Apaciguando estrellas

isidro-vidalMuy querido Isidro Vidal que ya estás en las estrellas: una inoportuna indisposición me ha impedido ir a despedirme de ti como yo deseaba. Y así es imposible ir a ver a los amigos que sabes que te esperan con sus prisas, porque ya están diciendo que se van, que se van, como tú, y no te pueden esperar, pues aquello es definitivo. Te entra el espíritu de la ineptitud (ese vivir sin vivir en la incapacidad) que te deja bloqueado hasta que tienes que combatirlo (y no quiero decirte la fuerza y la rabia puesta para poder ganar la batalla a tan incongruente enemigo que ha aparecido por sorpresa y que te deja hecho polvo). Pero los hechos ya se han producido. A ti ya te han leído los responsos y ya te han sepultado. Ya te han dicho muchos que no era tan fácil superar esa edad, y tu decías que eras pacífico y paciente para cuando llegara el momento final. Los cuerpos se van al carajo, y allí se echan a perder; en cambio, los espíritus particulares continúan con su bonhomía en cuanto encuentran alguien con quien charlar de cosas bonitas. En tu caso, además, habrás pasado por el centro del cosmos para saludar a todas esas estrellas a quienes tú querías apacentar (normalmente, dar pasto), o sea enseñar, instruir. Que sepas que tus discípulos y colegas no te vamos a olvidar; no podemos: las lecciones que nos diste en tiempo tan largo quedaron bien aprendidas.
Nos producías mucha envidia cuando contabas alguna entrevista con Azorín, de modo especial el anecdótico entrar en su casa estando el visitante ya dentro y el escritor internacional tocando a la puerta. El maestro tenía esos detalles de delicadeza y educación (no aparecer en el salón de su propia casa sin pedir permiso al que ya le esperaba) y creemos –y el tiempo lo ha confirmado- que tu folletito “Por qué Azorín no vuelve a Monóvar” debía formar parte de la especial sensibilidad de Martínez Ruiz para no sentirse decepcionado, para que la realidad no le defraudara y para evitar el peligro de revivir viejas emociones. Tu vinculación con Monóvar es familiar y de contacto general, pues has sido conocido por todos, siempre comprometido con la cultura, organizando actos y concursos gastronómicos. Ahí empezaste a ser corresponsal. Y de Monóvar era Marita, tu esposa, y tus hijas Maritina e Inmaculada, tus actuales columnas de fuerza y de baluarte. Todos de Monóvar. Como tú mismo dijiste: “Todo cuanto está escrito con mi nombre respira Monóvar”. Lo percibimos con toda tu energía, con toda nuestra humildad. Continúa, Isidro, tu feliz paseo con las estrellas, y míranos y oriéntanos de vez en cuando para que no nos descaminemos.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *