Nadie me ha dado tanta compañía

sancho panzaEl más fiel y famoso escudero de todas las épocas y de todas las historias hispanas, Sancho Panza, estuvo una tarde de lo más mustio y encantador a la vez, según cuenta Andrés Trapiello en aquel libro que le dedicó con tanto ahínco como devoción, recreándose en las figuras de época y en ese “Cantar” que es crónica de costumbres de los tiempos felices.

En su languidez con cara en cierto modo entristecida, cogió a su asno por el bozal y apartándose un tanto de allí, donde nadie le viera, le habló tiernamente al oído, al tiempo que le pasaba la mano por el pescuezo: “Ay, Almanzor, Almanzor…”, que ese y no otro era el nombre del rucio.

“Y qué verdad es esta de los adioses, que habrá de ser para mí los de la muerte, pues ahora veo que me duele tu marcha más que si me arrancaran una zanca allá en las Indias. Desde que yo mismo ayudé a tu madre a traerte al mundo, no ha habido un solo día que me haya separado de ti ni tú de mí, salvo aquellos que siguieron al robo. Nadie me ha dado tanta compañía, a nadie he confiado tanto mi suerte y mi desdicha, ni hecho ganar jornales de veintiséis maravedís, que eran la mitad de mi despensa. Mira de ser prudente, y vivirás largos años. No des coces contra el aguijón, que llevarás las de perder, siendo bestia; muy al contrario, muéstrate solícito y risueño, que todos son más sensibles al halago que a la crítica, y a quien hubieres menester, hazle placer. Sufre con paciencia las impertinencias de tu amo, los ladros de los perros y las burlas del necio, que la paciencia te hará más sabio, pues se ha dicho que las dos virtudes del asno son paciencia y trabajo y oye manso y habrás descanso. Que no se diga de ti que eres terco, perezoso o colérico, sino dócil, diligente y reposado en el comer y en los rebuznos, y lleva estos tasados, que siempre dan fastidio. Muéstrate noble, que ninguna otra virtud adorna tanto a una bestia como este de la nobleza, y honra más el buen talento que el buen nacimiento, y mejor es que por ti valgas más que por tu casta. Acude con prontitud a las llamadas que te hace tu amo, y déjate montar por lo más chicos, aunque no los conozcas, pues ello te dará fama de discreto y bueno y, teniéndola, nadie te dará un palo, como nunca te lo di yo. Y la fama, ve, se pregona a sí misma, y aun antes de llegar a lugar nuevo, ya sabrán todos que eres bueno y discreto, y querrán tu compañía, pues ningún hombre hay, como no sea empecinado y cruel, que viéndote razonable, no se compadezca de tu suerte de asno. Estate atento siempre a cuanto se dice cerca, pues de escuchar se aprende más que del hablar o rebuznar, que se ha dicho que por la boca muere el pez y lo que el rebuzno habla con palos lo paga”.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *