónde se puede restaurar este edificio. La resolución se espera que sea lenta, como todo en el mundo de nuestra justicia.

 

Y si la tranquilidad ha reinado en la mayoría de los partidos políticos, precisamente en el que pilota el rumbo del ayuntamiento, el PSOE, su año también ha sido “horribilis” en Elche. Según González “aquí había una situación de estabilidad”, pero los fracasos electorales, los intentos de Pedro Sánchez por un pacto final con la izquierda y los nacionalistas, y su desenlace en la Comisión Gestora, han aflorado descontentos. Un sector importante afín a Sánchez pide ya la celebración de un Congreso, pero para Carlos González hay que intentar primero reconstruir y normalizar la vida en el partido y, después, llegar a ese congreso. Con los ánimos alterados, dice, no se consigue más que empeorar la situación.

 

Pero no todo son sinsabores. Si el año ha transcurrido tranquilo en cuanto a la estabilidad de gobierno, ahora lo va a acabar mejor, si cabe. Ese trabajo lento de aproximación a "Ciudadanos" acaba de dar sus frutos, tras una propuesta de setenta medidas para la ciudad por parte del partido naranja y la aceptación de la mayoría de ellas por el equipo de gobierno. Los presupuestos del año 2017 se aprobaron en el pleno del mes de noviembre y volvieron a abrir un período de tranquilidad de, al menos, un año.

 

Y como decía aquél, ante todo mucha calma, calma chicha diría yo.

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