La mejor sonata para violín y piano

piano-1658950_1280A veces cuesta creer que entre profesionales de la composición musical (“la pródiga invención melódica”, frase luminosa que hemos visto escrita por algún crítico) no sólo surjan grandes amistades (cosa normal) sino encendidas discusiones y apasionados amores que reclaman inmediatos divorcios. Eso nos ha pasado leyendo los comentarios técnicos a la interpretación de la Sonata para violín y piano número 3 en re menor opus 108 de Johannes Brahms, cuyo autor del texto explicativo la proclama como una de la mejores sonatas para violín y piano de la historia del género y, tal vez, la más profunda de todas las sonatas de Brahms, pues se alcanzan niveles máximos de emoción. Y es que Johannes, que había nacido (1833) y pasó su juventud en Hamburgo, solía estar hosco y desagradable sin que eso escondiera un carácter inclinado a la bondad y generosidad, pero le costaba salir de sí mismo, por lo que influyó mucho una crítica que escribió su amigo Schumann en 1853 y en la revista musical de la que era editor, auténtico órgano literario del romanticismo musical alemán, que le configuraba con un tajante “he aquí uno de los elegidos…” mientras recomendaba a los editores musicales a que publicaran sus partituras. Fue decisivo a sus 20 años.La Sonata de la que estamos hablando, compuesta sosegadamente en un apacible y acogedor paraje suizo en 1888 (a los que pasaban de 50 años en esa época ya los consideraban viejos), se la dedicó al pianista y director de orquesta alemán Hans von Bülow, hombre de fuerte personalidad que estaba casado con Cósima, hija de Liszt, y gran admirador e intérprete de Richard Wagner. Pero este último abandonó a su esposa al enamorarse de la citada Cósima, con quien se casó y pronto tuvo un hijo, al que pusieron por nombre el “operístico” de . La admiración de Bülow hacia Wagner no se podía ocultar si observamos este escrito dirigido a Cósima: “Me has dejado por un ser superior a los hombres”, pero “se pasó” a trabajar con Brahms, abandonando los estrenos de óperas de Wagner. De esta manera, el principal y más afamado director de orquesta, y justo cuando se fundó la Filarmónica de Berlín, salía de gira y de éxito con Johannes Brahms, estrenando la Sonata número 3 para violín y piano en Budapest el 22 de diciembre de 1888, quien puso sus manos en el piano. El segundo movimiento, Adagio, es brillante y tiene gran pujanza emotiva complementándose con un “presto agitato” final, considerado como gran invención melódica.

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