Un PSOE con el corazón “partío”

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El problema del PSOE no son los nombres o quién debe ser su secretario general. Esto debería ser secundario. Una de las principales dificultades a las que se enfrenta el socialismo es saber a dónde quiere llegar y qué políticas está dispuesto a aplicar, independientemente del líder o lideresa que encabece el proyecto. Me explico. Pedro Sánchez no es más que la consecuencia del fracaso continuado de un partido que ha sido incapaz de enderezar su rumbo en los últimos años. Sánchez ha perdido elección tras elección bajo la atenta mirada de los barones que esperaban que se quemara en la hoguera de su propia vanidad para sustituirlo por otra pieza menos desgastada, me refiero a Susana Díaz. Eso sí, el no se sabe si es todavía secretario general, ha salido respondón y parece estar dispuesto a morir matando.

Una de las consecuencias de los sucesivos descalabros de un partido de gobierno y básico para el sistema que acordamos entre todos en la Transición, es que no se puede compartir con cualquiera gobierno para ser presidente o alcalde de una localidad. No! Porque lo que te da de comer hoy te hipoteca el mañana.

Hay multitud de ejemplos. Si nos centramos en la Comunidad Valenciana, vemos comoXimo Puig se las ve y se las desea para estar en un Gobierno marcado desde fuera por Podemos y controlado desde dentro por Compromís. Si hiciéramos una encuesta entre los valencianos estoy casi seguro que es más popular Mónica Oltra -ecologista no separatista, no como sus compañeros del Bloc- que el propio president. Aunque es verdaderamente reconfortante tocar poder pese a contribuir a plantar unas semillas que en un futuro saldrán muy caras. ¿Por qué digo esto? Si observamos los partidos de corte nacionalista llegamos a la conclusión de que tienen dos prioridades, por encima de otras: por un lado, hacerse con el control de la comunicación y propaganda institucional y, por el otro, tener todas las competencias en Educación. No pasaría nada y sería hasta normal, si en todo momento estos partidos guardaran e hicieran guardar una lealtad constitucional que todos aceptamos en su momento mediante un referéndum legal. Pero actúan como si fueran una secta.

Con este último ejemplo, me refiero a Convergencia y Unió. Fue un partido básico para lograr la convivencia en este país al contribuir a la gobernabilidad del Estado, tanto con el PSOE como con el PP. Es decir, se comportaba como ahora lo hace el PNV, un partido nacionalista de corte conservador que ha sabido adaptarse y dejar a un lado, de momento, reivindicaciones que no van a ningún sitio. Bueno, hay que reconocer que ellos tienen una financiación especial en virtud de unos reconocimientos históricos recogidos por la Constitución. Con esos mismos derechos, probablemente, Artur Mas hubiera abrazado la bandera española. Esto último es ironía. Este hombre delata una vena revanchista desde queZapatero decidió apoyar en Cataluña un gobierno tripartito encabezado por Montilla en vez de pactar con CIU, como hubiera sido lo lógico. ¡Otro gran error de ZP!

Lo cierto es que la derecha catalana que representa este partido nacionalista ha sido desleal con el resto del país y ha sabido manipular -no me refiero sólo al 3%- la historia en las escuelas intentando inculcar un hecho diferencial que no busca, a mi juicio, preservar la cultura y lengua catalana, sino más bien mostrar al mundo cómo ser catalán es superior a ser español. Una especie de supremacía de la raza o tener más privilegios que el resto de ciudadanos. Suena muy mal…

Y ese discurso ha calado y de qué forma. Esa deslealtad de CIU contrasta con la claridad de Esquerra Republicana, cuya máxima premisa ha sido la independencia y crear una república catalana desde siempre. No han engañado a nadie. Además, tienen entre sus filas a Gabriel Rufián, ya saben, el de los charnegos y rufianes, cuya dialéctica del odio nos ha retrotraído al pasado, quizás aún no superado. Haría bien Mariano Rajoy ofreciéndole el Ministerio de Exteriores o de Defensa, sería todo un espectáculo…para el mundo mundial. Vaya personajes se sientan en el Congreso de los Diputados.

Pero volviendo a la Comunidad Valenciana y a la provincia. No me ha sorprendido en absoluto que Ximo Puig se eche a un lado y se alinee con los críticos a Pedro Sánchez. Me da que el president tiene tanta afinidad con Sánchez como con su alcalde de San Vicente,Jesús Villar, por poner un ejemplo. Y lo pude comprobar en directo en un mitin en Elche en las primeras elecciones, allá por diciembre, cuando Carlos González defendió con más vehemencia a Sánchez que el propio Ximo Puig. Aquello olía a fracaso anunciado.

El PSOE tiene graves problemas sin resolver, problemas que se han acrecentado por la aparición de Podemos, que les descentra y de qué manera. Qué se lo digan al propio alcalde de Alicante, el socialista Gabriel Echávarri. De estos pactos vendrán esos lodos.

En Elche, no pasa lo mismo aunque la precaridad en el gobierno municipal es obvia. En la ciudad de las palmeras no tienen a Podemos, por suerte para Compromís, que se ha llevado parte de su electorado, pero gobiernan en minoría y están a expensas de acuerdos con Ciudadanos. Toda una paradoja, porque el PP de Mercedes Alonso ganó las elecciones al conseguir nueve concejales; tres sacó Ciudadanos; dos Ilicitanos por Elche y uno el Partido de Elche. En total, quince concejales de corte conservador frente a los ocho y cuatro de PSOE y Compromís, respectivamente. Pero aquí gobierno el menos votado. Otra incongruencia.

Y no pongo más ejemplos por no cansar porque, en realidad, lo que quiere la gente es que se gestionen bien los recursos existentes, se cree empleo, se mantenga una educación y sanidad dignas y se garanticen las pensiones. Las guerras partidistas no deben nublar el objetivo de los políticos: el bien común. Y nadie, con la que está cayendo en este país, puede desechar un acuerdo con su adversario político porque estamos en una situación de emergencia, con desafíos que necesitan una respuesta conjunta y firme de los demócratas.

El PSOE debe sofocar sus guerras fratricidas, acabar con clientelismo interno que sólo busca ganar asambleas locales y les conduce una y otra vez hacia el fracaso más absoluto. Los votantes lo perciben y castigan como a ninguna otra sigla. Porque el PSOE debe liderar un proyecto de país sin ambigüedades ni hipotecas.

No se pueden pasar ciertas líneas rojas y no ser beligerantes con aquellos que quieren dilapidar la convivencia de un viejo país que sobrevive a pesar de sus dirigentes; pasados y presentes. Y, ante todo, hay que intentar entre todos buscar un acuerdo que impida unas terceras elecciones.

El descalabro del PSOE sería total y paisanos como yo, mayores de 45 años, no podrían votar según la tesis de Carolina Bescansa. Bueno si voto a Podemos …? Todo por el partido de los “trabajadores”.

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Una respuesta a Un PSOE con el corazón “partío”

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