Azorín: “Los libros, razón y sentimiento”

fantasy-1152677_960_720Estamos celebrando en este 2017 el cincuentenario de la muerte de nuestro admirado escritor Azorín, que aconteció el 2 de marzo de 1967. Pero los azorinianos de siempre, los que andábamos atentos a tener razones para hacer actos en su honor, también hemos conmemorado muchas veces el día de su nacimiento, que vino a acontecer el 8 de junio de 1873.

Durante unos años preparábamos un concurso escolar en Monóvar sobre su figura y su obra. Se convocaba el 2 de marzo y se entregaban los premios el 8 de junio. Los azorinianos monoveros, aprendiendo del mismo paisano nuestro, nos cargábamos de ilusión y de cierta fantasía. Él nos había dejado escrito que “Si hay algo en la vida de subido valor, es la imaginación. La imaginación es la prenda más exquisita con que cuentan los humanos. (…) Hombre sin imaginación es hombre inerte”. (“El arte de leer”. La Prensa, Buenos Aires, 20-X-1935).

Este artículo fue recuperado por Francisco Fuster, editor de “Libros, buquinistas y bibliotecas”, un cúmulo de reflexiones de lujo al que, a nuestro entender, sólo le falta un verbo: leer, que, como dijo el autor en el título de su colaboración periodística, “es un arte”; y también podríamos decir que es un juego, porque en su texto le pregunta Azorín a sus lectores: “¿Cómo se debe de leer: en voz baja o en voz alta?”. Nos da su parecer, claro está:

“Se da mucho precio al modo de leer en voz alta. Se dice que la prueba de una página estriba en sufrir victoriosa la lectura en alta voz”. Pero Maestro, usted también dijo que “la voz modifica el texto”. “Hágase lo que se haga, con murmurio leve, o con enfática voz, una lectura en voz alta será siempre una declamación”. Eso lo experimentó usted cada vez que concluía una página, o recitaba algún verso suelto, o ponía énfasis en las afirmaciones de sus personajes de teatro, aunque también es cierto que defendía que el verdadero lector leerá siempre en voz baja. Porque la lectura nos trae sentimientos, ideas y reminiscencias de sensaciones. Y por esos pasillitos estrechos que pululan entre ceja y ceja, las palabras andan como locas queriendo retratar de la mejor manera posible lo que plasma en nuestro interior la imaginación, a veces desbocada, que se pone a combinar la aventura imposible con la realidad firme, rígida y dura. Ya lo dijo usted: “El mundo es una pura novela”. Y en otro artículo dijo también que “los libros reflejan esas creaciones de la razón y del sentimiento”. Y aconsejaba que “para leer con fruto se debe ir anotando lo que sentimos línea tras línea”. Es una vivencia muy personal e íntima de esperanza, de entusiasmo.

 

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