Navidad, fiesta de gozo y solemnidad

texture-1893386_960_720Es imposible que, viendo cómo se adornan las plazas, las calles, los portales y fachadas de los edificios (los singulares y los vulgares), los comercios y sus escaparates, los letreros de entrada y bienvenida a todo tipo de pueblos y ciudades, y para qué decir las puertas, los zaguanes y los pasillos de las casas, el comedor principal, el rincón hogareño, el lugar del árbol navideño o del belén tradicional, alguna que otra pasarela alfombrada y coloreada en los pasillos…; todo está marrón de troncos, verde de ramas y rojo de hojas y de flores de pascua.

Hay una nueva iluminación que decora estancias con lucecitas grandes y pequeñas que se mueven y dan una vida nueva (o diferente) al hogar, hasta el punto de cambiarlo y darle un aspecto nuevo, distinto, atractivo, incluso esperanzado e ilusionante. Todo gira, a ser posible, en torno a un belén o recreación con bellas imágenes de personas, objetos de trabajo, secuencias de las labores básicas, y reproducción bucólica de lo que harían unas personas que tienen puesta su mirada y su expectación de mejora o de futuro en la esperanza que se concentra en una cueva o cuadra en donde, entre pajas, nacerá la divinidad que nos traerá la salud y el nuevo futuro, una confianza que viene avalada por las promesas de profetas y precursores que venían anunciando tan singular acontecimiento, ya que quien llegaba a este mundo era el mismo Dios que arribaría para cambiarlo todo mediante una completa redención, sin ser privado de toda manifestación de increencia por parte de las autoridades del momento.

Es imposible –decíamos- que todo esto se quede en un ritual de recuerdo de ancestros que nos vienen de civilizaciones antiguas que aquí moraron o se desarrollaron con todo lujo de detalles, celebraciones, formas de vida y de conmemoración familiar, o poco más. Porque esas formas y esos modos forman parte, en efecto de una religión que está vigente en nuestros pueblos y que, ciertamente, llegados estos días, llamados de Adviento (llegada), celebrado en los 4 domingos anteriores al día de Navidad, significados por 4 cirios que se van encendiendo domingo a domingo en la corona de tal nombre y que quedará cubierta dando paso a la celebración de la Nochebuena que dará pasó con toda brillantez, gozo y solemnidad al día de la Navidad que es la conmemoración del Nacimiento de Jesucristo, quien viene a colmar los tiempos de espera, a llenar de luz la larga oscuridad, a darle contenido a la vida de todo creyente que ha esperado en el mensaje de la llegada de un profeta divino. Y, claro, esto hay que celebrarlo saliendo a la calle a cantar himnos de acción de gracias, y con alborozo.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *