La atención, el gran valor de nuestro tiempo

descargaEscribe el ensayista y poeta Enrique García-Máiquez que hay quien trabaja ya con la idea de que la atención es el nuevo coeficiente intelectual y lo que diferencia a las personas más eficientes. Puede observarse cómo a los niños lo que más les gusta, lo que más les interesa, lo que más les motiva, incluso lo que más desean es que los mayores, y especialmente los padres, les dediquen un instante, un segundo, una tarde, un día. A veces los mayores creemos que ellos están con sus aparatitos mucho más a gusto que con nosotros, y así puede parecerlo cuando se nos muestran esquivos y distantes, pero tú háblales de lo suyo, de sus intereses, de sus lecturas, de sus avances escolares, incluso de sus amistades cuando tienen en todo esto tantas dudas y tantas preguntas que hacernos.

Y no digamos si nos interesamos por sus éxitos (en las canastas del baloncesto, en los regates y goles del fútbol, en las carreras, en el aprendizaje de habilidades de otros deportes) y por sus avances en los estudios, o en las ayudas, las explicaciones y los truquitos que les contamos cuando les dedicamos nuestro tiempo, nuestra más reconcentrada aclaración a la duda instantánea del porqué de las cosas y de los comportamiento de los demás capaz de estimularles y sacarles de ciertos baches estudiantiles, horas bajas o de desánimo, incluso de regulación de su estima que es tan necesaria en los adolescentes que tienen que sentirse fuertes cuando en realidad todo parece que se les viene abajo porque las personas de su entorno no cuentan con ellos, ni en el delicado tema del gusto por las personas del otro sexo, las ambigüedades y los rechazos.

La atención puede ser hoy un tesoro, muy claramente en la familia. Pero, bien pensado, lo es también en la amistad, en el trabajo y en todo tipo de relaciones. García-Máiquez nos deja en el aire una sencilla reflexión que sólo surge cuando observamos a los hijos, a los padres, a los amigos, acerca del comportamiento de unos y de otros: “¿Será posible que eduque más un ferviente elogio que una continua corrección?” Cuidar estos detalles era cosa bien sabida por los clásicos que consideraban la atención como un efecto directo del amor y uno de los más valiosos subproductos del arte. Habrá, no obstante, que hacer demostraciones discretas, pues quien percibe que estamos interesados en su conducta puede pensar que le hacemos presión y que exigimos mejoras patentes, crecientes y verificables en otros ámbitos. La cortesía asertiva tiene buen cartel, siempre y cuando no nos pasemos. Lo que sí que es cierto es que, en términos generales, deberíamos de practicar la atención al otro, demostrando nuestra estima.

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