El Romanticismo es un movimiento revolucionario

gericault_balsa_medusaPara empezar, confesaremos que no teníamos muy claro, aunque sea evidente, que el Romanticismo fuera un gran movimiento cultural revolucionario contrario al frío racionalismo de la Ilustración, pero que fue potente porque transformó la literatura, la música, la pintura, la política, la moda, las relaciones humanas y otras ramas de actividad y de pensamiento. Dos siglos después, sigue en la actualidad actuando utilizando los medios de cada momento, siendo los más afectados los que sirven para contar historias en donde se puede meter doctrina de “dudosa” intención, y especialmente utilizada en el cine, en los comics, en pinturas con mensajes descarados, etc.; lo malo es cuando, por su propio peso, se cuelan en las nuevas tecnologías y en la educación. Quizás la gente, dicho en plan masa, se haya quedado en la parte humana de las sensiblerías, de las cesiones, de los amores apasionados, de las cámaras cinematográficas que se meten dentro de las camas de los protagonistas para escarbar y hacer ver lo que suele estar tapado, pues sí, amigos, también es eso, que sepamos. El filósofo que apreciamos tanto y que nos alerta sobre la ola post romántica que nos está invadiendo no tiene más (ni menos) fin que recordarnos, actualizarnos los orígenes de estos movimientos culturales, entendidos como revolucionarios.
Confesaremos, creyendo que muchos más también lo entendieron así, que pensamos demasiado bondadosamente el Romanticismo como aquello que nos acerca a los humanos buscando comprensión y afecto para huir de vidas vividas con maltrato, con falta de amor y de comprensión, o con la búsqueda de subidones de alta tensión cuando la autoestima se pone bajo cero o bajo suelo. Ese romanticismo del que se nos avisa supuso en los momentos diversos en los que se abusó del concepto, viene a suponer una híper exaltación de los sentimientos hasta situarlos como único referente ético, estético, político y social; de modo que la verdad quedó así relegada a un segundo plano. Sentirse bien era lo más importante del mundo. En nuestro habitual lenguaje lo que uno “siente” prevalecerá siempre sobre lo que “uno es”. Esto, que parece de un humanismo exaltado, lo que viene a convertirse es en un materialismo para consumirlo a granel. Así que nos hemos quedado pensando que esto es así cuando vemos cuánto se desean y aman los animales o las cosas; los bienestares, los viajes, las aventuras, mucho más que las personas, las amistades, etc. Con esta exaltación de sentimientos desbordados lo primero que se pierde es el sentido del espíritu y, por tanto, del amor y la esperanza.

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