Puentes sí, muros no

trumpNo sabemos en qué quedarán las amenazas que el señor presidente de los muy altos y estelares Estados Unidos va repartiendo a diestro y siniestro, tanto ahora con el poder en sus manos como antes, cuando iba diciendo lo que se avecinaba con su triunfo electoral. Porque amenazar siempre es algo que pueden hacer los poderosos, los que se sienten superiores. Por esta regla de dos (aquí no hacen falta tres) los amenazantes saben meter el miedo en el cuerpo de los amenazados.

No sabemos si les entrarán escrúpulos de tarde en tarde o cuando llegan a verse víctimas, o incluso cuando se acerca la Navidad o el día de acción de gracias, por aquello de darse un respiro, rebajar el tono o cabalmente arrepentirse, que siempre es tiempo de perdón. Pero mientras uno amenaza, el otro está tenso, preocupado, triste y cabizbajo pasando el día pensando cuándo y cómo se convertirán en realidad las advertencias, las provocaciones. Este, entre muchos otros más (muchos, sí, más de los que se han difundido), configuran el estado general de preguerra contenida debida al carácter de su persona y al programa del nuevo presidente norteamericano.

A small fence separates densely populated Tijuana, Mexico, right, from the United States in the Border Patrol’s San Diego Sector. Construction is underway to extend a secondary fence over the top of this hill and eventually to the Pacific Ocean.

Muro que separa EEUU y México entre Tijuana (izquierda) y San Diego (derecha). Foto: wikipedia

Se lo hemos visto escrito a una periodista de México, el país que vive lo que ella llama “la dura realidad” desde la llegada de la “era Trump”, el vecino gigante del norte, con quien México comparte una frontera larguísima de 3.175 Kilómetros, advertida por la construcción de un muro que presuntamente tendría que pagar México y presionada con bloqueos de transportes comerciales, aumento de costos, declaración de guerra mercantil, deportación de unos 11 millones de inmigrantes indocumentados…

A tiempo más actual se dice que ya es un hecho lo del muro que se está haciendo con mano de obra mexicana y la entrada en vigor de las deportaciones con peligro para la vida de los afectados y sus familias, que es la parte inhumana en la que se ha denunciado la falta de firmeza por parte de las autoridades escusadas por el agobio que viven sin encontrar soluciones a situaciones que les desbordan, como la protesta violenta en las calles, la corrupción y la inestabilidad económica.

Una cosa sí que se reconoce y es la aceptación de una herencia paradigmática de muchísimos años de vasallaje. Aunque se echan de menos habilidades diplomáticas, donde se nota la falta de experiencia o la capacidad que para estos menesteres se necesita, también parece que se va edificando un frente unido entre los diversos sectores de la sociedad, sensibilizados todos ante un peligro común, utilizando un lenguaje más humanitario y mucho más moral. Una pancarta de protesta decía muy rotundamente: “Más puentes; no muros”.

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