Castillos de fantasía donde reinamos

fantasiaEl premio Princesa de Asturias 2017 de las Letras, el filósofo y poeta polaco Adam Zagajewski, afirma que “Vivimos en un mundo desgarrado, donde los valores vitales básicos están hechos trizas”. No es fácil encontrar con ese panorama un mínimo de referentes admisibles y transmisores de entusiasmo para poder mirar al futuro y recrearse en el presente con cierto acomodo intelectual y sensible.

El filósofo y lingüista español Manuel Casado Velarde, comparte esa forma de definir este presente que nos ha tocado vivir, amparado en que se supone que hubo momentos en la historia en los que la cultura dominante ofrecía bases firmes sobre las que levantar la vida propia para sus adentros y la convivencia social. En las comparaciones siempre salen algunas personas o grupos o cosas mal parados. Pero siempre saldrán las causas y razones que antes motivaban y ahora no (incluso ni interesan ni influyen). En realidad estamos en el campo de las ideas, las razones y el poder de sugestionar con ellas, además de la altura de miras que éstas supongan y el atractivo de entregarse (o algo así) a las causas y a lo que en nuestro interior van a producirnos. Porque en el otro lado se encuentran las vidas ejemplares, los fanatismos y los ídolos (véase cada cual como cosa diferenciada, pero igualmente provocadora de impulsos).

Manuel Casado escribe que “nuestros ídolos son un buen termómetro de nuestra escala de valores”. A ese medidor se acoge la mercadotecnia para proponer estilos de vida (en la moda, en el deporte, en la música que nos hace vibrar, en el consumo en general) con los que engatusar al mayor número posible de personas que pasan a ser mercado de futuro para llevar adelante una industria que proporciona puestos de trabajo en todas sus cadenas y procesos de producción y comercialización. Pero, dejado de lado esto último, que es tan bueno y tan necesario, siguen preocupando las motivaciones humanas en un mundo que idolatra sin cesar a los transeúntes que pasan siempre por ahí, por la vida de cada día. Por dónde tiramos, al llegar al paso de peatones, ¿por la búsqueda de un mundo mejor para la humanidad que obliga a tener en cuenta a las personas, o por estar a la última a cualquier precio y crédito? No vamos a ser nosotros los que ganemos, no; los que firman contratos millonarios son los que más goles meten, los que más canciones colocan en las listas de éxitos, los que revientan motores de coches y de motos… A lo sumo, nosotros podemos costearnos castillos de fantasía donde reinamos, pues hemos de gobernar nuestras vidas.

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