Los años corren sin pausa

Cementerio_InglésQuerido Deogracias: Menos mal que ante tu tumba se puede uno sentar un rato, aunque se trate de un escalón creado por el desnivel del terreno, pues tras recorrer en estas fechas las distintas calles (que aquí llamáis pomposamente “vías”) de la Ciudad Reposada, que es de las pocas del contorno que va creciendo en población, ya vamos notando que nos cansamos un poco, ya que la edad no perdona.

La verdad es que los años corren sin pausa, y no dejan más que escasos tramos para sosegar el espíritu y reponer fuerzas o hacer estiramientos de nuestros músculos, que ya tienen tendencia a quedarse bloqueados cada equis pasos, o cada i griega días, o cada zeta cambios de humor que modifican nuestras actitudes o necesidades, o elevan nuestros pensamientos a un valor requerido por nuestro limitado entendimiento, campo éste en el que nos sobresaltamos si no nos acordamos de la palabra adecuada, de la cifra precisa o de la idea que ha pasado rauda y no se ha posado en la mente.

Como hemos ido este año en fechas anteriores ya que el calendario nos ha dado un domingo cercano por delante (también habrá otro por detrás) el trasiego de la gente por estas calles ha sido ininterrumpido. Todos queremos que estén limpios, aseados y llenos de flores coloristas e iluminadoras, las tumbas de nuestros antepasados, que reposan ahí, algunos desde fecha casi inmemorial, cuyos rasgos hemos ido perdiendo por culpa de estos años que corren sin pausa. Esto ha sido un mercado oriental, no porque hubiera productos consumistas y perecederos a la venta, sino por el trasiego de las personas por estas viejas “vías” tan llenas de historia, de recuerdos, de amor auténtico.

La gente aprovecha estos momentos (como cualesquiera otros) para saludarse y crear, en rincones determinados, un guirigay semejante a las salas de los tanatorios, en donde sales al pasillo y el murmullo, impregnado y la “calorina” lo impregnan todo, y por eso se tiene que oír cada tres minutos una voz que dice: “¡Por favor, guarden silencio!”. Menos mal que ahora ya no se hace la nube aromática de cuando se fumaba. Aquí no se llega a tanto porque estamos a campo abierto y las voces no llegan a acumular volumen ni concentración.

En un lugar como éste piensa uno que cuando se ve venir la vejez, todo lo que queda por hacer está en mantener un talante de buenas relaciones con los vecinos y los paisanos, (también con los que no les son bien parecidos, por si acaso), por aquello de que poco importa todo lo demás, especialmente cuando uno mira este cielo especial que tiene el cementerio, e imagina que es un telón que hay que atravesar algún día, una vez pasen los años que corren sin pausa.

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