Bloqueados por emociones negativas

enfadoA veces nos ha ocurrido que nos preguntan y no sabemos contestar; no es que no sepamos la respuesta sino que ésta se nos ha escapado como se escapan esas mariposas que se posan en nuestra cabeza instantáneamente sin darnos cuenta. Las hemos visto volar porque se han ido pasando por delante como si retorcieran sus cabezas inapreciables y se burlaran de nosotros. No es por nada, pero en esas circunstancias estamos metidos en un cabreo impresionante que cada cual sabrá describir a su manera.

En esos momentos creemos que nos pasa algo, así que nos tomamos la tensión, nos ponemos un termómetro, nos tragamos una aspirina o cualquier medicamento que nos es de utilidad. ¡Ah!, y esa hierba que nos aconsejaron recientemente. Si nuestra vida estaba destinada a ser maravillosa, ¿por qué nos pasan estas cosas, tan parecidas a tener una incontrolada reacción con amigos o compañeros, un inesperado enfado con el cónyuge, un altercado de antipatía con quien nos mira y creemos que se ríe de nosotros? ¿De dónde salen estas emociones negativas que han venido de pronto a fastidiarnos, frustrarnos y molestarnos con un malestar?

El doctor Terry Warner, profesor de filosofía ha reflexionado seriamente, ha escrito un libro y ha dicho que somos nosotros mismos quienes generamos nuestros propios problemas emocionales. Nos dejamos llevar por esas interferencias de tal manera que renunciamos a nuestro contento natural y parece que aparcamos, o nos retiramos de nuestro buen camino cuando ya lo tenemos trazado y experimentado tras diversas probaturas realizadas con nosotros mismos, con nuestro carácter y con nuestra psicología. Tropezar con estos agujeros negros es una bofetada que nos da el destino, porque él va por un sitio cuando nosotros ya hemos decidido caminar por otro y hacerlo con convencimiento tras diversos ensayos previos.

El razonamiento es que si somos nosotros los que producimos tales emociones negativas, hay que dar por hecho que detenerlas también es cosa nuestra. Que todo quede en casa, por supuesto, cuando tanto nos altera el carácter. Y aún hay que ir más lejos, puesto que habría que hacerse amigos de las ataduras (las circunstancias) que nos atenazan, convirtiéndolas en instrumentos que nos liberen. Pero para eso tenemos que mirarnos con honestidad y llegar al fondo hasta descubrir “las verdades fundamentales sobre las que debemos edificar nuestra vida”, con lo cual esto ya se pone más serio y trascendente. Una aconsejable terapia consiste en estudiar otras historias reales a las que les ha pasado lo mismo y han sabido salir del tonto agujero.

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