Vivimos según una jerarquía de valores interna

adult-airplane-battle-1032655 (1)Una de las cosas, supuestamente duras, que manifiesta Jordan B. Peterson (el pensador más polémico e influyente de nuestro tiempo, según The Spectator) dice así: “El relativismo vacía de propósito la existencia, y necesitamos un propósito para vivir. De hecho, todos vivimos según una jerarquía de valores interna, que se organiza en función de ese objetivo al que aspiramos”. Ahora ya es famoso este psicólogo clínico, crítico cultural y profesor de Psicología, que se crió en Canadá, ha sido profesor en Harvard y actualmente enseña en la Universidad de Toronto. Es el autor del libro “12 reglas para vivir” (un antídoto al caos), que se acaba de presentar en Madrid. En España lo dio a conocer el año pasado la periodista de El Mundo Cayetana Álvarez de Toledo. Y ahora Fernando Rodríguez-Borlado le ha entrevistado en profundidad en “Mundo Cristiano”. En sus manifestaciones, Peterson nos dice entre otras cosas que ”existen principios éticos tan universales que hasta los animales de alguna manera se aproximan a ellos. La existencia de estos principios está cada vez más documentada, incluso desde un punto de vista biológico o evolutivo”. Lo que ha ocurrido en nuestra sociedad es que “el relativismo vacía de propósito la existencia, y necesitamos un propósito para vivir. De hecho, todos vivimos según una jerarquía de valores interna, que se organiza en función de ese objetivo al que aspiramos. (…) El problema con el relativismo es que socava y fragmenta los valores, y así todo pierde su importancia”.

Adentrándose en la problemática, que es imposible matizar en este espacio tan reducido, Peterson propone aceptar la propia fragilidad. Añade que “los pensadores posmodernos de corte neo-marxista han convertido en dogma la idea de que nuestra sociedad se estructura como una tiranía patriarcal (…) Alguien podría pensar ^bueno, mi vida es trivial, no habrá nada que dé sentido al sufrimiento o a tu fragilidad^. Cuando esto ocurre, llega la amargura, el resentimiento, o incluso peor, el deseo de venganza. (…) Al imaginar nuestro futuro, sabemos que el que sea de una forma (positiva) u otra (negativa) depende en gran medida de las opciones éticas que tomemos (…) El individuo es bueno, pero a la vez, existe en él una tendencia al mal. Debemos confiar en los demás y en nosotros mismos, pero sin olvidar el ingrediente de maldad que hay en todos (…) Diferenciar confianza de ingenuidad. La sociedad, la cultura, actúa como un rey sabio y pródigo que nos protege y civiliza, pero también como un tirano que nos esclaviza. Por eso, debemos criticar lo criticable y al mismo tiempo mostrarnos agradecidos por lo bueno.”

Demetrio Mallebrera Verdú

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