Sánchez deja en evidencia a los barones del PSOE

Y a los pocos meses resucitó. La determinación, el empeño y la perseverancia han hecho que Pedro Sánchez vuelva a hacerse con las riendas del PSOE después de haber sufrido todo un calvario. Los barones del partido le habían “expulsado”  de la secretaría general por su obstinado “no es no…” a Rajoy, una postura que había originado un bloqueo institucional en el país tras dos comicios seguidos. La cordura, la responsabilidad política de los socialistas en aquellos difíciles momentos, supuso a la vez, el desbloqueo de una situación enquistada y su desprestigio ante la militancia, que no soportó dar el Gobierno al PP a cambio de nada. El corazón les jugó una mala pasada, unas terceras elecciones hubieran sido la tumba del Partido Socialista. No había otra salida por mucho que quieran disfrazar la realidad.

La realidad es obstinada, como el propio  Sánchez. Con una paliza histórica al aparato del partido el nuevo secretario general afronta una serie de retos que no sólo afectan al PSOE, sino también todo el país.

Lo primero, es intentar coser un partido fracturado y con alto riesgo de ser irrelevante en en panorama nacional. Su legitimidad, incuestionable, abre la posibilidad de hacer una verdadera purga-depuración a todos los niveles, lo que significaría el brexit total. No hay que olvidar que ha vencido al aparato del partido con nombres tan ilustres como Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba o el propio José Bono.

La segunda, desmarcarse de Podemos para intentar rescatar parte de su electorado, aunque bien es cierto que corre el riesgo de perder votantes del centro si radicaliza su discurso. No hay que olvidar que los comicios se ganan “conquistando” el centro. Sánchez ha perdido dos elecciones generales con los resultados más pobres del PSOE en su larga historia.

La tercera, aclararse con el modelo de Estado que quiere para España. El desafío de los separatistas catalanes necesita un frente común, y no está claro, de momento, que Sánchez dé su apoyo incondicional a los otros dos partidos constitucionalistas: PP y Ciudadanos. Su definición de lo que es una nación no fue de lo más acertado.

La cuarta, explicar a la ciudadanía sin tapujos y media tintas demagógicas cómo va a emprender las reformas económicas y sociales que propugna, entre ellas, la derogación de la reforma laboral, cuando todos sabemos que este país está atado de pies y manos por lo que decida Bruselas.

La militancia socialista ha decidido cambiar el rumbo del partido. Hay que esperar para saber si es una decisión acertada. Como decía Aristóteles: “Cuanto más democrática se vuelve una democracia, más tiende a ser gobernada por la plebe, degenerando en oclocracia”. El PP debería tomar nota de lo que significa para un partido ganador las primarias.

La legislatura puede ser más corta de lo previsto. Vienen meses apasionantes que marcarán el futuro de España. Esperemos que haya la suficiente responsabilidad para encauzar unas aguas muy revueltas.