Entorno insensible y enojoso

mendicidadQué impresión nos produce ver a los pobres, todavía hoy, mendigar por las calles a estas alturas de la civilización, cuando hay tantos adelantos médicos y técnicos, y tantos auxilios y socorros a través de organizaciones de beneficencia o acogida amparadas por poderosas instituciones o fundaciones, o el mismísimo Estado, que se apunta algunas migajas para atender estos menesteres. ¿Hay mendigos de primera y de segunda? ¿Hay pedigüeños que sólo se ven en determinadas temporadas? ¿Por qué los que piden siguen siendo los desposeídos de este mundo y, además, son los ciegos, los cojos, los que no saben hablar, o sea, los seres “inferiores”? ¿Hay que considerar pobres a los que se han quedado sin trabajo, han sido desahuciados, los han abandonado sus familiares, los han engañado los poderosos sin corazón? Hace demasiado tiempo que estas preguntas nos martillean y acabamos pasando de tales cuestiones cuando nos molestan o nos insensibilizan y no sabemos cómo armonizar estos conflictos sociales que, además van en aumento, como otros conflictos derivados de las relaciones sociales que, por cierto, tampoco están dejando bien a nadie, ni a nadie se les acaba por resolver su situación porque se terminan las ofertas, lo cual suena a puro mercadeo, como pasaba con los esclavos.

A veces acallamos nuestra conciencia si alguien nos sale al paso con un letrero que dice “Soy español y sólo pido para comer”. Entonces sacamos algunas monedas que no sirven para nada (¡y lo sabemos!), y ya tenemos la sensación de poder mirar al “otro” y sonreírle con gesto bondadoso. Otro “más importante” habrá visto nuestra buena acción, tan ejemplar, porque no andamos sobrados de nada, o todo lo más lo que vamos es “ajustaditos” administrándonos la paga mensual. Acogiéndose a este último razonamiento, cada vez son más los que desean que sea el papá Estado el que limpie las calles de personas que piden. Si los que así piensan se creen que van a desaparecer los pobres y los pedigüeños, van apañados, porque ser así –menesteroso- también es una opción  de vida que muchos han elegido o se han visto obligados a cargar sobre sí mismos con consecuencias heredadas o sobrevenidas y con dignidades pisoteadas. Si esto sigue así, aunque sería deseable que cada vez sea menos trágico, no podemos ser indiferentes, no debemos mirar a otro lado, ni puede esto causarnos enojo. Nuestra ira será más bien por tanta corrupción consentida, que eso sí que son mentes podridas y carcomas malolientes.

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