Educar es ayudar a crecer de forma integrada

aprenderNos encontramos ya de lleno en un nuevo curso escolar que para toda la sociedad, y no sólo para alumnos y familiares, es una mirada esperanzada, de reojo si se quiere, con lupa o con prismáticos, a ese futuro que nos vamos haciendo entre todos. Digámoslo así a ver si todo el mundo se entera de que está integrado en el proceso por pura naturaleza. En este planteamiento un tanto interactivo y, desde luego, participativo, observamos a nuestro alrededor un desarrollo excelente de la educación moderna que tiene claro que ha de integrar todas las dimensiones del ser humano: cognitiva, moral, emocional y social.

Que ninguna de estas dimensiones, en el proceso y en la edad, quede atrofiada o falta de maduración. Dado cómo está el patio de confuso en lo ideológico, lo político, incluso lo económico, sacamos a relucir este asunto tras haber leído un artículo de Trinidad Díaz, que colabora en un programa de educación sentimental en el Instituto Cultura y Sociedad. “Educar –nos dice- es ayudar a crecer, pero de forma integrada, atendiendo a la persona en toda su complejidad, en todas sus dimensiones”. El proceso pasa por un primer paso: la aceptación de las circunstancias que nos han sido dadas abriéndonos el espíritu al agradecimiento.

Mirando hacia atrás, nos recuerda Trinidad que fue Platón quien hablaba a sus alumnos de la Academia sobre la importancia de adquirir conocimientos en matemáticas, música, poesía…, pero también insistía en la necesidad de comprender la idea de bien común por encima del interés individual. Sócrates recriminaba a los primeros enseñantes (los sofistas) por tratar al alumno como un recipiente vacío sin considerar ningún cometido de naturaleza interior. En los últimos siglos, la excesiva racionalización, el cientifismo y el tecnicismo lo han ido vaciando de interioridades hasta dejarlo todo en mera transmisión de saberes especializados.

Así que hoy los jóvenes estudiantes están abocados a un sistema tecnificado donde el “otro” es un competidor y así nunca hay un beneficio mutuo. Este “camino de autoconocimiento” basado en la reflexión y el compartir de la complejidad de la situación personal propia, posibilitará un crecimiento integrador, unificador, donde la persona es sujeto activo de sus decisiones: “tú decides”. Y en esas decisiones se va configurando la identidad personal, lo que facilita el desarrollo cognitivo, volitivo, social, ético y emocional.

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