Todos están por querer cambiarlo todo

cambioSi nos atenemos a la coincidencia de los mensajes que circulan por los medios de comunicación de modo general y los que nos envían los amigos (o los que lo intentan enganchándonos a su foro de ideas), buena parte de esos esfuerzos se ven obligados a utilizar el verbo cambiar. Casi todos con el argumento clásico de emplear frases hechas y no tener muy claro lo que, al fin y a la postre, hay que cambiar, a pesar de su vehemencia, diciéndolo con vocablos varios que están en el lenguaje popular y la expresividad colectiva.

Este discurso, que probablemente tuvo un origen exigente y fue fruto de alguna hartura de verbosidad por miles de promesas incumplidas por tantas veces como se quiso decir “¡Ya está bien! Hagan el favor de no prometer lo que luego no van a cumplir”, es el que se sigue usando, tan manido, tan increíble y tan desgastado.

El único sitio por donde le encontramos utilidad y credibilidad operativa al verbo cambiar, de modo que pueda ser utilizado con buenos propósitos está en uno mismo: no hay que cambiar nada ni a nadie, voy a cambiar yo. Lo que pasa es que yo –con mi propio cambio- lo que voy a hacer es cambiar una realidad existente en mí y en mi entorno, que se está mereciendo, por inútil y cabezota, que venga una nueva forma de ser y actuar, pero para tratarnos a nosotros mismos y relacionarnos con los demás, siempre saliendo de dentro y como fruto del autoconocimiento. A ver qué se nos ocurre para que se note que el que cambia en serio soy yo.

Esta disertación viene a propósito del lema que para este año ha elegido el DOMUND (domingo 21 de octubre), que dice claramente “Cambia el mundo” que, además de ser frase hecha, nos habla de ser dinámicos y activos; se refiere a coger la delantera, a aplicárselo a las personas actuando desde dentro, desde el corazón y el entendimiento, porque ¿cómo voy a cambiar el mundo si no cambio yo? ¿Queremos cambiar determinadas realidades? Pues empecemos por nosotros mismos. Y hagámoslo desde el conocimiento que de nosotros tenemos, que suele ser bastante cortito y nos produce rechazo porque no nos gusta cómo somos. Para quien esto escribe, ahí está el acierto en la frase de llamada. Es en nuestro interior donde hay que entender las cosas y especialmente las relaciones con el resto de las personas.

En el fondo sí que estamos nosotros, bastante varados y perjudicados si no pensamos en los que nos rodean, y también en el fondo deseamos que todo cambie “para bien” a nuestro alrededor sin que nadie nos “compre” con discursos que luego (como se ha visto en política una vez y otra) nos decepciona. Seremos más honestos cuando cambiemos nosotros.

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