Fortalecer el periodismo

periodismoComo la mayoría de la gente sabe, en la segunda quincena de enero celebramos los periodistas la fiesta del patrón, san Francisco de Sales. Una buena forma de hacerlo consistirá siempre en reivindicar una de las profesiones más excelentes del mundo: la que lleva los mensajes a la gente sin doblez, sin falsificar, sin manipular; transmitiendo siempre la verdad de la vida, de los hechos, de las cosas, de las personas. Noble y magnífico oficio.

El redactor jefe y columnista del periódico El Mundo, y doctor en Periodismo, Vicente Lozano, ha puesto su grano de arena (nada de granito porque es bien hermoso) aclarándonos qué está pasando en los últimos años a causa de la preponderancia de los sistemas de comunicación (que no medios) que pretenden informar directamente, saltándose, por el uso de internet, la función explicativa de las circunstancias que concurren en los hechos que se difunden. Entiende Lozano que esto se produce a causa de la utilización del fenómeno de los bulos (fake news), sin que ningún profesional verifique datos y circunstancias, ni entreviste a los posibles afectados o protagonistas, lo que ha creado ya un mundo de fantasía donde pasan cosas de lo más extrañas. Algunos echan a este procedimiento la culpa de la existencia de populismos que triunfan en política, difundiendo bondades o maldades que por medio de redes sociales van creando estados de opinión que normalmente irritan a los receptores, difundiendo auténticos engaños.

Esto –nos explica Lozano- es un nuevo modelo de visión del mundo que ha sido estudiado por el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman (fallecido el pasado año) al que se ha llamado “modernidad líquida”, que define a la sociedad actualísima (como al país, o al amor o a la vida misma) como el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en donde la incertidumbre ha debilitado los vínculos humanos por la rapidez vertiginosa e incontrolable (y casi rebelde) en que todo sucede.

Decía Bauman que las redes sociales son una trampa, porque el individuo cree estar en permanente contacto con cientos o miles de personas (“amigos”, “seguidores”…) que, depende para qué fines, se utilizan como cifras indicadoras del número de votantes o simpatizantes de una idea determinada, normalmente escandalosa o apremiante, pero que sólo se dan cuenta de su soledad más chantajista cuando se desconecta el teléfono o el ordenador, y queda un silente vocerío. Habría que hacer ver a toda la sociedad que es preciso fortalecer el periodismo, hacer que no pierda nunca el lugar y el prestigio que siempre ha tenido entre todos.

 

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