No es país para dar ejemplo

El nombramiento de Arsenio Fernández de Mesa como nuevo consejero de Red Eléctrica de España (REE) ha vuelto a traer a la primera línea informativa las puertas giratorias que varios partidos, sobre todo Podemos, con el beligerante Pablo Iglesias a la cabeza, vienen denunciando en las dos recientes campañas electorales que hemos tenido que soportar el resto de mortales. No cabe duda que esta designación tiene un alto componente de agradecimiento por los servicios prestados, en este caso al PP, y que un sueldo de 175.000 euros al año es un buen premio por la obediencia debida. Además es una torpeza en estos momentos porque alimenta el populismo de izquierda, igual de nocivo que el que ha posibilitado que un individuo como Donald Trump esté al frente de la Casa Blanca.

Sin embargo, la mayoría de grupos políticos no deberían disparar sólo al partido que lidera Mariano Rajoy, porque ellos también usan el “dedo” para colocar a hermanos, primos, tíos, militantes y la legión de pelotas sin oficio que vuelan como moscas cojoneras en torno a un presidente autonómico, conseller, alcalde, edil o sigla de turno.

No es que no esté de acuerdo con el nombramiento de asesores, lo que critico es el atajo de parásitos que van pidiendo “lo suyo” a cambio de apoyos puntuales en una determinada asamblea -los partidos están llenos de familias malavenidas- en vez de buscar perfiles profesionales cualificados. Quizá por eso, por la falta de especialistas, de gente preparada en los diferentes campos, pasa lo que pasa: gestiones paupérrimas y de chiste. ¿Ustedes creen que tantos pentapartitos, cuatripartitos o tripartitos no funcionan como agencia de colocación para los suyos? Tengo mis razonables dudas.

Un dato. Recientemente el coordinador de Política Social del PP en las Corts Valencianas, José Juan Zaplaza, denunció que la consellera de Sanidad, Carmen Montón “lleva dos años en el cargo plagados de escándalos, y es significativo que la gran mayoría de sus actuaciones estén relacionadas con enchufes, nombramientos a dedo, palabras de altos cargos salidas de tono, la incertidumbre de los trabajadores de los hospitales concertados…”.

No sé si tendrá razón el diputado o simplemente será una denuncia partidista, pero lo que es evidente es que todo despide un aroma nauseabundo nada beneficioso para la llamada nueva política. Que ya los digo que de nueva nada. A este paso hasta los de la CUP -por dios qué disparate de ideología profesan, si es que se le puede elevar a tal categoría- se vuelven casta.

Así que no hay que rasgarse las vestiduras porque el ex director de la Guardia Civil vaya a ganar un pastón gracias a sus servicios políticos. No quiero caer en la vulgaridad de decir que todos son iguales. No, para nada. Sin embargo, cuanto más poder se atesora, más trascendencia tienen estas decisiones que el pueblo no entiende. Pero aquí, ya saben, el más tonto hace relojes.

En esta España nuestra no se libran del “enchufismo” ni el más pequeño de los ayuntamientos, representados en muchos casos por verdaderas sectas. Y es que lo primero, estarán ustedes de acuerdo con mi reflexión, es la familia.

Pop Art Businessman Conducts Money with a Baton. Vector illustration

Imagen recogida de Fotolia by Adobe

Los más ricos

Por otro lado, un apunte para finalizar. Si es criticable los nombramientos a dedo de inútiles o las puertas giratorias en política, me parece aún más demencial que durante los años de crisis los ricos, los más ricos de España, lo sean aún más. No se pierdan un interesante artículo publicado por el periódico El Mundo en este sentido. Hablan de 200 “triunfadores” que en el último año han visto aumentar de forma desmesuradas sus arcas.

No habría nada de malo ni criticable en que un empresario de este calibre o familias adineradas de toda la vida, aumentaran aún más su patrimonio; para nada. Lo negativo es que 200 fortunas sumen 237.345 millones mientras que un joven trabajador o no tan joven no llegue ni a mil euros mensuales, aunque tenga estudios universitarios, idiomas y ganas de comerse el mundo. A más crisis más riquezas para unos pocos en detrimento de la clase media, de la baja y del pequeño empresariado.

Muy bien por las grandes fortunas pero el dinero hay que repartirlo más equitativamente. La proliferación de una clase media fuerte le da estabilidad y progreso a un país. La recesión de más de cinco años, donde los derechos laborales han sido pisoteados, no puede ser aprovechada para crear unas desigualdades sociales difícilmente reversibles y que extienden el populismo como si se tratara de una epidemia.

 

 

 

 

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